Los largos días de las mayores que viven solas: “Me levanto y tengo miedo, ¿por qué estoy así?”.

Los largos días de las mayores que viven solas: “Me levanto y tengo miedo, ¿por qué estoy así?”.

“La soledad es una de las grandes pandemias del siglo XXI y se agravará en el futuro en una sociedad cada vez más envejecida”.

Víctor Honorato

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Casi todas las mañanas, al despertar en su pequeño piso del barrio madrileño de Chamberí, Concha Lucas, de 91 años, experimenta una angustia difusa. “Me levanto y siento que me enfrento con otro día más. Tengo miedo, me pongo nerviosa. Me hago una tila y me pregunto: ¿Por qué estoy así?” Concha sabe que no pasa nada, que su casa está en orden, que su hijo, que vive en una residencia para discapacitados, está cuidado. Pero la perspectiva de otra jornada a solas consigo misma, con sus pensamientos, con sus recuerdos, la atenaza. Concha vive sola, como solos viven cada vez más mayores en España, donde casi uno de cada cinco habitantes, el 20%, tiene más de 65 años. En 2050 la tasa llegará al 30%, según las últimas proyecciones del INE, que calcula que el porcentaje de hogares unipersonales alcanzará un porcentaje similar en 2037.

Vivir solo, o sola, en el caso de los tres testimonios de mujeres mayores que han participado en este reportaje, no es sinónimo automático de soledad; se trata de una sensación subjetiva, que ni siquiera es exclusiva de los mayores: un estudio del Ayuntamiento de Madrid de 2020 señalaba que la sensación afecta sin diferencias significativas a todos los tramos de edad, aunque es sensiblemente mayor entre las mujeres. Pero con los años, la sensación de aislamiento se ve acrecentada por los problemas de salud o de movilidad, o la desaparición o debilitamiento de las redes familiares. Los programas de ONG como Solidarios para el Desarrollo o Grandes Amigos, en los que voluntarios se brindan a acompañar durante unas horas a personas que buscan ayuda, suponen un respiro en la monotonía de los días iguales, unas horas de conversación cercana que atenúan el aislamiento.

Concha Lucas, 91 años: “La soledad es la peor enfermedad”

En un pequeño piso del barrio de Chamberí nos recibe Concepción Lucas. No hay bullicio en el bloque, que da a un solar donde la vegetación crece aún, una pequeña burbuja en el frenesí inmobiliario. En la estancia principal, estanterías llenas de viejas cintas de vídeo VHS y, tras una cortina, una remalladora que costó 300.000 pesetas hace décadas, según explica con orgullo gremial. “48 años cosiendo”, resume Lucas, menuda, delgada, que lleva hoy los labios pintados de rojo y dice sentirse un poco “marciana” por tener que estar siempre cerca de la máquina de oxígeno, que zumba sin descanso.

La vida de Concha no fue fácil. Su familia tuvo que escapar a Portugal durante los primeros compases de la Guerra Civil y el padre murió de tuberculosis cuando era niña. Luego la primera juventud, un breve matrimonio en Santander, seguido de la emigración a Nueva York, una segunda relación, muy accidentada, con un hombre al que rehúsa nombrar y una larga batalla internacional por la custodia del hijo. Circunstancias que dejan patente que Concha nunca fue alguien pusilánime, sino una “insurrecta” que no consintió el maltrato conyugal ni el laboral, plantando cara a jefes que no pagaban.

Con este historial vital de firmeza ante las adversidades, a Concha le cuesta explicarse por qué se le hacen tan largos los días. La psicóloga telefónica le sugiere que quizás ande algo obsesionada, que ha sido tan fuerte en la vida que ahora sus resistencias ceden. “Llorar es una defensa. De tanto que he pasado, creo que los nervios los tengo enfermos”, deduce. Hace tres años que no sale apenas de casa, más que para algún paseo. Le escaman las visitas no esperadas, como la del falso empleado del gas que quiso estafarla (no se dejó).

“La soledad es la peor enfermedad”, dice Concha, que recibe a su hijo una vez a la semana, cuando lo traen de la residencia, y cuenta las horas hasta el próximo encuentro. Señala orgullosa un rompecabezas que completó hace años, pegado en la pared, con los bordes ya gastados. Todas las semanas recibe la visita de una trabajadora municipal que le ayuda con tareas domésticas, pero el tiempo se le hace corto. Los encuentros con voluntarios de la asociación Solidarios por el Desarrollo alivian la desazón. En la charla con los periodistas está presente Luis, que lleva varios meses visitándola periódicamente y le habla con dulzura. A la hora de la despedida, es elocuente: “Yo quisiera estar con vosotros hablando hasta las cinco de la mañana”. Cuando la puerta se cierre, aún conserva la sonrisa.

María Redondo, 81 años: “Al día siguiente sabes que va a ser igual”

“No me saques triste”, dice María Redondo, posando para las fotos en la ventana de su piso del barrio de Usera, junto a la ventana, al lado de un pequeño árbol de navidad de tela. María trabajó “día y noche” desde que se separó, a finales de los 80 del siglo pasado. A los pocos años, cuando sus hijas se fueron de casa, María estaba ya técnicamente sola, pero se mantuvo activa. Se metió en una asociación de separados, en otra de castizos. “Estamos enfadados con el alcalde, [en San Isidro] no nos dejó ponernos en la Plaza de la Paja”, critica. En varios momentos durante la conversación parece recuperar una energía casi juvenil, como cuando habla de las reuniones de la agrupación de la capa española a la que pertenece. Va al dormitorio, abre el armario, saca varios modelos, presume de los cortes. Le sigue gustando tejer, pero el cuerpo ya no está igual. Tres hernias, una estenosis lumbar, y hace tres años, un ictus. Luego, el COVID. “Ahí fue cuando me tumbó. Estuve tres meses sin salir a la calle. El gusto aún no lo tengo y el cansancio no se me quita”, explica.

La soledad de María es una soledad por imperativo físico. Nació en el Paseo de Extremadura y trabajó “desde los 12 años hasta los 75” en una sastrería de la calle Mayor con otras siete mujeres. Hoy el cuerpo no le alcanza. Ya no puede ir como voluntaria al hospital para animar a pacientes de cáncer, una actividad en la que se embarcó al cumplir los 70. “Me cuesta mucho andar; tengo una cadera operada, y la otra está pendiente”, detalla. Así que su vida social se ha visto reducida a la mínima expresión. “Te quedas sola. Desayunas, comes, cenas y te acuestas sola, y al día siguiente sabes que va a ser igual”, lamenta. Y, en esa parálisis, surge la sensación odiosa. “La soledad la hay de muchas formas. A veces parece que estás contenta y…” se detiene. La religión es un consuelo ocasional. Practicante es “a la mitad” y a misa va “cuando quiere”. “Hago un esfuerzo, ese día que voy es uno que ya no estoy sola”, explica.

“Menos mal que viene María”, suspira, en alusión a la voluntaria de Solidarios que la visita un par de veces por semana desde hace unos siete meses. Es una hora y media que le sirve para desahogarse de ese “levantarse todos los días y siempre pensar en lo mismo”, en el pasado, en los errores, en los problemas familiares. La asociación lleva este año 98 acompañamientos presenciales y 45 telefónicos, con más de 80 mayores en lista de espera.

Ayuda también Princesa, su gata, con la que se lleva muy bien, pero a veces la atosiga. “Me echo colonia para que no me lama”, bromea. Despedirse de ella es de lo que más teme cuando se vaya a una residencia de mayores. Ya lo tiene decidido. “Dentro de un año o algo así”, calcula, anticipando la zozobra de “meter en una maleta 82 años de vida”.

Teresa Salinas, 81 años: “No aguanto las tardes los sábados”

Teresa tenía tres meses cuando llegó con sus padres al piso de Delicias donde aún vive. La ciudad es otra, las relaciones vecinales también. En su planta había ocho puertas con ocho familias que hablaban, se trataban. Su infancia coincidió con los tiempos de la cartilla de racionamiento en la panadería, del aceite de estraperlo. El gato de uno se colaba por las viviendas de los otros, y cuando faltaban huevos o sal era natural ir a pedir al de al lado. “Ahora no los conoces”, lamenta.

Por la calle, echa de menos comercios como los de antes. “No encuentro anillas para los cajones, porque no hay ferretería. Lo que sí hay son farmacias, que son muy lucrativas”, cuenta Teresa, a la que la casa se le hace grande, que tiene una enfermedad neurológica que va empeorando, que cada vez la limita más. No ayuda la inflación: el andador que tiene, básico, le costó 90 euros hace unos años. Ahora quiere sustituirlo y no encuentra otro equivalente por menos de 140. “Las baldosas de las calles están irregulares; como llueva, te bañas”, lamenta. Los seis escalones en el portal del edificio los tiene “muy contados”, porque escalarlos es muy trabajoso, pero toca subirlos y bajarlos para ir a alguno de los médicos “del chorro” que la atienden por sus diversos males.

Todo conspira, le da la impresión a Teresa, para recluirla. También su humor. Aunque tiene un hermano menor que vive en el norte de Madrid, con hijos y nietos, a veces rechaza ir a las celebraciones familiares por no resultar una carga. Su hermana falleció por ELA hace 22 años, pero las punzadas de la soledad no las había notado hasta recientemente, cuando su propio cuerpo ha empezado a dar señales de agotamiento. “Mientras me pude valer, no me hice cargo”, explica. Teresa disfrutaba de su independencia. Hoy es distinto: “Una tarde de sábado o domingo se me hace larga, no los aguanto”, admite. Ya no va a la parroquia, sus amigas tampoco. “Es que están como yo”, lamenta.

Los pensamientos de Teresa se vuelven a veces extremadamente lúgubres, y es en esos momentos cuando más agradece la compañía de Mónica Montoya, voluntaria de la ONG Grandes Amigos, que la acompaña en la visita de los periodistas en una tarde entre semana. “Congeniamos muy bien. Yo era alegre, y cuando me junto con alguien así, todavía me sale”, explica. Teresa abre un álbum de fotos, muestra imágenes de viajes con su hermana, hace ya tres décadas. En Bélgica, en Grecia. Ríe y se alegra de reír, porque igual que estar sola la angustia, las visitas la ponen nerviosa, una circunstancia por la que se disculpa reiteradamente. Así que ver aparecer a Mónica le causa regocijo, porque el tiempo pasa volando, porque la soledad de repente se esfuma, al menos durante unas horas: “Viene un amigo y esa tarde ya no existe”.



El método Kominsky (2018-2021)
Sandy Kominsky (Michael Douglas) es un actor que tuvo un éxito pasajero y que ahora trabaja como profesor de interpretación. Junto a Norman Newlander (Alan Arkin), su representante y amigo de toda la vida, Sandy afronta los cambios que acompañan al paso del tiempo. La serie combina comedia y drama para abordar temas como la amistad, el duelo, las relaciones personales y el envejecimiento.

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EE. UU.
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Comedia dramática
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3 Temporadas
Solo asesinatos en el edificio (2021–presente)
Charles-Haden Savage (Steve Martin), un actor conocido por una antigua serie policíaca; Oliver Putnam (Martin Short), un director teatral; y Mabel Mora (Selena Gomez), una joven que vive temporalmente en el edificio mientras reforma el apartamento de su tía, comparten su afición por las investigaciones policiales. Cuando un vecino aparece muerto en circunstancias sospechosas, deciden investigar lo ocurrido y documentar el caso en su propio pódcast. A medida que resuelven nuevos casos, desarrollan una estrecha amistad y demuestran el valor de la colaboración entre generaciones.

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EE. UU.
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Comedia / misterio
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5 Temporadas
Un hombre infiltrado (2024-presente)
Charles Nieuwendyk (Ted Danson) es un profesor universitario jubilado que acepta colaborar con una investigadora privada, infiltrándose como residente en un centro para personas mayores con el objetivo de esclarecer la desaparición de un valioso collar de rubíes. Mientras lleva a cabo la investigación, se integra en la vida cotidiana del centro, conoce a otros residentes y afronta el duelo por la pérdida de su esposa. La serie combina comedia y misterio mostrando una visión cercana de la vida en una residencia.

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EE. UU.
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Comedia
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2 Temporadas
Last Tango in Halifax (2012–2020)
Alan Buttershaw (Derek Jacobi) y Celia Dawson (Anne Reid) fueron pareja durante su juventud y, tras más de sesenta años sin verse, vuelven a ponerse en contacto. Al comprobar que el afecto entre ambos permanece, deciden iniciar una nueva relación, una decisión que también transforma la vida de sus hijos y nietos. La serie explora el amor en la madurez, las relaciones familiares y las oportunidades que pueden surgir en cualquier momento de la vida.

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Reino Unido
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Comedia dramática
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5 Temporadas
Hacks (2021-2026)
Deborah Vance (Jean Smart) es una veterana monologuista de Las Vegas que necesita renovar su espectáculo para mantener el éxito de su carrera. Para ello comienza a trabajar con Ava Daniels (Hannah Einbinder), una joven guionista que atraviesa un momento profesional complicado. A pesar de sus diferencias personales y generacionales, ambas desarrollan una colaboración que evoluciona con el tiempo mientras afrontan nuevos retos profesionales y personales.

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EE. UU.
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Comedia dramática
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5 Temporadas
Grace and Frankie (2015-2022)
Grace Hanson (Jane Fonda) y Frankie Bergstein (Lily Tomlin) tienen personalidades opuestas y apenas mantienen relación hasta que sus maridos les anuncian que están enamorados el uno del otro y que quieren divorciarse para comenzar una vida juntos. A partir de ese momento, ambas inician una convivencia inesperada que dará lugar a una sólida amistad. La serie sigue cómo afrontan esta nueva etapa mientras se adaptan a los cambios personales, familiares y emocionales que acompañan a la madurez.

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EE. UU.
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Comedia
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7 Temporadas
Arrugas (2011)
Emilio, un antiguo ejecutivo bancario, ingresa en una residencia de mayores tras comenzar a manifestar los primeros síntomas de Alzheimer. Allí conoce a Miguel, un residente ingenioso y de carácter despreocupado, con quien entabla una estrecha amistad. Cuando la enfermedad de Emilio avanza, Miguel y otros residentes intentan ayudarle para evitar que sea trasladado a la planta destinada a las personas con mayor necesidad de cuidados. A través de su convivencia, la película retrata la amistad, los cuidados y la vida cotidiana en una residencia desde una mirada cercana y humana.
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Ignacio Ferreras
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Drama

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España
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89 min
El exótico Hotel Marigold (2011)
El exótico Hotel Marigold cuenta la historia de un grupo de jubilados británicos que viajan a la India para comenzar una nueva etapa de su vida en lo que creen que será un hotel recién renovado. Al llegar a Bangalore, descubren que la realidad no es exactamente la que esperaban y las diferencias culturales pronto les plantean diversas dificultades. Sin embargo, poco a poco, el Hotel Marigold y su entorno acaban transformándose en un lugar que les ofrece nuevas experiencias y formas de entender la vida.
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John Madden
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Comedia dramática

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Reino Unido
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124 min
Elsa y Fred (2005)
Elsa (China Zorrilla) es una mujer mayor, optimista y llena de vitalidad, que disfruta de la vida y persigue sus sueños. Cuando conoce a Fred (Manuel Alexandre), un viudo recién instalado en el mismo edificio, comienza una relación marcada por sus diferencias de carácter y forma de entender la vida. A medida que pasan tiempo juntos, ambos descubren nuevas maneras de afrontar la vejez, superar el pasado y disfrutar del presente. La película aborda temas como el amor en la madurez, la ilusión y la importancia de aprovechar cada etapa de la vida.
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Marcos Carnevale
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Comedia dramática / romance

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Argentina / España
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108 min
Gran Torino (2008)
Walt Kowalski (Clint Eastwood), un veterano de la guerra de Corea y trabajador jubilado de la industria del automóvil, acaba de enviudar y vive solo en un barrio de Detroit en plena transformación. Es un hombre solitario, de carácter duro y con dificultades para aceptar los cambios sociales y culturales de su entorno. Su vida da un giro cuando su joven vecino intenta robar su coche, un Gran Torino de 1972. A partir de este encuentro surge una relación inesperada que cambiará su forma de entender a las personas que lo rodean.
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Clint Eastwood
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Drama

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EE.UU.
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116 min
Paseando a Miss Daisy (1989)
Daisy Werthan (Jessica Tandy), una viuda de 72 años, pierde parte de su independencia tras sufrir un pequeño accidente con el coche. Aunque al principio rechaza la idea de dejar de conducir, su hijo decide contratar a Hoke Colburn (Morgan Freeman) como chófer. La relación entre ambos comienza con cierta desconfianza, pero, con el paso de los años, desarrollan una profunda amistad marcada por el respeto mutuo, el apoyo y los cambios que ambos afrontan a lo largo de sus vidas. La película retrata el envejecimiento, la autonomía y las relaciones humanas en el contexto del sur de Estados Unidos durante varias décadas.
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Bruce Beresford
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Drama / comedia

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EE.UU.
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99 min
UP (2009)

Carl Fredricksen, un hombre de 78 años, decide emprender el viaje que había planeado durante toda su vida junto a su esposa fallecida. Para ello, hace volar su casa gracias a miles de globos de helio y parte hacia América del Sur. Sin embargo, su plan se complica cuando descubre que viaja acompañado por Russell, un joven explorador que aparece inesperadamente en su aventura. Juntos emprenden un viaje que los lleva a atravesar distintos obstáculos y situaciones inesperadas.

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Pete Docter y Bob Peterson
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Animación / aventura

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EE.UU.
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96 min
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