Aislados, solos y con miedo.

Aislados, solos y con miedo.

Las personas mayores, más de nueve millones en España, asisten estos días a la expansión de un virus que los ha puesto en el centro de la diana.

Manuel Jabois

El viernes 13 de marzo, Carmen no pudo entrar en la residencia de Oviedo en la que se encuentra su madre, de 80 años. La madre de Carmen no ve, no camina y apenas puede mover un brazo; tampoco tiene teléfono móvil. Su hija la visita todos los días. Hasta el viernes, cuando el acceso a la residencia quedó restringido. Carmen rompió a llorar en la puerta hasta que un trabajador se apiadó de ella y acordó acercarse a la señora con su teléfono para que su hija pudiese hablar con ella. Carmen le contó que no podría volver a visitarla cada día, como siempre, porque el país estaba en estado de alarma. Su madre le respondió que no pasaba nada, que estuviese tranquila porque sabía que la quería y que no se podía hacer otra cosa. El problema, dice Carmen, es que su madre no se acordaría al día siguiente de haber hablado con ella, no sabrá por qué su hija no ha ido a verla y se preocupará por su hija. “Ella me conoce, pero al día siguiente nunca se acuerda de si me vio”. Lleva tres años enferma y uno especialmente afectada. En ese tiempo sufrió seis ictus y una hemorragia cerebral. “Su única alegría del día es el momento en que voy a verla y me dice: ‘Por fin, qué ganas tenía, hija”. El 13 de abril cumple 81 años. Carmen, que comparte nombre con su madre, espera poder ir a verla antes. Ella decidió cerrar su comercio, en Asturias, adelantándose a la decisión del Gobierno. “Lo primero es la salud de la gente. Me puedo hipotecar si tengo muchas pérdidas, pero la vida es lo primero”.

Carmen no puede ver a su madre, ni abrazarla, ni besarla, para no poner en riesgo su vida. Los mayores de 65 años (más de nueve millones de personas en España tienen o superan esa edad, de los cuales más de dos millones viven solas; el Gobierno no publica datos por franjas de edad, en Italia va del 2% al 19% entre los 60 y 90 años) asisten estos días a varias paradojas; la más dura de todas es la de no poder ver a sus seres queridos para no correr un riesgo que puede ser mortal. A eso se une que el colapso de los servicios sanitarios impide a mucha gente mayor ser atendida de sus múltiples enfermedades, muchas de ellas graves. Hay quien preferiría correr el riesgo de salir y ver a su gente como Enrique Beltrán, de Madrid, que dice que a él, a los 86 años, no le compensa vivir solo y encerrado (su familia le ha convencido de que será un tiempo breve, y que pronto volverá a la normalidad).

Pero en general, los mayores cumplen las reglas. Es el caso de Evaristo Correas, de 76 años, que cuenta que ha sido su mujer la que le ha atado en corto. Los dos viven en la planta de una casa cuya otra planta está ocupada por su hija, su yerno y sus tres nietas. Las pequeñas se asoman a la puerta y saludan a distancia. Su hija y el marido evitan acercarse a ellos a menos de varios metros. Este domingo tienen una comida familiar un poco particular; cocinarán lo mismo pero comerán en plantas separadas. Evaristo Correas hace tres días estaba de vinos con sus amigos en los bares y hoy, no sabe por cuánto tiempo, no puede tomarse nada con su hija y sus nietas en su casa. “Lo llevo bien, con resignación”, dice. “Hay que ver las cosas con perspectiva. Tengo 76 años, no voy a vivir siempre. Que se destaquen las edades de los muertos y se insista en eso como quitándole importancia al virus, pues bueno, no me preocupa. Lo extraño sería que muriese más joven y más fuerte. Lo que me enfada, eso sí, son las fake news. Me desquicia. Por cada noticia verdadera corren diez falsas”.

José Ángel Palacios es el portavoz de la ONG Grandes Amigos, dedicada al acompañamiento afectivo de personas de la tercera edad. En 2019, 953 personas fueron atendidas por 1.078 voluntarios en Madrid, Galicia, Gipuzkoa y Cantabria. “Hemos sustituido el acompañamiento presencial por el telefónico: WhatsApp, Skype. Y hemos hecho una propuesta bonita: recuperar el correo tradicional, escribirnos cartas”. Desde la ONG se pide no estigmatizar a las personas mayores: “Ni son un foco de infección ni todas las personas mayores se encuentran en el mismo grado de vulnerabilidad”. Mayte Sancho, presidenta de la ONG y psicóloga, experta en planificación gerontológica, cree que el tratamiento a las personas mayores en la crisis del coronavirus reproduce patrones y estereotipos nefastos. El primero de ellos, la homogeneización de cuatro generaciones. “Hay gente de 65 y más años que es cuidadora, que cuida a sus padres, a sus mayores”, dice. Critica que poner el foco en ese amplísimo grupo social hace que haya mucha gente que se crea portadora del virus. “Hay una gran carga negativa en todas las noticias relacionadas con ellos, los separan de sus familias, no pueden ver a sus hijos, sus nietos… Pueden llegar a pensar que son la peste. Se les impone una llamada distancia social, pero eso puede conducir al aislamiento, al alejamiento”.

A Teresa Barbero, una de las personas atendidas por Grandes Amigos, el confinamiento no le ha pillado por sorpresa. Es una mujer discapacitada que se declara “muy joven” (tiene 67 años) y que vive sola en Madrid. “Veo a toda esa gente comprando de todo en los mercados y pienso, pero hombre, que vas a morir con la casa llena de cosas”, bromea. “La gente va a descubrir que hay muchísimas tareas que se pueden hacer en casa. Yo nunca mato el tiempo, no mato ni una mosca”, dice antes de contar el cuento del mercader que se encuentra a la Muerte y la Muerte le dice que se va a Damasco a matar a 500 personas. El mercader se va a otra parte, y la Muerte se cruza con él de nuevo. “¿No dijiste que matarías a 500 personas? ¡Has matado a 5.000!”. “Yo maté 500. El resto murieron de miedo”.

A 600 kilómetros, en Pontevedra, Sita Ortiz, 72 años, está encerrada en su salón con un pequeño resfriado. No podrá salir a la terraza del edificio en el que vive, única oportunidad de ver a sus nietos: al aire libre y sin tocarlos. Habla por teléfono, ve películas, juega a las cartas por Internet. Ella y su marido Antonio, de 84 años, tienen una familia numerosa que estos días y los que vienen no podrán disfrutar al completo. “No nos damos besos, no nos abrazamos; en fin, reclusión total”. Sus nietos se lavan las manos continuamente, llaman al ascensor y al timbre con los codos… Uno de ellos, de siete años, ha pedido a su madre que le haga una mascarilla para “poder ver más” a los abuelos incluso dentro de casa. Y cuando los ve avisa: “Ni besos ni abrazos”. “Es el más concienciado de la casa. A veces aparece por aquí disfrazado de Spiderman, con la máscara, para evitar contagios”.

“Tú tranquila, que solo muere gente mayor”. Es la última frase de la conversación entre Estrella Casal, 78 años, y su nieta Ana, 20. Están separadas por kilómetros de distancia. Estrella trabajó toda su vida de costurera y vive en la aldea de Troáns, Pontevedra. “No nos acercamos, cada uno va a su aire, porque nunca se sabe”, dice. Hasta hace unos días su único propósito durante el día era salir a la huerta, ahora tampoco. “¡No salgas de casa!”, le dice su hijo. Así que no se mueve. Pasa los días mirando la televisión: noticias y más noticias del coronavirus, cifras de muertos en todo el mundo y la puntualización de sus edades: 80, 75, 90, 85 años. Como no tiene redes sociales, no ha leído comentarios de algunos usuarios casi felicitándose de que los mayores dejen sitio (una concejal de Lanzarote llegó a decir en una radio local que el virus era un aviso de la naturaleza por estar llenando la Tierra de ancianos; ha pedido perdón). “Yo estoy asustada, ya sé que es peligroso. No me voy a morir del virus, me voy a morir del miedo. Pero esto de no acercarse…”. Pide a su nieta, que trabaja en Tenerife, que se cuide. “Yo como la coja ya estoy pa’llá”.

“Son los grandes olvidados, y al mismo tiempo son los que más siguen esto y ven la tele, alucinando con todo lo que está pasando y cómo se habla de ellos”, dice la nieta de Estrella. “Es tristísimo y desolador”.

https://elpais.com/sociedad/2020-03-14/aislados-solos-y-con-miedo.html?prm=enviar_email



Arrugas (2011)
Emilio, un antiguo ejecutivo bancario, ingresa en una residencia de mayores tras comenzar a manifestar los primeros síntomas de Alzheimer. Allí conoce a Miguel, un residente ingenioso y de carácter despreocupado, con quien entabla una estrecha amistad. Cuando la enfermedad de Emilio avanza, Miguel y otros residentes intentan ayudarle para evitar que sea trasladado a la planta destinada a las personas con mayor necesidad de cuidados. A través de su convivencia, la película retrata la amistad, los cuidados y la vida cotidiana en una residencia desde una mirada cercana y humana.
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Ignacio Ferreras
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Drama

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España
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89 min
El exótico Hotel Marigold (2011)
El exótico Hotel Marigold cuenta la historia de un grupo de jubilados británicos que viajan a la India para comenzar una nueva etapa de su vida en lo que creen que será un hotel recién renovado. Al llegar a Bangalore, descubren que la realidad no es exactamente la que esperaban y las diferencias culturales pronto les plantean diversas dificultades. Sin embargo, poco a poco, el Hotel Marigold y su entorno acaban transformándose en un lugar que les ofrece nuevas experiencias y formas de entender la vida.
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John Madden
🎨
Comedia dramática

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Reino Unido
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124 min
Elsa y Fred (2005)
Elsa (China Zorrilla) es una mujer mayor, optimista y llena de vitalidad, que disfruta de la vida y persigue sus sueños. Cuando conoce a Fred (Manuel Alexandre), un viudo recién instalado en el mismo edificio, comienza una relación marcada por sus diferencias de carácter y forma de entender la vida. A medida que pasan tiempo juntos, ambos descubren nuevas maneras de afrontar la vejez, superar el pasado y disfrutar del presente. La película aborda temas como el amor en la madurez, la ilusión y la importancia de aprovechar cada etapa de la vida.
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Marcos Carnevale
🎨
Comedia dramática / romance

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Argentina / España
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108 min
Gran Torino (2008)
Walt Kowalski (Clint Eastwood), un veterano de la guerra de Corea y trabajador jubilado de la industria del automóvil, acaba de enviudar y vive solo en un barrio de Detroit en plena transformación. Es un hombre solitario, de carácter duro y con dificultades para aceptar los cambios sociales y culturales de su entorno. Su vida da un giro cuando su joven vecino intenta robar su coche, un Gran Torino de 1972. A partir de este encuentro surge una relación inesperada que cambiará su forma de entender a las personas que lo rodean.
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Clint Eastwood
🎨
Drama

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EE.UU.
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116 min
Paseando a Miss Daisy (1989)
Daisy Werthan (Jessica Tandy), una viuda de 72 años, pierde parte de su independencia tras sufrir un pequeño accidente con el coche. Aunque al principio rechaza la idea de dejar de conducir, su hijo decide contratar a Hoke Colburn (Morgan Freeman) como chófer. La relación entre ambos comienza con cierta desconfianza, pero, con el paso de los años, desarrollan una profunda amistad marcada por el respeto mutuo, el apoyo y los cambios que ambos afrontan a lo largo de sus vidas. La película retrata el envejecimiento, la autonomía y las relaciones humanas en el contexto del sur de Estados Unidos durante varias décadas.
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Bruce Beresford
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Drama / comedia

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EE.UU.
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99 min
UP (2009)

Carl Fredricksen, un hombre de 78 años, decide emprender el viaje que había planeado durante toda su vida junto a su esposa fallecida. Para ello, hace volar su casa gracias a miles de globos de helio y parte hacia América del Sur. Sin embargo, su plan se complica cuando descubre que viaja acompañado por Russell, un joven explorador que aparece inesperadamente en su aventura. Juntos emprenden un viaje que los lleva a atravesar distintos obstáculos y situaciones inesperadas.

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Pete Docter y Bob Peterson
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Animación / aventura

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EE.UU.
🕐
96 min
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