Envejecimiento y Medio Rural – Solidaridad Intergeneracional
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Envejecimiento y Medio Rural

Envejecimiento y Medio Rural

Envejecer es nuestra mejor opción vital. Al igual que otros seres vivos, nacemos, crecemos y envejecemos. Envejecer en el mundo rural, no es comparable al medio urbano, al igual que no es comparable envejecer en España, o en América Latina, o envejecer en el Siglo XIX o XXI.

El proceso de envejecer es individual y diferente en cada persona y cometeríamos un enorme error si pretendemos homogeneizar esta etapa de la vida. La cultura, la época histórica vivida y el sexo si son parámetros que condicionan el estilo de vida y por tanto el envejecimiento personal.

España cuenta en 2008 con 7.633.807 de personas que superan los 65 años y representan el 16,57% de la población. La sociedad española considera que a la vejez se entra a partir de los 70 años, y sobre todo depende del deterioro de la salud, siendo la edad un factor secundario .Lo mismo piensan los más de 10 millones de personas que habitan en municipios inferiores a 10.000 habitantes.

El envejecimiento del medio rural, es una cuestión reciente, y se debe fundamentalmente a varios factores: la emigración del campo a la ciudad que se produce en España a partir de la década de los años 50; el incremento en el último Siglo de 35 años de esperanza media de vida y el descenso de la natalidad debido fundamentalmente a la planificación familiar.

El medio rural que cuenta con más de 6.000 municipios inferiores a 2.000 habitantes, ha visto como en los últimos 50 años ha cambiado su misión, pasando de ser los únicos proveedores de alimentos para la sociedad a ser productores de materias primas a precios competitivos en los mercados internacionales, lo que ha generado el abandono masivo de la población agraria que residía en este medio.

La actividad agraria, fundamentalmente se ha considerado masculina, y por ello la mujer ha estado relegada a la realización de actividades relacionadas con la recolección, y trabajos no mecanizados y menos valorizados. El papel social de la mujer rural a lo largo del Siglo XX ha ido transformándose, pero hemos de destacar que las mujeres rurales han sido las primeras en emigrar a la ciudad por falta de expectativas económicas, profesionales y personales. Este movimiento migratorio no ha cesado aún y las pirámides de población de los municipios rurales reflejan el desequilibrio existente entre hombres y mujeres en todas las edades.

Según los censos de 2001, en municipios inferiores a 10.000 habitantes residen 1.165.675 mujeres mayores de 65 años, frente a 932.828 hombres. En el tramo de edad entre 16-64 años viven 2.928.181 mujeres, frente a 3.183.151. Estos datos reflejan claramente varias problemáticas: la masculización del medio rural en edades anteriores a la vejez; feminización de la vejez rural motivada por la mayor esperanza de vida para las mujeres 83 años, frente a los 77 de los varones; el inferior número de mujeres entre 16-64 años está provocando una sobrecarga de trabajo para las que se quedan, en muchas ocasiones no remunerado, ni reconocido socialmente. Estas mujeres desarrollan el trabajo doméstico, la atención a las personas mayores o personas enfermas, además del resto de actividades profesionales o familiares que le correspondan.

Con la entrada en vigor de la Ley de Promoción de la Autonomía Personal y Atención a las Personas en situación de Dependencia, se esta observando que las mujeres rurales optan por la prestación de los cuidados en el entorno o familiares. Para muchas mujeres rurales, ésta es la única opción de incorporarse al mercado laboral, con contrato y cotización a la seguridad social; con obligaciones, pero también con derechos.

LAS VENTAJAS DE VIVIR EN EL MEDIO RURAL

Es cierto que el medio rural español, está envejecido, sufre de dispersión y de despoblación, pero también es cierto que envejecer en el medio rural, cuando allí has vivido siempre, tiene ventajas importantes que hemos de destacar.

La ruptura que se produce en el medio urbano al llegar a la edad de jubilación para los trabajadores/as nada tiene que ver con el medio rural. Muchos de las personas mayores que residen en municipios rurales, han sido agricultores y/o ganaderos y no han dejado de serlo. Han aminorado su actividad de forma progresiva, en función de sus necesidades y su estado de salud. Pero no han roto con la actividad productiva, con su organización del tiempo, sus relaciones sociales y familiares. Las mujeres y hombres mayores del medio rural actual, mayoritariamente cuentan con una sola pensión que no llega a los 700 Euros/mes para 2 personas, pero muchos de ellos disponen de un pequeño huerto que además de permitirles realizar una actividad física entretenida, les aporta alimentos de calidad por ellos cultivados o producidos, suponiendo un pequeño ahorro económico y una gran ilusión y sentido de utilidad que les hace más felices.

La mayoría de os pueblos de España no disponen aún de acceso rápido a internet, ni centros de acceso público y gratuito a las tecnologías de la información y la comunicación, y hemos de exigir un esfuerzo mayor de las Administraciones competentes para que sea una realidad cuanto antes, ya que muchos familiares de las personas mayores del medio rural, residen en ciudades alejadas de su lugar de origen y estas tecnologías harán posible una mejor comunicación, evitando el aislamiento y la soledad.

Siendo cierto lo anterior, no lo es menos, que las relaciones sociales, vecinales en las poblaciones rurales son más frecuentes y gratificantes que en los municipios de gran tamaño, aportando esta circunstancia, mayor sensación de seguridad y de solidaridad entre la población rural.

El envejecimiento rural requiere de mayor inversión pública, porque bien sabemos que la dependencia se relaciona con la edad y el género. La población mayor rural, no desea abandonar el entorno donde ha vivido, donde están sus recuerdos; no desea abandonar a sus paisanos, ni su forma de vivir. Las personas mayores del medio rural, no pueden seguir discriminadas por razones de edad o lugar de residencia. Tenemos derechos que vamos a seguir exigiendo su cumplimiento, entre ellos el derecho a la sanidad, la educación a lo largo del ciclo vital, derecho a unos ingresos mínimos y ahora también el derecho a ser atendido y cuidado si nos encontramos en situación de dependencia en el entorno rural que nos ha visto vivir.



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