Deterioro cognitivo leve: más del 65% de los mayores de 60 años tiene olvidos con frecuencia.

Deterioro cognitivo leve: más del 65% de los mayores de 60 años tiene olvidos con frecuencia.

Son episodios normales, pero los expertos apuntan a que se podría hablar de síntomas asociados al deterioro cognitivo leve cuando el declive está por encima de lo habitual para la edad.

Nieves Salinas

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Los despistes y olvidos en las pequeñas cosas del día a día, como no saber dónde están algunos objetos, están presentes en más del 65% de los mayores de 60 años, aunque la mayoría no les da importancia ya que consideran que es algo normal asociado a su edad. Son episodios normales que se dan, con mayor frecuencia, a medida que nos vamos haciendo mayores, pero los expertos apuntan a que se podría hablar de síntomas más asociados con el deterioro cognitivo leve (DCL) cuando el declive está por encima de lo que se considera habitual para la edad y el nivel educativo de una persona.

Es una de las conclusiones recogidas en el ‘Estudio Sociológico de Memoria en mayores de 60 años en España, desarrollado por Nutricia -división de nutrición especializada de la empresa Danone-, que ha contado con la participación de más de 400 personas entre 60 y 75 años de distintas zonas de España, para conocer su comportamiento respecto a los problemas de memoria y su grado de conocimiento con respecto al deterioro cognitivo leve.

Ese deterioro se manifiesta con síntomas como: no recordar las fechas con facilidad, presentar menor destreza en las pequeñas tareas cotidianas, olvidar los nombres de personas o cosas conocidas, perder el hilo de las conversaciones o los pensamientos experimentar cambios de comportamiento (se intensifica una sensación de apatía o desgana, los individuos se notan desorientados y hay pérdida de habilidades sociales,…), entre otros.

Problemas de memoria

Según el doctor Guillermo García-Ribas, neurólogo del Hospital Ramón y Cajal de Madrid, esos olvidos o despistes son frecuentes en la población y la gran mayoría corresponden a lo que se denominan quejas subjetivas cognitivas (QSC). Sin embargo, algunas personas presentan problemas de memoria de suficiente entidad como para que sean detectados durante la evaluación médica.

Entre un tercio y la mitad de las personas con ese deterioro cognitivo leve tendrán una dependencia funcional

Estas alteraciones de memoria, u otros procesos cognitivos, persistentes con una evaluación objetiva que muestra alteración es lo que se denomina deterioro cognitivo leve. Es importante, añade el neurólogo, porque entre un tercio y la mitad de las personas con ese deterioro leve tendrán una dependencia funcional (necesidad de supervisión y ayuda) en los siguientes 5-7 años.

Diferencia con la demencia

La diferencia principal entre el deterioro cognitivo leve y la demencia está en el rendimiento ya que, en el primero, no hay deterioro funcional y, si lo hay, es mínimo y no impide la realización de actividades cotidianas; mientras que, en el segundo, el deterioro funcional es evidente y afecta a la capacidad de desarrollar con normalidad e independencia las actividades de la vida diaria.

El deterioro cognitivo leve puede llegar a evolucionar en demencia con los años, por lo que el diagnóstico precoz y los tratamientos para ralentizar su avance resultan clave, subrayan los especialistas. El mismo estudio determina que los mayores de 60 años, y especialmente aquellos de más de 75, encuentran en su entorno más cercano, la familia (63%) y la pareja (56%), los pilares con quienes comentar sus olvidos.

Fuera de su entorno, es el profesional sanitario (48%) la figura de referencia. En concreto, la Atención Primaria es la puerta de entrada a los fallos de memoria: el 42% se lo comentarían a su médico de cabecera, seguido del neurólogo, con quien hablaría un 15% de los encuestados.

Ir al médico

Sin embargo, esos primeros síntomas cognitivos suelen quedarse dentro del ámbito familiar y los pacientes no suelen acudir a un profesional sanitario para que pueda sugerir un tratamiento. «Ante una queja de memoria tenemos que tratar, en primer lugar, de confirmarla, tanto con el paciente como con su entorno, y objetivarla mediante un test cognitivo breve. Con esta información podemos dar unas pautas de prevención a los pacientes, y si sospechamos, hacer la derivación al neurólogo que completará el diagnóstico», señala el doctor Enrique Arrieta, médico miembro del grupo de salud mental de Neurología de la Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria (SEMERGEN).

Los ejercicios de memoria (80%) y la vida activa y ejercicio físico (63%) son las medidas más conocidas para frenar la evolución de estos olvidos

La doctora Amparo Bonilla, farmacéutica coordinadora del grupo de abordaje y tratamiento de salud mental de la la Sociedad Española de Farmacia Clínica, Familiar y Comunitaria (SEFAC), indica que «los mayores de 60 suelen ser pacientes crónicos que acuden a la farmacia comunitaria todos los meses a por su medicación y confían en el farmacéutico para consultar sus dudas o problemas de salud». Sin embargo, tan sólo un 4% ven al farmacéutico como una figura con quien abordar esos olvidos.

Según el estudio, los ejercicios de memoria (80%) y la vida activa y ejercicio físico (63%) son las medidas más conocidas para frenar la evolución de estos olvidos. El 37% de los encuestados ven la alimentación como una vía para frenar su evolución y el 26% tienen en cuenta la suplementación nutricional, concluye el trabajo en el que los expertos exponen que reconocer el deterioro cognitivo leve de forma precoz es clave. En algunos casos, concluyen, se puede tratar para que progrese más lentamente y permitirá incluir medidas preventivas y terapéuticas.



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