VIVO SIN VIVIR EN MÍ – Solidaridad Intergeneracional
Continúa la crisis con la que despedimos 2020 y seguimos con la vida embargada. La incertidumbre que respiramos por la disponibilidad de las vacunas o la ansiedad que provoca saber que los virus están en permanente cambio creando nuevas cepas que pueden llegar a ser compatibles con las vacunas existentes
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VIVO SIN VIVIR EN MÍ

VIVO SIN VIVIR EN MÍ

Autora: Ana I. Esteban, presidenta de Solidaridad Intergeneracional

Continúa la crisis con la que despedimos 2020  y seguimos con la vida embargada. La incertidumbre que respiramos por la disponibilidad de las vacunas o la ansiedad que provoca saber que los virus están en permanente cambio creando nuevas cepas que pueden llegar a ser compatibles con las vacunas existentes, hechos estos que vivimos en minuto y resultado, generan un agotamiento tal que la hibernación, mientras dure esta guerra, es una opción deseable. Un letargo duradero del que despertemos, -sin envejecer, sanos y más delgados- cuando todo esto haya pasado,  es un sueño inalcanzable para los humanos, pero soñar es gratis.

Mientras esta pandemia persista, además de soñar tenemos que reforzarnos en nuestros valores, ideales individuales y sociales… buscar nuevas metas, aprender cada día algo, entretener el tiempo y tener un horizonte al que llegar y compartir. La solidaridad global entre países y generaciones es fundamental para acabar con el Sars-Cov2 en todas sus versiones.

Los seres humanos no estamos acostumbrados a la distancia física y social continuada, venimos de la tribu y nos creamos en ella, y aunque esta distancia nos proteja en parte del contagio de virus, bacterias, etc. nos aleja de nuestro ideario y trayectoria vital y social, ocasionando otros problemas no menores que afectan a nuestra existencia: psicológicos, sociales, familiares, económicos, de salud… y para enfrentarse a todo ello e intentar salir indemne, solo tenemos en nuestras manos la voluntad individual para respetar las indicaciones de las autoridades sanitarias, aunque ello sea un sin vivir.

Miles de vidas en España, especialmente de mujeres muy mayores que viven en residencias, se contagian con más facilidad y no superan esta enfermedad por las condiciones de cuidado que han permitido a lo largo de los años las autoridades autonómicas competentes –infraestructuras inadecuadas y poco personal socio-sanitario-. También afecta al resto de edades, siendo significativa la letalidad a partir de los 40 años y especialmente a partir de los 60 años.  Son grupo diana de esta enfermedad, los de más edad, las personas obesas y/o con diabetes, los fumadores, personas con enfermedades crónicas y sistema inmune débil… Y afecta más a las personas que tienen menos recursos para protegerse. Los ricos se aíslan en sus mansiones de campo y esperan a que la borrasca escampe. Así fue en la antigüedad y ahora que tenemos más conocimiento para protegernos, al menos en el medio rural podemos vivir sin tener que compartir espacios comunes, disfrutando de los espacios abiertos, sintiendo el frio en el rostro y el cambio de las estaciones, esperando que acabe pronto.

Exijamos a las autoridades europeas y de nuestro país la suspensión de las patentes de las vacunas para que estas puedan producirse a gran escala y lleguen a cada rincón del mundo cuanto antes, impidiendo así que el virus siga mutando y logre ser más virulento y letal.

Exijamos un sistema de cuidados público que garantice seguridad, calidad y calidez  en  la atención y cuidados y facilite seguir desarrollando el proyecto de vida individual, participando en la sociedad, viviendo en el hogar o en una vivienda comunitaria.

Necesitamos ya los abrazos sin mascarilla. Meter cada uno en su pecho el del otro, hasta besarse con los corazones, como dice J.L. Sampedro en su libro “La sonrisa etrusca”.



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