El escritor Luis Landero regresa a la novela a sus 73 años con ‘Una historia ridícula’.

El escritor Luis Landero regresa a la novela a sus 73 años con ‘Una historia ridícula’.

El autor reconoce estar «saturado de la literatura» tras terminar esta obra.

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El escritor Luis Landero regresa a la novela a sus 73 años con Una historia ridícula (Tusquets), la sátira particular del autor pacense sobre un tipo de persona que «tiene noticias de la alta cultura» pero que, realmente, vive con «otra cultura de consumo rápido» como la que sale en programas de televisión.

«Lo cierto es que en esta vida he conocido a muchos ‘Marciales’ (nombre del protagonista), a los que la novia le dice que saben muchas cosas y podrían presentarse a concursos de televisión. Es esa cultura banal, superficial, la cáscara de la cultura: con datos dispersos y que sirven poco para profundizar en el mundo».

El autor extremeño ha explicado todo esto en una entrevista con Europa Press en la que, además, reconoció haber quedado «saturado de la literatura» tras terminar esta obra.

Landero ha definido a esta novela como «la historia de un resentido». «Marcial es esa persona a la que el nombre le viene muy grande, un poco enclenque y no especialmente inteligente. Los compañeros de colegio se burlaban de él y salió de la infancia con el paso cambiado y ahora tiene cuentas pendientes con el ser humano», ha resaltado.

La única manera posible de redención para el protagonista es el amor, y parece que lo va a encontrar gracias a la irrupción de Pepita, una joven estudiante de historia del arte que forma parte de una familia adinerada. Marcial tratará de acercarse a ella, pero «mezclando el odio con el amor».

Landero ha explicado que este personaje se le ocurrió hace muchos año escribiendo una historia sobre un hombre al que sólo le rechazaban a él como pretendiente. En cualquier caso, no cree que Marcial sea «tan distinto» al resto de la sociedad, «solo que unos esconden ciertos sentimientos y él los muestra».

«Es un personaje bastante cómico y me lo he pasado bien escribiendo la novela. Dice verdades porque los bufones eran los únicos que podían decir la verdad y él tiene su propia filosofía, que es la de decir sus cosas sobre el rencor y la envidia», ha destacado Landero, quien ha apostado por el humor en este trabajo.

«Pero es un humor que nace del desnivel: Marcial no tiene sentido del humor y eso lo hace más gracioso. Parte de ese tipo de gracia que genera el rostro de Buster Keaton, cuando está muy serio pero hace tonterías. O la broma de Tip y Coll con el número del vaso, contando cómo echar agua desde la jarra muy seriamente», ha indicado.

De hecho, el amor, que es el otro tema central del libro, también tiene un punto cómico «visto desde fuera, que es hasta ridículo». «Todo el cortejo y lo que se dice…distanciarse de los hechos es un arma estupenda para el novelista. Se ve con una suerte de lucidez», ha reconocido.

«Saturado de literatura»

Al igual que en otras novelas del autor, la infancia ocupa una parte importante de la trama, aunque aquí sea «desde el resentimiento». «Quizás nuestro carácter se forja en la infancia y salimos ya hechos: lo esencial está ahí y quizás la infancia es la época más feliz en general y la que más perdura en la memoria», ha afirmado.

Landero no renuncia a su quehacer diario de escritura, aunque comenta con humor que está «lejos» de la práctica que recomendaba Luis Buñuel de inventarse una historia cada día para «entrenar la imaginación».

Asimismo, cuenta con varios proyectos de nuevas novelas «en un estado todavía muy incipiente». «De momento, estoy saturado de literatura», ha concluido entre risas.