Carlos Martínez Alonso, científico: “Lograremos ser inmortales”

Carlos Martínez Alonso, científico: “Lograremos ser inmortales”

No morir jamás es aún un sueño, pero la ciencia ya no lo ve como una quimera. Los avances de la medicina y la biotecnología prometen como mínimo una vida mucho más larga. Este destacado inmunólogo, nos cuenta cómo sería el porvenir.

GORKA LEJARCEGI

Carlos Martínez Alonso teme aparecer como un iluminado o un mero adivinador. Y por eso, al preguntarle genéricamente por el futuro, sin plazo alguno, nada debe extrañar que se vea obligado a puntualizar y a matizar. Su sólida carrera científica –especialista en inmunología con experiencia en algunas de las más prestigiosas instituciones mundiales, expresidente del CSIC y ex secretario de Estado de Investigación– desmiente cualquier atisbo de frivolidad. Añade Carlos Martínez (Villasimpliz, León, 1950) a las conjeturas científicas un punto de ironía: ya decía Niels Bohr, advierte, que “hacer previsiones es muy difícil. Imposible cuando es acerca del futuro”. De su cosecha agrega que “es tan difícil predecir la evolución de la ciencia como adivinar el comportamiento de los mercados”, y comparte con Woody Allen su pasión por el futuro, “porque es donde más tiempo voy a estar”.

Apuntemos alto: ¿seremos inmortales alguna vez, dentro de 100 años, de 5 siglos, de 10 siglos? La inmortalidad es una de las búsquedas permanentes de la humanidad. Y además, de cualquiera de las tradiciones vinculadas a las religiones. En nuestra tradición judeocristiana, por ejemplo, conseguiríamos la inmortalidad si pudiéramos beber del Santo Grial. Desde el punto de vista científico, hay organismos vivos –sí, vivos– que tienen manifestaciones asociadas a la vida que son inmortales. Hay bacterias que, si uno las mantiene en cultivo adecuado, sobreviven eternamente. Las células madre embrionarias es posible mantenerlas en cultivo eternamente. Hay organismos vivos marinos que viven eternamente. Y, por tanto, uno podría plantearse que hay posibilidades de vida eterna…

Pero… De ahí a concluir que la especie humana logre hacerse inmortal hay un gran salto, y no hay ninguna evidencia científica que lo soporte. Nuestra tradición nos habla de hombres como Matusalén que vivieron más de 900 años, pero… es mitología. Es verdad que lograremos vivir con los adelantos científicos bastante más que en este momento y que la ciencia ofrece alternativas para entender y tratar las causas del envejecimiento, y ya tenemos una historia que lo demuestra: en poco más de un siglo se ha duplicado la expectativa de vida media. Además, hemos diseñado estrategias experimentales para evitar, o por lo menos retrasar de manera importante, las causas de mortalidad: cáncer, enfermedades cardiovasculares, degenerativas, metabólicas… Por tanto, viviremos más. Y, lo que es más importante, pronto retrasaremos el envejecimiento. Hoy ya empezamos a tener datos que nos permiten entenderlo y sin duda será una de las áreas más importantes para la biomedicina del futuro. Si además somos capaces de sustituir los órganos afectados o tejidos dañados, ya no solo con piezas biológicas, sino con la utilización de la microelectrónica y los nanomateriales, es posible que, a la larga, consigamos que haya seres vivos que tengan tal aporte de material externo que hagan posible una larga, larguísima existencia… Y eso, en la práctica, quizá podamos llamarlo eternidad. Pero antes déjeme aclarar algún punto.

Adelante. Nuestro momento histórico en términos de avance científico es único, y es de tal magnitud que creo que es la primera vez en la historia de la humanidad que el hombre puede ser dueño de su futuro, lo que nos lleva a una situación delicada. Por ejemplo, para los próximos siglos no es descartable la clonación de seres humanos, y eso, aunque de una forma distinta, es acercarnos a la inmortalidad. Y si bien es cierto que habría que empezar a decidir cómo queremos definir la inmortalidad, previsiblemente estaremos en condiciones de superar las fronteras de la vida que hoy día conforman al ser humano.

Ha citado de pasada la sustitución de órganos por otras piezas biológicas. Una buena parte de las enfermedades aún suponen un importante reto para la ciencia porque no ha logrado vencerlas. Por ejemplo, las neurodegenerativas, debido a la complejidad del cerebro, pero en otros casos se han conseguido avances espectaculares. El cáncer, si se diagnostica adecuadamente, se cura, al igual que las enfermedades metabólicas como la diabetes o las infecciones. Pero con la edad se va produciendo un deterioro de los órganos, de los tejidos, de los músculos. La biomedicina también busca solución, y una alternativa es su sustitución por otros nuevos. Y hoy día es posible, o al menos somos capaces de generar in vitro órganos y tejidos. Hablamos de miniórganos.

¿Se pueden utilizar ya en humanos? Todavía no. Pero el proceso es ya habitual en el mundo experimental: a partir de una célula madre embrionaria en un cultivo in vitro se puede generar un embrión de un cerebro que tiene una buena parte de los distintos linajes celulares existentes en el cerebro y de sus conexiones sinápticas, el núcleo de lo que es un cerebro, sus componentes esenciales. Igualmente es posible generar minihígados, miniintestinos, minirriñones… Y estos miniórganos son funcionales, responden a los estímulos adecuados, cumplen funciones que ejecutan en los seres vivos. Hay además otras alternativas…

¿También de órganos recambiables? Sí, sí. Se trata de generarlos no en el laboratorio, sino en animales. Esto se ha logrado en cerdos, un animal grande y muy parecido anatómicamente al ser humano, lo que supone una gran oportunidad de investigación. Mediante la manipulación adecuada de un gen que sea responsable de la formación de un órgano –un páncreas, por ejemplo– podemos generar un embrión de cerdo que carezca de este órgano. La introducción de células embrionarias humanas durante su desarrollo permite generar un páncreas humano en el cerdo. Así, ese páncreas podría ser utilizado para trasplantar en pacientes que lo necesitan. Y lo mismo se podría hacer con cualquiera de los órganos que fueran necesarios. Existe desgraciadamente una gran demanda de órganos para trasplante y, aunque en España somos líderes en donaciones y trasplantes, sería deseable que lideráramos con éxito estas tecnologías. Es importante resaltar las dificultades de todo tipo que todavía hoy existen para estos trasplantes, sobre todo los de origen animal, pero al menos ahí tenemos dos extraordinarias posibilidades… Incluso también sería posible la regeneración del órgano dañado…

Y todo para que vivamos más. Sobre todo, para que vivamos mejor y, si es posible, más. Aquellos órganos que se deterioran por su uso, lo mismo que pasa en el coche o en cualquier elemento mecánico con las piezas desgastadas, pueden cambiarse por otros nuevos. Añadamos la existencia de nuevos materiales. Por ejemplo, el deterioro de los huesos, la osteoporosis y las fracturas que conlleva y que aumentan con la edad. También aquí hay unos avances extraordinarios. En el MIT [Instituto de Tecnología de Massachusetts], por ejemplo, tienen la capacidad de desarrollar nuevos materiales con propiedades extraordinarias: resistencia, flexibilidad y adaptabilidad que les permite integrarse y sustituir a un hueso o a una cadera. Es espectacular observar este proceso en los laboratorios: se añaden unos aparentes polvos en una determinada solución que adquieren la forma y propiedades que se desea.

¿Hablamos de cíborgs? Esa es otra vía más. Existe la posibilidad de incorporar los avances en la mecánica, la electrónica y las tecnologías de la comunicación. Es ya una realidad la sustitución de extremidades, lo más logrado hasta ahora. Todos hemos visto aquí, en España, cómo se han trasplantado con éxito ambas manos a un paciente. Pero también hay otros avances extraordinarios. Hay manos electrónicas que ya tienen sensibilidad y además pueden moverse con órdenes del cerebro. Es decir, se puede acercar esa mano electrónica a un vaso y llevárselo a la boca para beber simplemente con el deseo manifestado en el cerebro. Y lo mismo sucede con las piernas. Todos hemos visto a Oscar Pistorius, que con unas piernas metálicas fue capaz de correr los 400 metros en poco más de 46 segundos, una marca extraordinaria para cualquier atleta. En un futuro es posible –¿por qué no?– que, a través de desarrollos mecánicos y electrónicos, podamos generar organoides que contribuyan a mejorar la calidad de vida o acercarnos a esa presumible inmortalidad.

¿Y el cerebro? Sería el objetivo siguiente. Es el órgano más complejo y lo que identifica al individuo; es la individualidad, el yo. Y está constituido por miles de millones de conexiones sinápticas que integran miles de millones de células diferentes. Pero también hay avances muy interesantes. Se trata de entender cómo se organiza anatómica y funcionalmente mediante nuevas aproximaciones experimentales y tecnologías complementarias, que presumiblemente el día de mañana permitirán utilizar esa información para el desarrollo de la robótica, para crear máquinas inteligentes y para transmitir la información acumulada en el cerebro a sistemas in silico [cibernéticos].

O sea… Pues que toda la información del cerebro podría ser trasplantable, por ejemplo, a un ordenador, y eventualmente la información podría circular en ambas direcciones.

¿Y qué haremos con los sentimientos? En el cerebro es donde reside la base de la identidad y la toma de decisiones: ¿quién soy yo?, ¿qué es el amor?, ¿qué es la emotividad? La alegría, el llanto, los sentimientos, la toma de decisiones son actitudes de difícil ubicación en términos eléctricos o químicos. Pero al final todo lo que somos reside en nuestros genes y en su interacción con el medio externo, y se lee e interpreta en términos bioquímicos, eléctricos y químicos. Dice Eric Kandel que, gracias a los avances de la biología molecular, nuestro conocimiento del cerebro permitirá sacarnos de la cueva de Platón.

¿Es ese el futuro? Solo una parte. Caminamos hacia una generación del conocimiento que permita aplicaciones transdisciplinarias. La ciencia, sobre todo cuando abordamos problemas complejos, como en biomedicina, implica un conocimiento profundo de áreas como la mecánica, de cómo funciona cada uno de nuestros órganos o tejidos, de la electrónica, con todos los nuevos desarrollos que ya existen más los que se generarán en el futuro, de las tecnologías de las comunicaciones, de los materiales, de la física… El futuro será un compendio de todas estas áreas de investigación. Por ejemplo, en personas parapléjicas, la implantación de circuitos electrónicos junto con el desarrollo de sistemas de locomoción guiados por el pensamiento permiten a personas de movilidad reducida integrarse en la sociedad. Esto es, toda la conducción nerviosa que estaba bloqueada como consecuencia del aplastamiento medular se reactiva y las personas son capaces de volver a movilizar las extremidades inferiores hasta poder andar en bicicleta.

¿Y siguen existiendo problemas éticos? ¿Estamos aún en la época en la que las creencias religiosas impiden el desarrollo de la ciencia, o la ciencia, finalmente, está venciendo a los prejuicios religiosos? Claro que existen problemas éticos y en algunos casos religiosos. Pero los científicos tenemos la obligación de avanzar para generar nuevo conocimiento, de buscar nuevas soluciones para los problemas de la humanidad. Será la sociedad a través de los políticos democráticamente elegidos, los juristas, los sociólogos, la sociedad en su conjunto en definitiva, quien tendrá que decidir qué se puede hacer y qué no con este conocimiento y de establecer los márgenes de actuación. Hoy, por ejemplo, la clonación de seres humanos está prohibida. Científicamente sería perfectamente asumible llevarla a cabo. Pero quién sabe qué decidirá la sociedad sobre ello en 100, 500 o 1.000 años. O, por ejemplo, la manipulación de la línea germinal del ADN en humanos, que está igualmente prohibida. Sin embargo, en modelos animales sabemos que su manipulación permite generar mayor expectativa de vida y más resistencia a enfermedades. No tenemos certeza de que algunos de estos avances no vayan a implementarse en el futuro. De nuevo será la sociedad quien tenga que decidir.

Se salvarían muchas vidas… Pero en ocasiones todavía hay que luchar contra los fundamentalismos. La ciencia tiene una larga tradición en la lucha contra los fanatismos. Desde la época de los griegos, cuando Anaxágoras tuvo que salir por piernas de Atenas, hasta la oposición contra la vacuna antivariólica que desarrolló Edward Jenner en el siglo XVIII frente a las sociedades religiosas, porque la muerte era algo que nos había dado Dios y no podíamos luchar contra ella. O ante la anestesia. Menos mal que James Young Simpson tuvo aquella brillantísima ocurrencia: “No se opongan ustedes, porque Dios fue el primero que utilizó la anestesia. Recuerden que durmió a Adán para sacarle una costilla y crear a Eva”. Así que lo que es verdad hoy es posible que mañana no lo sea y el conocimiento que hoy no se utiliza sea muy útil en el futuro. Y ahí los científicos, los medios de comunicación, la sociedad en general, tienen un papel fundamental. Tienen que contribuir a la educación científica de los ciudadanos, a que sean ellos, con la información necesaria, quienes participen en la toma de decisiones, en la lucha contra los dogmatismos para incorporar a la ciencia como instrumento de futuro. Porque además genera riqueza. Los países ricos lo son porque investigan. Es la pieza fundamental para el tan cacareado cambio de modelo económico. Y aquí quería plantearle otro problema ético, el hecho tan desgraciado de que esta ciencia tan puntera solo sería de utilización para menos de la quinta parte de la población. El resto se conformaría con tener acceso a los mínimos vitales: agua potable y comida, un problema terrible para el que hoy ya tenemos solución y no hemos sabido desterrar. Hay que luchar contra las desigualdades cada vez más crecientes.

¿Se consigue avanzar a pesar de todos estos problemas? Sí, porque no nos queda otra. El único instrumento para luchar contra las enfermedades, para vivir más y mejor, es la ciencia. Como dice Sydney Brenner, la magia y la religión no han cumplido las expectativas, solo nos queda la ciencia. Es el instrumento para enfrentarnos al resto de los grandes desafíos de la humanidad. Pensemos en el cambio climático. Es necesario que sigamos produciendo la energía que la sociedad demanda, pero hemos de hacerlo incorporando los avances científicos y tecnológicos, de una manera sostenible, mediante la utilización de energías renovables, y también incorporando una de las grandes esperanzas: la energía de fusión. Y en cómo resolver el gran problema de la energía nuclear, los residuos, para lo que no veo otra solución que no sea encontrar el modo de reutilizarlos.

¿Hacia dónde va la ciencia del futuro? Pues no está claro. La ciencia, como la entendemos hoy, tal y como la define Borges, “es la lucha contra lo desconocido…, es la extensión natural de la imaginación”. Hoy, sin embargo, hay una ­presión extraordinaria para dar solución rápida a problemas concretos. Históricamente no son muchos los éxitos de la utilización de la ciencia al servicio de un problema concreto. Hay dos excepciones. Una, desastrosa, que es la bomba atómica. La segunda, menos mala, es la llegada a la Luna. Sin embargo, aún no hemos podido derrotar al cáncer, lo que da una idea de que es más dificultoso que ir a la Luna o que la bomba atómica. Los temas de la biomedicina o la biología en general parecen más complejos y requieren más medios. La mayor parte de las aplicaciones de la ciencia son consecuencia del proceso creativo, de tratar de entender lo incomprensible. A partir de ahí, la especie humana ha extraído soluciones a problemas concretos. Pero se está produciendo una transición justamente en sentido inverso. Se promueve lo concreto, la solución a las necesidades del mercado, y ya sabemos –y sufrimos– lo que a veces el mercado es capaz de generar. Es un tema difícil de explicar.

Inténtelo. Es innegable y necesaria la utilización del conocimiento, pero el platillo de la balanza está ahora inclinándose para dedicarse a lo inmediatamente práctico, a dar respuesta a las necesidades del mercado, a lo que ­denominamos innovación. Si no somos capaces de encontrar un equilibrio y desviamos la mayor parte de los ­recursos en esa dirección, quizá perdamos uno de los grandes valores que la ciencia ha aportado: su capacidad de transformar el mundo y su papel determinante en la evolución de la humanidad. Máxime en un momento histórico como este, que se puede definir por la incertidumbre del futuro. Y, desde luego, el gran sueño de la inmortalidad seguramente a partir de la innovación sería imposible. La innovación no habría generado la clonación ni la transdiferenciación o la reprogramación celular. Sencillamente porque no son demandas del mercado. Y ahí tenemos un problema.

elpaissemanal.elpais.com/documentos/carlos-martinez-alonso/



Olive Kitteridge (2008)
La novela presenta la vida de Olive Kitteridge, una mujer mayor de carácter fuerte y personalidad compleja que vive en un pequeño pueblo costero de Estados Unidos. A lo largo de distintos relatos conectados, se muestran episodios de su vida y la de las personas que la rodean. A través de estas historias, Olive afronta el paso del tiempo, las relaciones familiares, la soledad y los cambios propios del envejecimiento. La obra ofrece una visión íntima y realista de la vida cotidiana en la madurez, mostrando tanto los momentos de dureza como los de comprensión y conexión con los demás.

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EE. UU.
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Novela
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Elizabeth Strout
Hacks (2021-2026)
Deborah Vance (Jean Smart) es una veterana monologuista de Las Vegas que necesita renovar su espectáculo para mantener el éxito de su carrera. Para ello comienza a trabajar con Ava Daniels (Hannah Einbinder), una joven guionista que atraviesa un momento profesional complicado. A pesar de sus diferencias personales y generacionales, ambas desarrollan una colaboración que evoluciona con el tiempo mientras afrontan nuevos retos profesionales y personales.

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EE. UU.
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Comedia dramática
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5 Temporadas
Paseando a Miss Daisy (1989)
Daisy Werthan (Jessica Tandy), una viuda de 72 años, pierde parte de su independencia tras sufrir un pequeño accidente con el coche. Aunque al principio rechaza la idea de dejar de conducir, su hijo decide contratar a Hoke Colburn (Morgan Freeman) como chófer. La relación entre ambos comienza con cierta desconfianza, pero, con el paso de los años, desarrollan una profunda amistad marcada por el respeto mutuo, el apoyo y los cambios que ambos afrontan a lo largo de sus vidas. La película retrata el envejecimiento, la autonomía y las relaciones humanas en el contexto del sur de Estados Unidos durante varias décadas.
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Bruce Beresford
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Drama / comedia

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EE.UU.
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99 min
Gran Torino (2008)
Walt Kowalski (Clint Eastwood), un veterano de la guerra de Corea y trabajador jubilado de la industria del automóvil, acaba de enviudar y vive solo en un barrio de Detroit en plena transformación. Es un hombre solitario, de carácter duro y con dificultades para aceptar los cambios sociales y culturales de su entorno. Su vida da un giro cuando su joven vecino intenta robar su coche, un Gran Torino de 1972. A partir de este encuentro surge una relación inesperada que cambiará su forma de entender a las personas que lo rodean.
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Clint Eastwood
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Drama

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EE.UU.
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116 min
Elsa y Fred (2005)
Elsa (China Zorrilla) es una mujer mayor, optimista y llena de vitalidad, que disfruta de la vida y persigue sus sueños. Cuando conoce a Fred (Manuel Alexandre), un viudo recién instalado en el mismo edificio, comienza una relación marcada por sus diferencias de carácter y forma de entender la vida. A medida que pasan tiempo juntos, ambos descubren nuevas maneras de afrontar la vejez, superar el pasado y disfrutar del presente. La película aborda temas como el amor en la madurez, la ilusión y la importancia de aprovechar cada etapa de la vida.
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Marcos Carnevale
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Comedia dramática / romance

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Argentina / España
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108 min
El exótico Hotel Marigold (2011)
El exótico Hotel Marigold cuenta la historia de un grupo de jubilados británicos que viajan a la India para comenzar una nueva etapa de su vida en lo que creen que será un hotel recién renovado. Al llegar a Bangalore, descubren que la realidad no es exactamente la que esperaban y las diferencias culturales pronto les plantean diversas dificultades. Sin embargo, poco a poco, el Hotel Marigold y su entorno acaban transformándose en un lugar que les ofrece nuevas experiencias y formas de entender la vida.
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John Madden
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Comedia dramática

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Reino Unido
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124 min
Arrugas (2011)
Emilio, un antiguo ejecutivo bancario, ingresa en una residencia de mayores tras comenzar a manifestar los primeros síntomas de Alzheimer. Allí conoce a Miguel, un residente ingenioso y de carácter despreocupado, con quien entabla una estrecha amistad. Cuando la enfermedad de Emilio avanza, Miguel y otros residentes intentan ayudarle para evitar que sea trasladado a la planta destinada a las personas con mayor necesidad de cuidados. A través de su convivencia, la película retrata la amistad, los cuidados y la vida cotidiana en una residencia desde una mirada cercana y humana.
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Ignacio Ferreras
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Drama

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España
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89 min
Grace and Frankie (2015-2022)
Grace Hanson (Jane Fonda) y Frankie Bergstein (Lily Tomlin) tienen personalidades opuestas y apenas mantienen relación hasta que sus maridos les anuncian que están enamorados el uno del otro y que quieren divorciarse para comenzar una vida juntos. A partir de ese momento, ambas inician una convivencia inesperada que dará lugar a una sólida amistad. La serie sigue cómo afrontan esta nueva etapa mientras se adaptan a los cambios personales, familiares y emocionales que acompañan a la madurez.

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EE. UU.
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Comedia
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7 Temporadas
Last Tango in Halifax (2012–2020)
Alan Buttershaw (Derek Jacobi) y Celia Dawson (Anne Reid) fueron pareja durante su juventud y, tras más de sesenta años sin verse, vuelven a ponerse en contacto. Al comprobar que el afecto entre ambos permanece, deciden iniciar una nueva relación, una decisión que también transforma la vida de sus hijos y nietos. La serie explora el amor en la madurez, las relaciones familiares y las oportunidades que pueden surgir en cualquier momento de la vida.

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Reino Unido
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Comedia dramática
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5 Temporadas
El club del crimen de los jueves (2020)
En un complejo residencial para personas jubiladas, cuatro residentes se reúnen cada semana para investigar antiguos casos policiales sin resolver. Lo que empieza como una afición se convierte en un reto real cuando aparece un asesinato cerca del complejo. Con inteligencia, humor y experiencia vital, los protagonistas demuestran que la vejez puede ser una etapa activa, lúcida y llena de iniciativa. La novela rompe con estereotipos edadistas y presenta a las personas mayores como protagonistas capaces, curiosas y resolutivas.

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Reino Unido
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Novela de misterio
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Richard Osman
Un hombre infiltrado (2024-presente)
Charles Nieuwendyk (Ted Danson) es un profesor universitario jubilado que acepta colaborar con una investigadora privada, infiltrándose como residente en un centro para personas mayores con el objetivo de esclarecer la desaparición de un valioso collar de rubíes. Mientras lleva a cabo la investigación, se integra en la vida cotidiana del centro, conoce a otros residentes y afronta el duelo por la pérdida de su esposa. La serie combina comedia y misterio mostrando una visión cercana de la vida en una residencia.

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EE. UU.
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Comedia
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2 Temporadas
Solo asesinatos en el edificio (2021–presente)
Charles-Haden Savage (Steve Martin), un actor conocido por una antigua serie policíaca; Oliver Putnam (Martin Short), un director teatral; y Mabel Mora (Selena Gomez), una joven que vive temporalmente en el edificio mientras reforma el apartamento de su tía, comparten su afición por las investigaciones policiales. Cuando un vecino aparece muerto en circunstancias sospechosas, deciden investigar lo ocurrido y documentar el caso en su propio pódcast. A medida que resuelven nuevos casos, desarrollan una estrecha amistad y demuestran el valor de la colaboración entre generaciones.

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EE. UU.
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Comedia / misterio
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5 Temporadas
El método Kominsky (2018-2021)
Sandy Kominsky (Michael Douglas) es un actor que tuvo un éxito pasajero y que ahora trabaja como profesor de interpretación. Junto a Norman Newlander (Alan Arkin), su representante y amigo de toda la vida, Sandy afronta los cambios que acompañan al paso del tiempo. La serie combina comedia y drama para abordar temas como la amistad, el duelo, las relaciones personales y el envejecimiento.

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EE. UU.
🎨
Comedia dramática
🕐
3 Temporadas
El cuaderno de Noah (1996)
La novela presenta a Noah Calhoun, un hombre en su vejez que lee cada día un diario a Allie, la mujer a la que ha amado durante toda su vida y que padece demencia. En sus páginas se recoge la historia de la relación que ambos vivieron desde su juventud, marcada por las diferencias sociales, la separación y el paso del tiempo. A medida que avanza la lectura, la novela explora la memoria, el olvido y la fuerza de los vínculos que perduran a lo largo de la vida.

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EE. UU.
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Novela romántica
👤
Nicholas Sparks
La sonrisa etrusca (1985)
La historia sigue a Salvatore Roncone, un anciano campesino del sur de Italia que se traslada a Milán para vivir con su hijo y someterse a pruebas médicas. En ese nuevo entorno urbano, tan distinto a su mundo rural, descubre una forma inesperada de ternura a través de la relación con su nieto Bruno. La novela aborda la vejez, la familia, el amor, la enfermedad y el derecho a seguir viviendo con intensidad, identidad y deseo hasta el final de la vida.

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España
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Novela
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José Luis Sampedro
Las gratitudes (2019)
La historia presenta los últimos meses de vida de Michka Seld, una mujer mayor con afasia que pierde progresivamente la capacidad de hablar y se traslada a una residencia de mayores. Marie, una joven vecina que ha mantenido una relación cercana con ella desde su infancia, y Jérôme, su logopeda, la acompañan en este proceso. En esta etapa final, Michka expresa su deseo de localizar a un matrimonio que la ayudó a esconderse durante la ocupación nazi para poder agradecerles su apoyo. A través de esta historia, la novela pone el foco en el valor de los vínculos, el acompañamiento y la importancia de la comunicación en todas las etapas de la vida.

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Francia
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Novela
👤
Delphine de Vigan
El abuelo que saltó por la ventana y se largó (2009)
La novela comienza cuando Allan Karlsson, a punto de cumplir cien años, decide escapar de la residencia en la que vive justo antes de la celebración organizada en su honor. Su huida da inicio a una aventura disparatada en la que se mezclan humor, casualidades y episodios de su extraordinaria vida. La novela ofrece una visión divertida y nada convencional de la vejez, mostrando a una persona mayor libre, imprevisible y capaz de seguir tomando sus propias decisiones.

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Suecia
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Novela de humor
👤
Jonas Jonasson
UP (2009)

Carl Fredricksen, un hombre de 78 años, decide emprender el viaje que había planeado durante toda su vida junto a su esposa fallecida. Para ello, hace volar su casa gracias a miles de globos de helio y parte hacia América del Sur. Sin embargo, su plan se complica cuando descubre que viaja acompañado por Russell, un joven explorador que aparece inesperadamente en su aventura. Juntos emprenden un viaje que los lleva a atravesar distintos obstáculos y situaciones inesperadas.

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Pete Docter y Bob Peterson
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Animación / aventura

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EE.UU.
🕐
96 min
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