03 Sep «Tonto», «vete»: cómo actuar cuando a tu hijo le excluyen sin que la rabia nos haga empeorar la situación.
Los expertos aconsejan hablar con los otros adultos sin los menores delante y enseñar a los niños herramientas para afrontar el rechazo.
2026. ABC
Carlota Fominaya
«Tonto». «Vete». «No puedes estar con nosotros». Son palabras que ningún padre quiere escuchar dirigidas a su hijo. Y cuando ocurren delante de los adultos, contener la rabia puede convertirse en una tarea casi imposible. «El primer impulso suele ser intervenir, defender al menor y exigir explicaciones a los padres de los otros niños. Y es una reacción natural: cuando vemos sufrir a un hijo se activa una respuesta protectora que nos empuja a actuar de inmediato. Sin embargo, actuar en caliente no siempre es la mejor manera de protegerle», advierte Sonia Martínez Lomas, psicóloga y directora de los centros Crece Bien.
Por eso la primera recomendación de esta experta pasa, precisamente, por regular las propias emociones antes de meter baza. Antes de llamar a otra familia y montar un numerito en público, enviar un mensaje de WhatsApp del que seguramente luego nos vamos a arrepentir o de iniciar una conversación complicada, conviene detenerse y preguntarse qué ha ocurrido exactamente, qué se sabe con certeza, qué ha contado el niño y qué se pretende conseguir. Una frase puede ayudar a frenar ese impulso inicial sería la siguiente: ‘Voy a calmarme primero para proteger mejor a mi hijo’. No significa quedarse de brazos cruzados, sino ganar claridad para actuar de una manera más eficaz», aclara.
La clave, remarca la fundadora de estos centros terapéuticos, está en diferenciar entre proteger y sobreproteger: «Proteger significa intervenir cuando existe daño, humillación, exclusión repetida o una situación que el niño no puede gestionar solo. Sobreproteger consiste, en cambio, en intentar evitarle cualquier malestar o anticiparse continuamente antes de que pueda poner a prueba sus propios recursos».
La diferencia también está en el objetivo. Cuando los padres actúan desde la ira pueden acabar intentando «ganar la batalla». Cuando lo hacen desde una protección sana, buscan mejorar la situación del niño. Por eso, antes de intervenir conviene hacerse una pregunta: «¿Lo que voy a hacer ayuda a mi hijo a estar más seguro y a aprender recursos, o solo calma mi rabia momentáneamente? La intervención más intensa no siempre es la más eficaz».
«Si hay que hablar con los padres del otro menor lo recomendable es hacerlo sin los niños delante».
Si es necesario hablar con los padres del otro menor, lo recomendable, remarca esta experta, «es hacerlo sin los niños delante y en un momento de calma. De esta manera se evita que los menores se sientan señalados o avergonzados y que la conversación termine convirtiéndose en una escena que complique todavía más la relación entre ellos».
También importa mucho cómo se plantea esa conversación. No ayuda comenzar con acusaciones como «tu hijo es cruel» o «vuestro hijo se porta fatal». Es más eficaz, alega, «explicar los hechos y su impacto: ‘Han pasado varias situaciones que están afectando a mi hija y me gustaría que pudiéramos hablarlo para ayudarles’. No se trata de suavizar lo ocurrido, sino de aumentar las posibilidades de que la otra persona escuche».
¿Y qué ocurre si la respuesta es «son cosas de niños»? La verdad, admite Martínez Lomas, es que esta es una situación frecuente y dolorosa. Pero, en lugar de entrar en una discusión, esta psicóloga asegura que se puede responder con calma y firmeza, diciendo: «Entiendo que pueda parecer algo de niños, pero en nuestro caso está teniendo impacto. Mi hija está sufriendo, no quiere ir, está nerviosa o se siente rechazada. Por eso necesitamos tomárnoslo en serio». Es verdad, admite, «que no se puede obligar a otra familia a reconocer un problema, pero sí continuar protegiendo al propio hijo de forma firme y ordenada».
