20 Oct Ciudades y pueblos amigables: el reto de adaptar los entornos a una sociedad que envejece
Cerca de 800 profesionales de 76 países participaron en San Sebastián en el III Congreso Mundial de Ciudades y Comunidades Amigables con las Personas Mayores. El encuentro puso el foco en la participación, la accesibilidad, los cuidados y la transformación de los entornos. Un debate que también interpela especialmente al medio rural: ¿cómo conseguir que una persona mayor pueda seguir viviendo, participando y tomando decisiones en el lugar que considera su hogar?
San Sebastián acogió del 16 al 18 de junio el III Congreso Mundial de Ciudades y Comunidades Amigables con las Personas Mayores, promovido por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y organizado por el Imserso junto al Gobierno Vasco, la Diputación Foral de Gipuzkoa y el Ayuntamiento de Donostia/San Sebastián. Fue el primer congreso internacional sobre ciudades amigables copatrocinado por la OMS en más de doce años.
Bajo el lema “¡Transformemos juntos! Un mundo conectado, equitativo y sostenible, adaptado a todas las generaciones”, el encuentro reunió a profesionales y representantes de distintos países para analizar cómo adaptar los entornos al envejecimiento de la población. Entre los grandes temas estuvieron la participación social, la vivienda, el transporte, la accesibilidad, los cuidados, la soledad, la tecnología y la conexión entre generaciones.
La idea de fondo fue clara: una comunidad amigable no es aquella que simplemente ofrece servicios para las personas mayores, sino aquella que cuenta con ellas para decidir cómo quiere vivir y cómo debe transformarse su entorno.
No solo ciudades: también pueblos
Hablar de comunidades amigables implica mirar más allá de las grandes ciudades.
Para muchas personas mayores, especialmente en el medio rural, envejecer bien significa poder permanecer en su pueblo, cerca de su vivienda, de sus relaciones y de su comunidad. Pero para que esa permanencia sea una opción real hacen falta servicios accesibles, transporte, atención sanitaria, conectividad digital, espacios de encuentro y redes comunitarias.
El propio movimiento de Ciudades y Comunidades Amigables ya incorpora experiencias que trabajan específicamente esta realidad. El Imserso ha destacado, por ejemplo, el proyecto de Villadangos del Páramo, en León, participantes también en el congreso. Su modelo de gobernanza compartida aborda el envejecimiento activo, la permanencia en el entorno rural, los nuevos modelos de atención y el papel de las administraciones y la comunidad local.
Esto resulta especialmente relevante en municipios pequeños, donde una distancia de pocos kilómetros puede convertirse en una barrera para acceder a un centro sanitario, realizar una gestión administrativa, utilizar el transporte público o participar en una actividad social.
Una comunidad amigable también debe serlo cuando no hay una gran ciudad alrededor.
Participar para transformar
Uno de los grandes ejes del Congreso fue la participación de las personas mayores.
La Red Mundial de Ciudades y Comunidades Amigables, creada por la OMS en 2010, trabaja para que las comunidades puedan identificar sus propias necesidades y diseñar respuestas desde una perspectiva participativa. El modelo aborda ámbitos tan diversos como los espacios exteriores, el transporte, la vivienda, la participación social, los servicios comunitarios, la comunicación y la información.
Esta perspectiva cambia una idea fundamental: las personas mayores no son únicamente destinatarias de políticas públicas.
Son vecinas, ciudadanas, consumidoras, cuidadoras, profesionales, voluntarias y agentes de transformación.
En los pueblos, además, su participación puede resultar especialmente importante para sostener redes comunitarias, asociaciones, actividades culturales, comercio local y relaciones entre generaciones.
Cuando la accesibilidad también es social
Una ciudad o un pueblo puede tener una rampa accesible y seguir siendo poco amigable para las personas mayores.
La accesibilidad también significa poder llegar a los servicios, comprender la información, utilizar las tecnologías, desplazarse con seguridad, encontrar espacios de encuentro y participar en la vida comunitaria.
Por eso el Congreso puso en relación cuestiones que a menudo se analizan por separado: accesibilidad, cuidados, tecnología, participación y conexión entre generaciones. El objetivo es construir comunidades más equitativas y sostenibles en las que nadie quede atrás.
En el medio rural este enfoque adquiere una dimensión especial. La falta de transporte o de determinados servicios puede aumentar el aislamiento; la brecha digital puede dificultar el acceso a recursos; y la distancia física puede convertir actividades cotidianas en obstáculos.
La solución, por tanto, no pasa únicamente por llevar más servicios a los pueblos, sino por diseñar comunidades donde esos servicios sean realmente accesibles y donde las propias personas mayores participen en las decisiones.
Comunidades amigables, comunidades sin edadismo
La construcción de entornos amigables también es una forma de combatir el edadismo.
Porque existe edadismo cuando damos por hecho que una persona mayor no tiene nada que aportar, cuando la infantilizamos, cuando hablamos por ella o cuando diseñamos servicios sin preguntarle qué necesita.
Pero también cuando asociamos automáticamente vejez con dependencia, aislamiento o falta de capacidad para decidir.
El propio movimiento de comunidades amigables plantea la necesidad de construir entornos equitativos y participativos para todas las generaciones.
Del Congreso a la vida cotidiana
El encuentro de San Sebastián deja una pregunta que puede trasladarse a cualquier municipio:
¿Puede una persona mayor seguir desarrollando su proyecto de vida en el lugar donde quiere vivir?
La respuesta depende de muchos factores: si puede acceder a servicios básicos, desplazarse, utilizar las tecnologías, participar en actividades, mantener sus relaciones, recibir apoyos cuando los necesita y sentirse parte de las decisiones de su comunidad.
Por eso el reto del envejecimiento no es únicamente demográfico. Es también territorial, social y de derechos.
Y en el medio rural, garantizar que las personas mayores puedan permanecer en sus pueblos con autonomía, seguridad y participación puede ser una de las grandes prioridades de los próximos años.
Comunidades para todas las edades
El Congreso Mundial deja una idea que trasciende las ciudades que participaron en él: adaptar los entornos al envejecimiento significa transformar la sociedad para todas las generaciones.
La próxima edición se celebrará en Singapur en 2028, mientras la Red continúa ampliando su presencia internacional.
Para Solidaridad Intergeneracional, este debate conecta directamente con la necesidad de fortalecer comunidades donde las personas puedan envejecer en su entorno, mantener sus vínculos, acceder a recursos y participar activamente en la vida social.
Y también con la misión de Edadismo 00: cambiar la percepción sobre el envejecimiento, visibilizar experiencias, compartir buenas prácticas y acercar recursos que permitan identificar y combatir la discriminación por edad.
Porque una comunidad amigable no se mide solamente por sus edificios, sus calles o sus servicios.
También se mide por algo mucho más sencillo: si las personas mayores pueden seguir sintiendo que ese lugar es suyo.
