Un 8 de Marzo volví a nacer – Solidaridad Intergeneracional
Si hoy estoy escribiendo esto, es gracias a todas esas mujeres que salieron a defender sus voces y las nuestras, que nos abrieron las puertas a las que vinimos después, y es que, conocer la historia, es lo que nos permite seguir luchando.
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Un 8 de Marzo volví a nacer

Un 8 de Marzo volví a nacer

Enero, once mujeres y una niña de tres años fueron asesinadas, en nuestro país.

Febrero, nueve mujeres fueron asesinadas.

A ocho de marzo, una mujer ya ha sido asesinada.

La violencia patriarcal es la verdadera pandemia a eliminar para alcanzar la igualdad.

 

Mi hermana y yo llegábamos a Madrid en 2014, aquí empezamos a adentrarnos en el movimiento feminista. Cuando volvíamos a nuestra casa, nuestra madre y nuestro padre se sorprendían de por qué, sin haber sentido un ápice de machismo en casa, nos estaba calando tan intensamente la lucha y la rabia.

La forma en la que nos cuidábamos había cambiado, juntas estábamos construyendo ese lugar emocional en el que poder compartir. Entendimos que el feminismo es la lucha de todas, no solamente de una. Es la lucha de las que estamos aquí y de las que están más lejos. El machismo, de una forma u otra, había estado siempre en nuestra casa y en nuestras vidas. Nos dábamos cuenta, con curiosidad y enfado, de cómo esto estaba tan dentro de nosotras como lo estaba en la sociedad.

Un ocho de marzo más, se convocan manifestaciones a lo largo y ancho del territorio, exigiendo ser libres. Queremos y lucharemos para que las desigualdades que nos aplastan por ser mujeres desaparezcan. Queremos la igualdad salarial, la protección del Estado, que no se nos victimice y algo muy simple, que no nos maten.

Este día se dice que es de todas, pero aún a estas alturas, en los medios, en la redes y en la mente de muchas personas, no es así.

¿Dónde quedan las mujeres rurales?

¿Dónde quedan las mujeres con discapacidad?

¿Dónde quedan las mayores?

¿Dónde las racializadas?

¿Dónde las trans?

Cuando estamos unidas y nos organizamos somos más fuertes.

Realmente lo que queremos, lo queremos todas; mayores y pequeñas, de pueblo y de ciudad, con y sin discapacidad, siendo feministas ya o sin serlo todavía, todas y todos.

Para formar parte de este movimiento, todas tenemos que tejer redes, contar, hablar, alzar la voz y ayudarnos; esto nos hará más libres.

Si hoy estoy escribiendo esto, es gracias a todas esas mujeres que salieron a defender sus voces y las nuestras, que nos abrieron las puertas a las que vinimos después, y es que, conocer la historia, es lo que nos permite seguir luchando.

Por las que fueron, somos. Por las que somos, serán.

Enero, once mujeres y una niña de tres años fueron asesinadas, en nuestro país.

Febrero, nueve mujeres fueron asesinadas.

A ocho de marzo, una mujer ya ha sido asesinada.

La violencia patriarcal es la verdadera pandemia a eliminar para alcanzar la igualdad.

 

Mi hermana y yo llegábamos a Madrid en 2014, aquí empezamos a adentrarnos en el movimiento feminista. Cuando volvíamos a nuestra casa, nuestra madre y nuestro padre se sorprendían de por qué, sin haber sentido un ápice de machismo en casa, nos estaba calando tan intensamente la lucha y la rabia.

La forma en la que nos cuidábamos había cambiado, juntas estábamos construyendo ese lugar emocional en el que poder compartir. Entendimos que el feminismo es la lucha de todas, no solamente de una. Es la lucha de las que estamos aquí y de las que están más lejos. El machismo, de una forma u otra, había estado siempre en nuestra casa y en nuestras vidas. Nos dábamos cuenta, con curiosidad y enfado, de cómo esto estaba tan dentro de nosotras como lo estaba en la sociedad.

Un ocho de marzo más, se convocan manifestaciones a lo largo y ancho del territorio, exigiendo ser libres. Queremos y lucharemos para que las desigualdades que nos aplastan por ser mujeres desaparezcan. Queremos la igualdad salarial, la protección del Estado, que no se nos victimice y algo muy simple, que no nos maten.

Este día se dice que es de todas, pero aún a estas alturas, en los medios, en la redes y en la mente de muchas personas, no es así.

¿Dónde quedan las mujeres rurales?

¿Dónde quedan las mujeres con discapacidad?

¿Dónde quedan las mayores?

¿Dónde las racializadas?

¿Dónde las trans?

Cuando estamos unidas y nos organizamos somos más fuertes.

Realmente lo que queremos, lo queremos todas; mayores y pequeñas, de pueblo y de ciudad, con y sin discapacidad, siendo feministas ya o sin serlo todavía, todas y todos.

Para formar parte de este movimiento, todas tenemos que tejer redes, contar, hablar, alzar la voz y ayudarnos; esto nos hará más libres.

Si hoy estoy escribiendo esto, es gracias a todas esas mujeres que salieron a defender sus voces y las nuestras, que nos abrieron las puertas a las que vinimos después, y es que, conocer la historia, es lo que nos permite seguir luchando.

Por las que fueron, somos. Por las que somos, serán.



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