23 Jul Alcohol y longevidad: por qué el organismo responde de forma diferente con la edad
Alcohol y longevidad: por qué el organismo responde de forma diferente con la edad.
El verano suele asociarse a encuentros, comidas al aire libre y celebraciones, momentos en los que el consumo de alcohol puede estar más presente. En las personas mayores, el consumo de alcohol requiere una atención especial, ya que el envejecimiento, el uso habitual de varios medicamentos y las altas temperaturas pueden modificar la respuesta del organismo y aumentar la vulnerabilidad frente a sus efectos.
¿Por qué el alcohol afecta de forma diferente a las personas mayores?
El National Institute on Alcohol Abuse and Alcoholism (NIAAA) explica que el envejecimiento provoca cambios en la composición corporal, como la disminución de la masa muscular y del contenido de agua corporal. Como consecuencia, una misma cantidad de alcohol puede producir concentraciones más elevadas en sangre y efectos más intensos que en personas jóvenes.
Además, el NIAAA señala que las mujeres pueden verse más afectadas por el alcohol que los hombres incluso cuando consumen la misma cantidad, ya que, por lo general, presentan una menor proporción de agua corporal y alcanzan concentraciones más elevadas de alcohol en sangre. En las mujeres mayores, los cambios asociados al envejecimiento pueden aumentar aún más esa sensibilidad al alcohol.
El alcohol también puede afectar con mayor intensidad al equilibrio, la coordinación, la atención y la capacidad de reacción, lo que incrementa el riesgo de caídas, accidentes y otras lesiones.
La interacción entre el alcohol y la medicación
El uso habitual de varios medicamentos es frecuente en las personas que envejecen. Según el NIAAA, el alcohol puede interactuar con numerosos medicamentos y alterar su efecto, ya sea potenciando sus efectos adversos o reduciendo su eficacia.
El organismo también advierte de que el consumo indebido de alcohol puede asociarse a un deterioro más rápido de funciones cognitivas como la memoria, el pensamiento o el juicio, además de contribuir al empeoramiento de problemas de ansiedad, depresión o alteraciones del sueño.
Asimismo, acontecimientos como la jubilación, la pérdida de un ser querido, los problemas de salud o la soledad pueden llevar a algunas personas a aumentar el consumo de alcohol como forma de afrontar el malestar emocional. Sin embargo, el NIAAA recuerda que ese alivio suele ser temporal y puede agravar el problema a largo plazo.
¿Qué muestran los estudios más recientes?
Durante décadas se difundió la idea de que pequeñas cantidades de alcohol podían tener un efecto protector sobre la salud cardiovascular. Sin embargo, las investigaciones más recientes invitan a interpretar esta afirmación con cautela.
Un estudio publicado en JAMA Network Open en 2024, en el que participaron 135.103 personas de 60 años o más, observó que incluso un consumo de alcohol considerado de bajo riesgo se asociaba con una mayor mortalidad en las personas con peor estado de salud o mayor vulnerabilidad socioeconómica.
Los autores concluyen que los posibles beneficios atribuidos al consumo moderado no pueden generalizarse a toda la población mayor, ya que el impacto del alcohol puede variar en función del estado de salud y de las circunstancias sociales de cada persona.
Por otra parte, una investigación publicada en 2026 en el American Journal of Preventive Medicine, basada en datos de 8.998 adultos europeos de 50 años o más, analizó cómo cambian los hábitos de consumo de alcohol tras la jubilación.
El estudio observó que, tras la jubilación, aumentaba la frecuencia con la que se consumía alcohol —es decir, era más habitual beber casi a diario—, aunque la cantidad total consumida a lo largo de la semana apenas variaba y disminuían los episodios de consumo intensivo.
Alcohol y calor: un riesgo añadido para las personas mayores
Las altas temperaturas constituyen, por sí mismas, un riesgo para la salud. El Plan Nacional de actuaciones preventivas de los efectos del exceso de temperatura sobre la salud, del Ministerio de Sanidad, identifica a las personas mayores entre los grupos con mayor vulnerabilidad debido a los cambios fisiológicos asociados al envejecimiento, la mayor presencia de enfermedades crónicas y el uso habitual de determinados medicamentos.
En este contexto, el consumo de alcohol requiere una atención especial. El Ministerio de Sanidad recomienda mantener una buena hidratación, beber agua y otros líquidos con frecuencia, incluso cuando no exista sensación de sed, permanecer en lugares frescos durante las horas de mayor temperatura y evitar las bebidas alcohólicas durante los episodios de calor intenso. Estas recomendaciones contribuyen a reducir el riesgo de deshidratación y otras complicaciones asociadas a las altas temperaturas.
Claves para reducir los riesgos
La evidencia científica muestra que la respuesta del organismo al alcohol cambia con la edad y que factores como el uso habitual de varios medicamentos, las enfermedades crónicas o el calor pueden aumentar la vulnerabilidad de las personas mayores. En el caso de las mujeres, esa vulnerabilidad puede ser aún mayor, ya que una misma cantidad de alcohol suele producir efectos más intensos que en los hombres.
Conocer cómo cambia la respuesta del organismo al alcohol con la edad permite tomar decisiones informadas. Revisar con los profesionales sanitarios las posibles interacciones entre el alcohol y la medicación, mantener una adecuada hidratación y optar por bebidas sin alcohol son medidas que contribuyen a reducir riesgos y favorecer un envejecimiento saludable.
Durante el verano, el agua debe ser la principal bebida para mantenerse hidratado, aunque existen otras alternativas como el agua con gas, las infusiones frías o las bebidas 0,0%, que permiten disfrutar de los encuentros sociales sin consumir alcohol.
