Día de la Mujer: ¿Hay más igualdad tras el histórico 8 de marzo de 2018?.

Día de la Mujer: ¿Hay más igualdad tras el histórico 8 de marzo de 2018?.

Un año después, hay leves mejorías junto a desigualdades eternas. Pero algo sí ha cambiado: las mujeres (y sus hombres aliados) ya no se callan.

2024. El Mundo

Rafael J Álvarez/María Hernández

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El 8 de Marzo es un estado de ánimo. Un paisaje emocional que marcó un antes y un después en la sociedad española en 2018. Una vez digeridas las imágenes de la histórica manifestación en ciudades como Madrid, Barcelona o Bilbao y coincidiendo con las celebraciones y reivindicaciones de este año, EL MUNDO hace un balance del impacto de aquella jornada en algunos de los aspectos más relevantes. ¿Qué ha cambiado? ¿Cuánto? ¿Ha cambiado algo realmente?

PERMISOS DE PATERNIDAD

En 2018 se produjo un hecho inédito que, en principio, suena bien: hubo más permisos de paternidad (255.531) que de maternidad (252.706). Casi 3.000 más.

En comparación con el año anterior, el número de ambos permisos bajó, pero lo hizo menos el de los padres (un 3,44%) que el de las madres (un 5,86%). Es decir, aunque se solicitaron menos permisos en general porque, entre otras cosas, hubo menos natalidad, los hombres no sólo frenaron menos esa tendencia, sino que llegaron a pedir más periodos de baja que las mujeres. Además, aunque las excedencias por cuidado familiar siguen siendo una medida abrumadoramente femenina (90%), en 2018 subió el porcentaje de varones que solicitó ese permiso. Si en 2017 fueron 5.199 hombres (un 9,4%), en 2018 llegaron a ser 6.021 (un 10,3%). O sea, en 2018 hubo más permisos de paternidad que de maternidad y creció el porcentaje de excedencias masculinas para cuidar familiares.

¿Por qué? Las mujeres pidieron menos permisos porque hay más paradas que parados. Y si están desempleadas, no pueden pedir la baja.

Sin embargo, no es una novedad que el paro femenino sea mayor que el masculino. Ocurre hace mucho tiempo. En cambio, es la primera vez que el permiso de paternidad supera al de maternidad, lo que podría indicar mayor corresponsabilidad.

Así, con los pros y los contras, podríamos estar ante un ligero aumento de la concienciación igualitaria, corresponsabilizadora y feminista. ¿Un efecto del histórico 8-M de 2018?

UN PACTO EN PAÑALES

En septiembre de 2017, todos los Grupos Parlamentarios excepto el abstencionista Podemos -que consideró el texto insuficiente- aprobaron el Pacto de Estado contra la Violencia de Género. Es decir, 292 medidas de índole financiera, educativa, sanitaria, preventiva o social para aliviar la situación de las víctimas y sus hijos y avanzar en la futura erradicación de la lacra. El año 2018 ha demostrado que aprobar algo no significa cumplirlo. Un año y medio después, casi el 80% de las medidas sigue sin implantarse.

En el último Consejo de Ministros antes de las vacaciones de verano, el Gobierno de Sánchez aprobó la posibilidad de que una mujer pueda ser reconocida y ayudada como víctima con un informe de los servicios sociales, una fórmula diseñada ante la realidad de las supervivientes que no se atreven a denunciar y, por tanto, quedan sin amparo.

También se modificó el Código Civil para que los hijos de víctimas de violencia de género puedan recibir ayuda psicológica únicamente con el consentimiento materno. Todo, el fondo y la forma, fue torpedeado desde la oposición política e ideológica, pese a que estaba en el Pacto de Estado. Un mes antes del 8-M de 2018, Ángeles Carmona, presidenta del Observatorio contra la Violencia Doméstica y de Género del CGPJ, anunció que su departamento contabilizaría los crímenes machistas fuera de la pareja. La estadística aún no se ha cerrado, pero se supone que el próximo cálculo incluirá casos como el de Laura Luelmo. Y también lo hará la Delegación de Gobierno contra la Violencia de Género.

CRÍMENES Y PROTECCIÓN

Se tiende a medir la violencia de género en función de los casos mortales. Aun siendo lo más brutal, el crimen es estadísticamente ínfimo en relación al total del maltrato machista. Por eso, una variación mensual de dos casos o anual de 10 arriba o abajo empuja a hablar de «escalada» o de «mejoría». Enero de 2019 fue el peor de la historia: seis asesinatos. En el año 2017 hubo 51 crímenes de género; en 2018, 47.

La evolución de la lucha contra la violencia de género se analiza mejor con cifras más altas. Por ejemplo, las de las denuncias. Aún no existe el primer trimestre de 2019, por lo que no se puede comparar al de 2018. Así que, comparemos trimestres iguales: el tercero de 2017 con el tercero de 2018. Entre julio y septiembre de 2017 se presentaron 42.571 denuncias, se concedieron 7.714 órdenes de protección de las 11.187 incoadas y fueron condenatorias el 70% de las sentencias. El ratio entre medidas de protección y mujeres víctimas de violencia de género fue del 24%. Entre julio y septiembre de 2018, se presentaron 43.560 denuncias, se concedieron 8.137 órdenes de protección de las 10.827 incoadas y fueron condenatorias el 72% de las sentencias. El ratio entre medidas de protección y mujeres víctimas de violencia de género fue del 25%. Es decir, más denuncias, más órdenes de protección, más condenas y más ratio.

MÁS DENUNCIAS, MÁS CONDENAS

El Observatorio contra la Violencia Doméstica y de Género, publicado este viernes, recoge un aumento de un 3,1 por ciento en las condenas por violencia de género en los órganos judiciales, con un máximo histórico anual del 70,45 por ciento y un incremento tanto de las órdenes de protección solicitadas como de las órdenes de protección concedidas, según informa Europa Press.

El documento constata además una subida del 0,4 por ciento en el número de denuncias presentadas y el incremento de un 0,2 por ciento en el número de mujeres víctimas de violencia de género en el global de las denuncias presentadas.

EL ABUSO SEXUAL SERÁ AGRESIÓN

Si aquella condena a La Manada por «abuso» en lugar de por «agresión» se hubiera conocido un mes antes en vez de un mes después, el 8-M del año pasado habría sido aún más combativo. Dio igual. La sentencia de abril de 2018 inauguró un debate jurídico y popular tan técnico como necesario. ¿Fue abuso o agresión?

Más que el número de años de cárcel que supone un delito o el otro, lo relevante es el concepto. Abusar o agredir. Una cosa es más leve y la otra más grave. En mayo, el terminal Gobierno de Rajoy convocó a un grupo de expertos para sondear un posible cambio de los delitos sexuales en el Código Penal. Meses después, el naciente Gobierno de Sánchez activó las reuniones de una comisión de juristas.

El grupo propuso que toda relación sexual será delictiva si no hay consentimiento y que desaparezca del Código Penal el concepto de «abuso». A partir de ahora, si las urnas no lo impiden, todo lo que era «abuso» será «agresión». Mientras, La Manada sigue en libertad provisional.

MENOS PARO

Por encima de eslóganes de campañas y prometedoras iniciativas, las cifras en España todavía no recogen cambios significativos a nivel económico. La mejora del mercado laboral en general ha repercutido también en las mujeres, cuya tasa de desempleo se ha reducido mientras que la de ocupación ha aumentado. En concreto, la tasa de paro femenina ha bajado un 11,1% en el último año, si bien ellas representan más de la mitad de la población parada de nuestro país (52,36%).

En cuanto a la ocupación, ellas suponen el 45,54% del total, nueve puntos por debajo de la tasa masculina, aunque el número de ocupadas creció un 2,9% desde el último 8-M. La tasa de actividad femenina -53,1%- sigue siendo inferior a la masculina -64,5%-. Una brecha de más de 10 puntos que se traduce en 1,6 millones de mujeres menos incorporadas al mercado laboral. Además, las condiciones de las mujeres siguen siendo más precarias que las de sus compañeros masculinos debido a una mayor temporalidad y parcialidad en sus contratos.

‘SUELO PEGAJOSO’

Muchas mujeres en edad de trabajar son inactivas porque son ellas quienes, en mayor proporción, se ocupan de las tareas no remuneradas como el trabajo doméstico o el cuidado de los hijos y de las cargas familiares.

Según datos de la OIT de mediados de 2018, las mujeres realizan en España el 68% de todo el trabajo de cuidados no remunerado. Ellas dedican de media 4,3 horas diarias a este tipo de tareas, frente a las 2,1 horas de los hombres. Es lo que se denomina el suelo pegajoso, en contraste con el famoso techo de cristal, es decir, el límite por la cúspide.

Tampoco a nivel directivo las cosas han mejorado significativamente. España tiene hoy un 23,74% de mujeres en los consejos de las grandes compañías, apenas unas décimas por encima del 23,66% del año anterior, según el informe Mujeres en los consejos de las empresas cotizadas presentado recientemente por el IESE y Atrevia.

BRECHA SALARIAL

Tanto el suelo pegajoso como el techo de cristal contribuyen en gran medida a una de las brechas laborales más reconocibles: la brecha salarial, que tampoco se ha reducido en estos últimos 12 meses. Si se compara el salario medio mensual de mujeres y hombres en España, ellos cobran de media un 23% más que ellas o, de otra manera, las mujeres cobran casi 6.000 euros menos que los hombres a lo largo de un año, de acuerdo con el informe Reducir la brecha salarial, la prioridad elaborado por UGT con motivo del Día por la Igualdad Salarial del 22 de febrero.

Como respuesta a este y a otros desequilibrios laborales, el Gobierno ha aprobado un real decreto que incluye, entre otras medidas, la obligación de que las empresas a partir de 50 trabajadores elaboren planes de igualdad y una auditoría salarial de empleados y empleadas.

DEPORTE

Hace un año, los mayores hándicaps del deporte femenino eran dos: su menor visibilidad y el trato desigual de las mujeres deportistas respecto a los hombres deportistas. 12 meses después, los retos siguen siendo los mismos y, a grandes rasgos, casi nada ha cambiado.

Lo reitera Pilar Calvo, secretaria general de la Asociación para Mujeres en el Deporte Profesional (AMDP), que sólo reconoce un «mínimo avance en la visibilización». Apunta también a la falta de voluntad política para reducir la discriminación en el ámbito deportivo. No en vano, la reforma de la Ley del Deporte sigue estancada, pese al anteproyecto presentado por el Ejecutivo de Pedro Sánchez y las televisiones públicas apenas dedican un 5% de su programación deportiva a las modalidades femeninas. La falta de visibilidad y de referentes desincentiva a las niñas, mientras que los patrocinadores aparecen menos y con menos apoyo económico. Además, los premios -si existen- son más bajos para ellas.

No obstante, 2018 fue un año plagado de éxitos para las deportistas españolas. En bádminton, Carolina Marín ganó el oro en el Campeonato de Europa y se proclamó campeona del mundo por tercera vez; en halterofilia, Lydia Valentín consiguió su segundo título mundial en arrancada y el cuarto europeo. En kárate, Sandra Sánchez se coronó campeona del mundo; en motociclismo, Ana Carrasco ganó el campeonato del mundo en categoría Supersport 300. La selección española de baloncesto se colgó el bronce en el Mundial, mientras que la selección sub 17 de fútbol ganó el Mundial de su categoría.

EDUCACIÓN

El Pacto de Estado en materia de Violencia de Género se planteaba implantar de forma obligatoria la «educación afectivo-sexual» y prevención del machismo y de las conductas violentas, cuestiones que no están recogidas en la ley educativa actualmente en vigor, la Lomce del PP. La llamada ley Celaá, sí adopta un enfoque de igualdad de género, aunque no llega a contemplar una asignatura específica de Educación Sexual, que muchos expertos consideran necesaria como antídoto a la pornografía que consumen los adolescentes en internet.

Tampoco se ha cambiado el currículo para introducir en los manuales escolares de Historia el origen, desarrollo y logros del Movimiento Feminista, ni hay noticias sobre el estudio que había encargado el Ministerio de Educación sobre el contenido de los libros de texto. Algunas comunidades autónomas, por su parte, han promovido en los colegios e institutos talleres y actividades formativas para la prevención de la violencia sexual, pero algunas de ellas han sido muy polémicas y han recibido muchas críticas, como el programa Skolae en Navarra.