Medir la edad según el tiempo que queda de vida, y no por el tiempo vivido

Medir la edad según el tiempo que queda de vida, y no por el tiempo vivido

Un estudio sugiere que se tengan en cuenta factores alternativos, como la salud y la capacidad, para definir si una persona es o no “vieja”

Un estudio del Instituto Internacional para Análisis de Sistemas Aplicados (IIASA) recomienda medir de otra manera el envejecimiento de la población, teniendo en cuenta la capacidad y la salud de las personas, y el tiempo que les queda de vida. De ese modo, no se consideraría de forma automática que una persona a los 65 ya es «vieja».

Aumentos rápidos en la esperanza de vida reflejan un proceso en el que la gente se vuelve más saludable, en general, más capaz, y de hecho más joven de muchas maneras, incluso si han vivido una vida más larga, según los expertos en población del Instituto Internacional para Análisis de Sistemas Aplicados (IIASA), sito en Viena (Austria).

Un aumento más rápido de la esperanza de vida no produce necesariamente un envejecimiento más rápido de la población, según el estudio, publicado en la revista PLoS ONE. Este hallazgo contraintuitivo fue el resultado de la aplicación de nuevas mediciones del envejecimiento desarrolladas en IIASA sobre las proyecciones de población futura para Europa hasta el año 2050.

«La edad puede medirse como el tiempo ya vivido o puede ajustarse teniendo en cuenta el tiempo de vida. Si usted no se considera que las personas sean viejas sólo porque han llegado a los 65 años, sino que tiene en cuenta el tiempo que les queda por vivir, entonces cuanto más rápido es el aumento de la esperanza de vida, menor es el envejecimiento que está sucediendo realmente», dice en la nota de prensa de IIASA el director adjunto del Programa sobre Población Mundial del Instituto, Sergei Scherbov, que dirigió el estudio en colaboración con el investigador de IIASA y de la Universidad Stony Brook (Nueva York) Warren Sanderson.

Las medidas tradicionales de edad simplemente clasifican a la gente como «vieja» a una edad determinada, a menudo los 65. Pero investigaciones anteriores de Scherbov, Sanderson y sus colegas han demostrado que la definición tradicional pone a muchas personas en la categoría de «viejas», que sin embargo tienen características de personas mucho más jóvenes.

«Lo que consideramos viejo ha cambiado con el tiempo, y tendrá que seguir cambiando en el futuro a medida que la gente viva vidas más largas y saludables», dice Scherbov. «Alguien que tiene 60 años hoy, yo diría que es de mediana edad. Hace 200 años, un hombre de 60 años de edad sería una persona muy vieja «.

Sanderson explica: «El comienzo de la vejez es importante porque se utiliza a menudo como un indicador del aumento de la discapacidad y la dependencia, y la disminución de la tasa de actividad. Ajustando lo que consideramos que es el comienzo de la vejez cuando estudiamos diferentes países y períodos de tiempo es crucial tanto para la comprensión científica del envejecimiento de la población como para la formulación de políticas coherentes con nuestra situación demográfica».

Estudio

En el nuevo estudio, los investigadores compararon la proporción de la población clasificada como «vieja» con la medida convencional que asume que la gente se vuelve «vieja» a los 65 años, con la proporción calculada con el nuevo sistema que ellos proponen, que incorpora los cambios en la esperanza de vida.

La investigación analizó tres escenarios futuros para el envejecimiento de la población en Europa, utilizando tres diferentes tasas de aumento de la esperanza de vida: desde la ausencia de incremento hasta un aumento de alrededor de 1,4 años por década, el nivel previsto por el Centro Wittgenstein (Austria). El estudio se financió con una subvención del Consejo Europeo de Investigación.

Más productivos

Otro estudio del IIASA, de 2014, señala varios aspectos positivos del envejecimiento de la población. Los investigadores decidieron utilizar a Alemania como un caso de estudio porque el país está en una etapa avanzada de la transición demográfica, con una tasa de fertilidad actual de alrededor de 1,4 y la segunda población más vieja del mundo en promedio (44,3 años).

Entre otros beneficios -incluido el ya mencionado de la salud-, destaca el aumento de la productividad: Aunque el envejecimiento de la población probablemente conducirá a una disminución de la fuerza de trabajo, los aumentos previstos en los niveles de educación de los trabajadores pueden compensar en parte este descenso a través de una mayor productividad.

Si bien el estudio se centró en Alemania, los investigadores dicen que los hallazgos son aplicables a otras muchas sociedades envejecidas.

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