El ayuno intermitente podría frenar el envejecimiento.

El ayuno intermitente podría frenar el envejecimiento.

Cada vez hay más evidencias científicas que sugieren que el ayuno intermitente puede inducir cambios metabólicos que aumentan la longevidad y reducen la incidencia de enfermedades como el cáncer o la obesidad. ¿Se ha probado con éxito en animales? Sí. ¿Se ha demostrado su eficacia en personas? Todavía no, pero se está investigando intensamente.

María Sánchez-Monge

Hay una pregunta previa que todavía no tiene una respuesta clara: ¿estamos genéticamente programados para envejecer? O, dicho de otra forma, ¿con qué margen de maniobra contamos para frenar el envejecimiento? “Unos dicen que sí, que hay un tope y de ahí no vamos a pasar y otros creen que podemos llegar a vivir eternamente”, indica Salvador Macip, del FoodLab de los Estudios de Ciencias de Salud de la Universidad Abierta de Cataluña (UOC). “Yo estoy en un punto medio: creo que hay una parte que está determinada por los genes, pero podemos alargarla un poco más; no creo que haya un límite tan claro a partir del cual ya no hay manera de extender la vida”.

Macip y Marta Massip, investigadora del mismo laboratorio, están llevando a cabo un ensayo clínico con el objetivo de evaluar si se puede ralentizar el envejecimiento en mujeres posmenopáusicas mediante el ayuno intermitente.

El científico explica las bases sobre las que se sustenta esta investigación: “En el laboratorio se han descubierto y analizado muchas de las causas del envejecimiento desde el punto de vista molecular, genético y celular y, con este conocimiento, hemos conseguido manipular el envejecimiento de muchos animales, entre ellos ratones y monos. Logramos que vivan más y, sobre todo, mejor. La clave no es alargar la vida porque sí sino, sobre todo, mejorar la calidad de vida de los últimos años”.

Señales del envejecimiento

El siguiente reto es trasladar esa experiencia a los humanos, partiendo de un razonamiento simple: puesto que los mecanismos de envejecimiento son comunes en muchos seres vivos -incluso en los mamíferos- seguramente también lo serán en la especie humana. Para avanzar en esta senda hay que sortear un obstáculo importante: “No tenemos marcadores para saber si una estrategia mejora o no el envejecimiento”, expone Macip. Un ejemplo de marcador es la glucosa en sangre, que permite diagnosticar la diabetes y mejorar el control de la enfermedad. Pero el envejecimiento no se puede evaluar con herramientas tan esclarecedoras.

El laboratorio de la Universidad de Leicester (Reino Unido) en el que investiga Macip busca desde hace tiempo los posibles marcadores que reflejan el envejecimiento en animales. Se trata de proteínas que se pueden detectar en un simple análisis de sangre y se correlacionan con el envejecimiento de diferentes órganos y tejidos. Una parte del nuevo proyecto de investigación es validar esos marcadores en humanos.

Los investigadores someterán a un grupo de mujeres posmenopáusicas a una dieta de restricción calórica mediante ayuno intermitente y les realizarán análisis de sangre para medir sus marcadores de envejecimiento del corazón, los pulmones, el hígado y otros órganos. “La idea es utilizar los marcadores que hemos hallado en los estudios con animales aplicados a una intervención que pueda mejorar el envejecimiento en humanos”, describe el investigador. “La más fácil es el ayuno intermitente y hemos decidido llevarla a cabo en mujeres posmenopáusicas porque es un momento en el cual se inician una serie de mecanismos de envejecimiento bastante obvios. Es cuando empiezan a experimentar una pérdida de función de tejidos más acelerada”.

De forma paralela se realizará un estudio en ratones, a los que se someterá a una estrategia dietética equivalente y se les medirán los marcadores de envejecimiento. “La ventaja que proporcionan los ratones es que podemos extraer sus órganos y ver los cambios que se han producido en los tejidos”, apunta Macip. Si los cambios en esos tejidos se correlacionan con los marcadores y estos se aprecian de forma similar en las mujeres, los investigadores podrán determinar cómo está afectando el ayuno intermitente a los distintos órganos y tejidos humanos”.

Una estrategia ancestral frente a la escasez de alimentos

El ayuno intermitente -que consiste en dejar de comer durante un tiempo determinado, que no suele superar las 18 horas- es una forma de restringir las calorías ingeridas. “Lo ideal sería tener el mismo resultado sin dejar de comer”, reconoce el científico. Sería maravilloso contar con una pastilla que ejerciera el efecto de la restricción calórica sin necesidad de modificar la dieta. Pero esa posibilidad aún está muy lejos porque ni siquiera se conocen con exactitud los mecanismos moleculares que permiten que una disminución de las calorías ingeridas redunde en la ralentización del envejecimiento.

Lo que sí está más o menos claro es por qué existe esta estrategia. Lo cierto es que la restricción calórica funciona, incluso, en personas sanas y con peso normal. “No tiene nada que ver con la obesidad”, corrobora Macip. “Se trata de un mecanismo muy conservado en la evolución que se cree que apareció porque permite a animales que están pasando por un periodo de escasez de alimentos en su hábitat sobrevivir hasta el momento en que vuelva a haber comida”. Es un mecanismo ancestral “que seguramente apareció bastante pronto en la evolución porque lo comparten muchos animales, entre ellos los humanos”.

Conviene tener presente que lo que constituye una estrategia de supervivencia puede convertirse en un arma de doble filo. “El problema es que, si cruzas la barrera y llegas a un punto de desnutrición, cualquier ventaja que te pueda proporcionar la restricción calórica se pierde y empiezas a tener problemas”, advierte Macip. La clave está en encontrar el equilibrio.

Controversia sobre el ayuno intermitente

El ayuno intermitente está en boca de muchas personas en los últimos tiempos, sobre todo como estrategia para perder peso. Sin embargo, numerosos expertos en nutrición advierten sobre los riesgos de ponerlo en práctica. Macip les da la razón: “Todavía no se conoce su efecto en humanos; la gente lo está realizando sin tener ni idea de si funciona o no”.

Se ha visto que da buenos resultados en animales, pero de momento solo se puede decir que “es algo que podría funcionar” en humanos. “Puede ser que hagamos el estudio y veamos que no hace nada o puede ser que sí… Pero, por lo menos, tendremos una serie de marcadores que podemos usar para esa o para cualquier otra intervención que pensemos que puede contribuir a frenar el envejecimiento”.

El investigador se muestra tajante: “Ahora mismo, si alguien me pregunta, yo no recomendaría hacer restricción calórica hasta que conozcamos los efectos que tiene en el cuerpo humano”.

El factor psicológico, clave en las dietas

Hay otras formas de restringir las calorías que se ingieren. La elección del ayuno intermitente se debe a que, según se ha visto en diversos estudios, es más fácil de mantener en el tiempo. La clave está en el factor psicológico, tan importante para mantener un patrón de alimentación adecuado.

Desde el punto de vista psicológico, ayunar durante periodos concretos y comer de forma normal durante el resto del tiempo aporta una mayor motivación y es más sencillo de cumplir que restringir las calorías de forma continua.

https://cuidateplus.marca.com/alimentacion/nutricion/2021/01/20/ayuno-intermitente-frenar-envejecimiento-176425.html