Los beneficios del descanso intermitente. – Solidaridad Intergeneracional
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Los beneficios del descanso intermitente.

Los beneficios del descanso intermitente.

Descansar cada dos horas reporta múltiples beneficios a nuestro organismo.

Olga Selma

El descanso intermitente es una tendencia de bienestar, como lo es el ayuno intermitente, que permite recuperar la energía del cuerpo entre los ciclos de actividad. En nuestra cultura siempre activa, practicar un descanso intermitente consistente en parar al final de cada ciclo natural de productividad, puede que no esté bien considerado, pero según los expertos esta técnica aporta múltiples beneficios a nuestro cuerpo y mente.

Según las investigaciones, el cuerpo humano trabaja con ritmos biológicos predecibles a lo largo del día. Como el ritmo circadiano, que regula las respuestas del cuerpo a la luz del día y la oscuridad, o los ritmos ultradianos con los que se produce la liberación de hormonas, el ritmo cardíaco, la ventilación pulmonar, o la termorregulación corporal.

20 minutos cada dos horas

Del mismo modo, según los investigadores, el cerebro puede concentrarse de forma óptima de 90 a 120 minutos, después de este tiempo, necesita un descanso ya que se produce una caída natural de energía de alrededor de 20 minutos, lo que indica que es un buen momento para parar.

La idea es que durante nuestras horas de vigilia el cuerpo necesita tomar descansos para recargar la energía, ya que trabajar sin descanso y tratar de ser productivo en un flujo continuo nos agota y no es realmente productivo.

Todos podemos percibir cambios regulares de energía y estado de ánimo a lo largo del día, y es por ello, que el descanso intermitente nos anima a seguir este ritmo natural y tomar un descanso de 15-20 minutos al final de cada ciclo, para permitir que la mente y el cuerpo se recalibren realizando una limpieza del organismo y una desconexión del estado de alerta constante.

La recomendación de esta técnica contempla el descanso, es decir parar de hacer lo que estamos haciendo. No se trata de ir acumulando siestas a lo largo del día, sino descansar. Y para ello, debemos tener en cuenta que descansar no siempre significa dormir. Sino que, al final de cada ciclo, podemos hacer un descanso de nuestra actividad física, del trabajo, del uso de la tecnología o cualquier otra cosa que nos mantenga concentrados.

Durante este breve descanso, nos dedicaremos a no hacer nada: divagar, regar las plantas, jugar con nuestra mascota, dar un paseo, meditar o simplemente sentarnos y prestar atención a la respiración. Cualquier cosa que permita a la mente una relajación.

Los beneficios vendrán solos: no solamente mejoraremos la digestión, sino que seremos más productivos y creativos, reduciremos los niveles de estrés y nuestro cuerpo estará mejor preparado para recuperarse de la adversidad.

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