¿La dieta mediterránea tiene cabida en el siglo XXI? – Solidaridad Intergeneracional
Uno de los principales debates del mundo de la nutrición es aquel que engloba a la dieta mediterránea, y lo cierto es que no existe una definición clara del concepto por lo que se presta a múltiples interpretaciones.
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¿La dieta mediterránea tiene cabida en el siglo XXI?

¿La dieta mediterránea tiene cabida en el siglo XXI?

Fuente: La dieta mediterránea según los expertos (rtve.es)

Cuántas veces has oído a tu abuela decir que la dieta mediterránea es la mejor? Pero, ¿sabe realmente lo que supone? Y, ¿lo sabes tú?

Uno de los principales debates del mundo de la nutrición es aquel que engloba a la dieta mediterránea, y lo cierto es que no existe una definición clara del concepto por lo que se presta a múltiples interpretaciones.

Esto último puede derivar en un mal uso del término, no solo a nivel textual, sino a nivel alimentario. Por ello, en el portal de cocina de RTVE, hemos decidido dedicar un tiempo al estudio de la “dieta mediterránea”.

¡Vamos con un poco de historia! 

Antes de empezar a debatir sobre los riesgos o beneficios que supone la famosa “dieta mediterránea”, así como dotar al término de una definición lo más objetiva posible, es interesante situar el concepto en la historia, descubrir su origen, pues en cierta medida somos lo que en cada momento vivimos. El nutricionista y biólogo Juan Revenga, profesor de la Universidad de San Jorge de Zaragoza y autor del blog “El nutricionista de la General”, nos descubre el origen del concepto a través del Estudio de los Siete Países.

Para llevar a cabo este último, el fisiólogo estadounidense Ancel Keys tomó como muestra a 7 países de la cuenca mediterránea (Italia, Grecia, antigua Yugoslavia, Holanda, Finlandia, Japón y EE. UU.) y llevó a cabo un estudio continuado de los diferentes estilos de vida incluyendo como factor clave la alimentación. Lo que descubrió es que estos países tenían mejor salud, y todo era por un factor: la dieta.

A raíz de los resultados del análisis, realizado a mediados del siglo XX, nace el concepto “dieta mediterránea”.

Pero… ¿qué es realmente? 

No existe una definición clara del concepto, quizá porque nadie se atreve a hacerlo o, por lo contrario, se pretende que cada uno lo interprete a su manera… En cualquier caso, vamos a intentar entenderlo desde un punto de vista más profesional, y para ello nos apoyamos en figuras como los nutricionistas Juan Revenga, la dietista y nutricionista Paloma Quintana o Aitor Sánchez, dietista-nutricionista de centro nutricional Aleris. Estos coinciden en un factor y es que cuando hablamos de dieta, hablamos de un estilo de vida, un patrón que gira alrededor de alimentos vegetales y grasas saludables. 

¿Qué alimentos la componen?

Según Aitor Sánchez, los protagonistas de este modelo serían la fruta, la verdura, las legumbres, el aceite de oliva o los frutos secos principalmente. Muy en la línea, Juan Revenga coincide con Sánchez en cuanto a la presencia de alimentos vegetales y de temporada.

Más allá de los alimentos, y redundando en el término “estilo de vida”, podríamos ir mucho más allá, y como diría Paloma Quintana, tomarlo como una filosofía (o por lo menos lo fue en algún momento), es decir, no solo lo que eliges para comer, sino cómo lo consumes, por ejemplo: “la comida de los domingos en familia”. Estaríamos hablando de llevar a cabo un estilo de vida calmado, aunque el término ha cambiado mucho… pero en un principio sí era así.

¿Tiene cabida en el siglo XXI? 

Citando a Juan Revenga, “la dieta mediterránea no se escoge te escoge, depende de las circunstancias. No se elige. Está asociada a un momento histórico. Podemos escoger matices concretos”. Es decir, el término no tendría cábida como tal en nuestra época. Para entenderlo podriamos hacer un paralelismo con la transición política: ese momento de la historia de un país en el que se pasa de regímenes autoritarios a democracias establecidas, pues en la transición nutricional ocurre igual.

Pero entonces, ¿actualmente podríamos llevar a cabo una dieta mediterránea? Sí, pero tendríamos que decir adiós a muchas cosas que no vamos a renunciar ahora (calefacción y otras modernidades). Según Revenga podemos hacer una especie de “maquillaje mediterráneo”, es decir, incluir cosas de temporada siempre, hacer la compra en el mercado, cocinar más… 

Beneficios

Según la Autoridad Europa Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA), y como nos explicaba Juan Revenga, “no se puede decir que la dieta mediterránea sea un concepto al que se le pueda trasladar beneficios para la salud por dos cosas: no es un elemento que esté plenamente definido, cada uno puede interpretarlo a su forma”. Y, además, “incluye vino”, que es una bebida alcohólica.

Sin embargo, si obviamos estos elementos y nos centramos principalmente en el patrón dónde se pueda apreciar una dominación de abundante consumo de frutas, verduras y hortalizas, sí sería beneficiosa. Y es que, como argumenta Aitor Sánchez, de lo que se sabe y hay más abundancia científica, y “para lo que es más recomendable la dieta mediterránea es para prevenir el riesgo cardiovascular u otras enfermedades no transmisibles también asociadas al riesgo cardiovascular (hipertensión, diabetes tipos 2) o para prevenir diferentes tipos de cáncer y por supuesto también para enfermedades neurodegenerativas por el protector que pueden presentar las grasas saludables”. De todo esto es lo que a día de hoy más está estudiado del patrón dietético Mediterráneo.

Riesgos 

Si en algo coinciden de forma plena los nutricionistas Aitor Sánchez, Juan Revenga y Paloma Quintana, es que el principal riesgo es: entender mal el término o “caer en la trampa”. Es decir, nos venden productos de un claro perfil insano como producto saludable y nos lo creemos… Ese es el mayor el riesgo de la dieta mediterránea. Esto deriva en ejecutarlo de una manera errónea. Como diría Revenga… “Lo mediterráneo vende, vende mucho…” 

Un claro ejemplo son las bebidas alcohólicas, el pan u otros productos procesados en exceso, es decir, alimentos no tan interesantes que se han querido unir como esenciales dentro de la dieta mediterránea“, como nos cuenta Aitor Sánchez.

Otro de los riesgos de la dieta mediterránea, como argumenta Paloma Quintana, es “asociar a que llevo una dieta saludable porque consumo pan o legumbres (que entran dentro de ese supuesto patrón alimentario mediterráneo), pero luego no incluyo otro tipo de alimentos como frutas, hortalizas, verduras… “. Lo que está claro es que hay que comer variado y saludable y, como diría Quintana, “en cada comida y cena incluir como base verduras y hortalizas”.



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