12 Mar Cómo prevenir la demencia a través de 56 recomendaciones.
Un panel de expertos ingleses llama la atención a las autoridades sanitarias para que se revise la manera de abordar la prevención de la demencia y da las claves para lograrlo.
2026. La Razón
Belén Tobalina
No se están haciendo las cosas bien en la lucha contra la demencia. Así lo refleja un panel de expertos ingleses que ha emitido la llamada de atención más fuerte hasta el momento para que las autoridades revisen la manera de abordar la prevención de la demencia, señalando evidencia vital de que el riesgo de demencia se puede reducir y proporcionando un marco para el desarrollo de una nueva política gubernamental que podría mejorar la salud cerebral de millones de personas.
El Consenso de Nottingham, publicado en la revista “Nature Reviews Neurology”, compuesto por 40 expertos fue liderado por investigadores de la Unidad de Investigación de Políticas en Demencia y Neurodegeneración del Instituto Nacional de Salud (NIHR) de la Universidad Queen Mary de Londres (DeNPRU-QM).
Formula 56 recomendaciones destinadas a convertir décadas de investigación en políticas concretas.
Las recomendaciones abarcan cuatro áreas políticas: reformar los mensajes públicos para mejorar la concienciación sobre la salud cerebral y el riesgo de demencia entre el público; identificar y tratar los factores de riesgo individuales de demencia, como la pérdida auditiva y la presión arterial alta; abordar los factores estructurales importantes que influyen en la salud cerebral y que están fuera del control del individuo (como la privación socioeconómica y la contaminación del aire), y destinar la financiación de la investigación a abordar las lagunas en nuestra comprensión sobre la mejor manera de reducir el riesgo de demencia.
En todas las recomendaciones, el panel enfatizó la importancia de abordar las desigualdades en salud para garantizar que todas las personas tengan las mismas posibilidades de vivir hasta una edad avanzada con un cerebro sano. Esto implica crear políticas que consideren cómo las decisiones individuales interactúan con las condiciones sociales, económicas y ambientales para influir en la salud cerebral a lo largo de la vida.
En cuanto a las medidas que pueden realizar los ciudadanos para reducir el riesgo de demencia, el documento identificó tres áreas prioritarias para la acción individual, donde la evidencia es particularmente sólida: la pérdida auditiva, el aislamiento social y la hipertensión arterial. Sin embargo, también advirtieron que sin apoyo estructural -como servicios auditivos asequibles, infraestructura social accesible y un control eficaz de la presión arterial-, estas intervenciones no llegarán a las personas que más las necesitan.
Y es que es importante adoptar hábitos saludables. Así, el documento recuerda que modificar estos factores de riesgo puede ayudar a reducir la probabilidad de desarrollar demencia. Así, cabe recordar que el informe de la Comisión Lancet de 2024 destaca que hasta un 45% de los casos de demencia podrían prevenirse o al menos retrasarse mediante 14 cambios en el estilo de vida y la adopción de hábitos saludables.
“La hoja de ruta no es principalmente una lista de “consejos para la ciudadanía”. La mayoría de las 56 medidas se centran en acciones a nivel de sistema y de políticas diseñadas para facilitar, hacer más accesibles y equitativas las opciones más saludables para toda la población”, explica a A TU SALUD La Dra. Harriet Demnitz-King, autora principal e investigadora postdoctoral en la Universidad Queen Mary de Londres.
“A nivel individual -prosigue, lo importante es encontrar maneras de mantenerse física y mentalmente activo que se disfruten y que se puedan mantener de forma realista a lo largo del tiempo; nunca es demasiado pronto ni demasiado tarde para empezar”.
En este sentido, además de realizar ejercicio de forma regular, es importante obligarnos a fomentar la interacción social porque reducir el aislamiento social participando en actividades comunitarias, mantener relaciones sociales y fomentar la conexión con otras personas resulta crucial para reducir el riesgo de demencia.
“Al mismo tiempo, es esencial concienciar sobre la demencia a los responsables políticos para que las opciones de vida más saludables que puedan reducir el riesgo de padecerla no dependan de los recursos o las circunstancias individuales, sino que se respalden mediante entornos y políticas que faciliten la reducción del riesgo para todos”, añade a LA RAZÓN.
«Sabemos que el riesgo de demencia se puede reducir, pero la evidencia aún no se ha traducido en una estrategia gubernamental coherente. Las personas necesitan una orientación clara y basada en la evidencia para proteger su salud cerebral, pero la información que reciben puede ser confusa o hacerles sentir culpables. Lo que necesitamos ahora es una acción coordinada y estructural para desarrollar políticas de prevención de la demencia que sean equitativas, realistas y basadas en la vida real de las personas», afirma Harriet en un comunicado de la revista.
«La demencia es actualmente la principal causa de muerte en el Reino Unido, por lo que necesitamos urgentemente un plan de salud pública claro para mejorar esta situación”, afirma el autor principal, Charles Marshall, profesor de Neurología Clínica en la Universidad Queen Mary de Londres.
En España, según informó en 2024 la Sociedad Española de Neurología (SEN), las demencias ya suponen el 8% del total de defunciones que se producen cada año en nuestro país.
Marshall espera que “este consenso conduzca a una mejor comunicación pública sobre la demencia, un mejor reconocimiento y tratamiento de otras afecciones que aumentan el riesgo de padecerla, una estrategia sobre enfoques estructurales para mejorar la salud cerebral y una investigación que aborde las lagunas en nuestro conocimiento sobre la mejor manera de lograr todo esto. Implementar nuestras recomendaciones garantizará que el mayor número posible de personas viva hasta una edad avanzada sin demencia».
Y urge, porque se prevé que los casos de demencia se tripliquen para 2050, pero la conciencia pública sobre la posibilidad de reducir el riesgo de padecerla sigue siendo sorprendentemente baja.
