Así te va cambiar el cuerpo década a década – Solidaridad Intergeneracional
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Así te va cambiar el cuerpo década a década

Así te va cambiar el cuerpo década a década

La forma en la que envejecemos depende un 30% de la genética y un 70% de nuestros hábitos.

GEMA GARCÍA MARCOS

“Lo que no se usa, se pierde”, responde Tao Porchon-Lynch cuando le preguntan por esa pandemia global llamada sedentarismo. La yogui de 100 años (el 13 de agosto cumplirá 101), que cada día se levanta a las 5 am para apurar al máximo la jornada, es la prueba fehaciente de que nosotros tenemos la llave de la puerta hacia una vida mejor y más longeva.

“El ritmo en el que envejecemos lo determina en un 30% la genética y en un 70% nuestros hábitos de vida”, asevera María del Carmen Vericat, doctora del Servicio Medicina Interna del Hospital CIMA, en Barcelona. “Más allá de los cambios físicos evidentes a simple vista, el paso del tiempo va deteriorando los tejidos y órganos internos. Aunque al principio no se percibe, la pérdida es de aproximadamente un 10% por década. Este declive funcional o pérdida celular en algunos tejidos empieza en torno a los 20 años. Se produce un deterioro paulatino que no se manifiesta hasta que la pérdida de la función es muy elevada (el 80%)”, añade Vericat.

Mujeres y hombres no envejecen igual. “Entre los 20 y los 30 años, ellas experimentan la plenitud de su desarrollo sexual, las hormonas están elevadas y la fertilidad también. La probabilidad de quedarse embarazada en cada ciclo es de un 40%. Se encuentran pletóricas de energía, rendimiento y salud. El cuerpo se adapta al ritmo de vida y rinde perfectamente, siendo la masa muscular óptima”.

¿Y ellos? “Los andrógenos fortalecen el cuerpo y aumentan el crecimiento de los músculos y huesos. Ésta es una época de máximo deseo y disfrute sexual. Tienen más masa muscular y la mitad de grasa que las mujeres”, asegura esta especialista en medicina interna.

FOTOENVEJECIMIENTO

A los 20, pensamos que seremos eternamente jóvenes pero es, durante esos años de ilusa juventud -e inconsciencia-, cuando aparecen “los primeros signos de envejecimiento cutáneo en función de los cuidados de nuestra piel en la etapa inicial de nuestro desarrollo (desde el nacimiento hasta completar el desarrollo corporal)”, explica Cristina Villegas, jefa de Dermatología del Hospital Universitario La Moraleja (Madrid).

“Por eso -añade- es fundamental cuidar la fotoprotección y evitar siempre las quemaduras solares durante la infancia. Las personas que así lo hicieron y que mantienen un correcto cuidado facial y corporal -evitando la exposición solar incontrolada- envejecerán más tardíamente y mejor. También, reducirán la incidencia del cáncer de piel”, advierte.

Entre los 30 y los 40, ellos empiezan a experimentar “un mínimo descenso de la libido y fertilidad como consecuencia de la bajada de los niveles de testosterona”. También comienza a disminuir el tono muscular, lo que conlleva “un descenso del metabolismo basal de un 2% por década”. Para ellas, es la fase de máximo deseo sexual en la que se produce “una redistribución de la grasa, sobre todo en zonas pertrocantéreas (cartucheras), y cara interna de las rodillas”.

La llamada crisis de los 40 tiene cierta justificación. “En los varones, comienzan a ser visibles las primeras variaciones físicas y fisiológicas. Mientras que, en el caso de las féminas, disminuye la fertilidad, se inicia la redistribución de la grasa corporal hacia el abdomen y aparecen los primeros síntomas premenopáusicos”, relata la doctora Vericat.

Más que nunca, debemos vigilar la dieta y mantenernos activos físicamente (la OMS recomienda la realización de un mínimo de 150 minutos de ejercicio aeróbico semanal y dedicar dos días a hacer rutinas de fortalecimiento de grandes grupos musculares).

A esa edad, de pronto, ya no lo vemos tan claro. “La presbicia aparece alrededor de los 40 años. A medida que el ojo envejece, su cristalino se vuelve menos flexible, empeorando nuestra vista de cerca”, detalla Emilio Dorronzoro, jefe de Oftalmología del Hospital La Moraleja.

HURACÁN HORMONAL

De los 50 a los 60, se intensifica esa pérdida de fuelle y ganancia de kilos. La menopausia lo trastoca todo. “Llegan la apatía sexual, el insomnio, las alteraciones de memoria y los cambios de ánimo. También la flacidez, tanto facial y corporal, así como un menoscabo de un 30% de la masa ósea”. Puede darse, además, “una merma de la estatura y un aumento de la curvatura dorsal”.

Ellos tampoco se salvan de la tormenta hormonal. “Los cambios son más graduales. Hay una reducción del impulso sexual y la grasa se acumula en el abdomen”. A la pérdida de tono muscular y fuerza hay que sumar las de altura y masa ósea, “que llega hasta un 17%”, aclara María del Carmen Vericat.

Los cambios hormonales de esta etapa son capaces de alterar hasta “la calidad de las lágrimas producidas de manera natural en nuestros ojos, originando el conocido como ojo seco”, cuenta el oftalmólogo Emilio Dorronzoro.

¿Qué ocurre de los 60 a los 70? Pues, ya se sabe, el proceso sigue su curso de forma implacable. «El cerebro masculino envejece algo más rápido que el femenino», afirma Vericat y tienen lugar toda una serie de variaciones en la composición corporal. “Aumenta la masa grasa, principalmente aquélla que envuelve a las vísceras (riñones, hígado, etc.), a la vez que se reduce la muscular; baja el nivel de agua corporal total por lo que aumenta el riesgo de deshidratación y disminuye la masa ósea, incrementándose el riesgo de fracturas y de osteoporosis, especialmente en mujeres”.

De los 70 en adelante, se produce una disminución clara de las capacidades físicas: pérdida de fuerza, equilibrio, coordinación y resistencia. La sarcopenia (reducción de masa muscular) avanza. “Ellos suelen tener unos nueve kilos menos de músculos de los que tenían a los 40 y unos 3,4 kilos más de tejido graso y conjuntivo”. El Párkinson predomina como enfermedad neurodegenerativa en los varones mientras que el Alzheimer es la principal amenaza para las mujeres.

Hasta aquí el relato de los expertos. ¿Duro? Depende de cómo se maneje ese 70% que depende de nuestra forma de comer, movernos, descansar y controlar el estrés. “No hay nada que no puedas hacer”, suele decir también Tao Porchon-Lynch. Habrá que hacerle caso. Sabe de qué habla.

Han colaborado también en la información: David Curto, responsable de la dirección asistencial de Sanitas Mayores; Laura Petersen, doctora de Ginecología del Hospital La Moraleja y Lina Robles, nutricionista del Hospital La Zarzuela.

www.elmundo.es/vida-sana/cuerpo/2019/03/16/5c8b764121efa0fe398b466e.html



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