«Conciliar en España hoy es sobrevivir»: cuando ser madre y emprender es la única salida.

«Conciliar en España hoy es sobrevivir»: cuando ser madre y emprender es la única salida.

La maternidad como motor de autoempleo ante la ausencia de redes de apoyo efectivas.

2026. ABC

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La idea de que la madre es la CEO de la familia suena poderosa, pero también revela una contradicción: dirige, organiza y sostiene… sin salario, sin descanso y, muchas veces, sin red. En España, donde más de uno de cada tres niños está en riesgo de pobreza o exclusión social, según datos de Eurostat y el INE, esa figura invisible se convierte en pieza clave para entender un problema estructural. «España no reducirá la pobreza infantil sin empleo para las madres», advierten desde Fundación Madrina, que lleva más de una década trabajando con mujeres en situación de vulnerabilidad.

Su diagnóstico es claro: la pobreza infantil no puede desligarse de la precariedad materna. Y, en muchos casos, el emprendimiento deja de ser una opción para convertirse en la única salida. Ahí conecta con la experiencia de Laura Baena, fundadora del Club de Malasmadres, una comunidad con más de dos millones de seguidoras.

«La maternidad me desmonta. Yo pensaba que podía con todo, que organizarme bien era suficiente. Y de repente descubres que el problema no eres tú, es el sistema», explica. Ese choque fue el origen de un movimiento que puso voz a una realidad compartida: la de miles de mujeres obligadas a renunciar.

Porque detrás del relato aspiracional del emprendimiento hay otra cara menos visible. «Para muchas madres no es un sueño, es una salida. Emprenden buscando una flexibilidad que el mercado laboral no les da», señala Baena. Pero esa flexibilidad tiene un precio: «Cuando no trabajas no cobras, hay menos protección social y estás más sola». En este contexto, la metáfora de la madre como CEO cobra sentido. Según Fundación Madrina, la familia es «la empresa más importante de un país», pero quien la dirige lleva décadas haciéndolo sin reconocimiento económico. Especialmente en hogares monoparentales, donde el 44,5 % está en riesgo de pobreza, la maternidad se convierte en un factor de exclusión. «Cuando hay precariedad, somos las madres las que ajustamos, las que recortamos, las que absorbemos el golpe», afirma Baena. «La pobreza infantil no se explica sin analizar la precariedad de las madres». Los datos lo respaldan: tener hijos penaliza el acceso al empleo, reduce oportunidades y aumenta la vulnerabilidad económica. A esa presión se suma una carga invisible que rara vez entra en las estadísticas. «El 86% de las madres con pareja asumen la carga mental en solitario», recuerda Baena. Una gestión constante —horarios, cuidados, logística emocional— que convierte el día a día en una carrera de fondo. Mientras, a los padres «se les aplaude por hacer lo que debería ser normal».

La madre como CEO… sin salario

La consecuencia no es solo económica, sino también emocional. La culpa sigue siendo un peso estructural: el 82% de las mujeres se siente culpable cuando dedica tiempo a sí misma. «No es una sensación aislada, es cultural», insiste. Y sin tiempo ni conciliación real, cuidarse se convierte en un lujo. Frente a este escenario, iniciativas como el programa e+e+100 de Fundación Madrina intentan cambiar el enfoque: pasar de la asistencia a la autonomía. Más de 400 madres han sido formadas en emprendimiento en los últimos años, acompañadas por empresas y mentores. El objetivo no es solo generar ingresos, sino romper el ciclo de pobreza intergeneracional.

Los testimonios lo ilustran mejor que cualquier cifra. Mujeres que perdieron su empleo al quedarse embarazadas, que tuvieron que elegir entre trabajar o cuidar, que encontraron en el emprendimiento una forma de no separarse de sus hijos. «Las madres no solo acceden a empleo, lo crean», defienden desde la entidad. Pero incluso ahí, la realidad sigue siendo compleja. «Emprender no te salva de la renuncia, la transforma», advierte Baena. «Detrás de muchos proyectos hay agotamiento, no solo ilusión». La conciliación, especialmente para autónomas, sigue siendo frágil: si paras, pierdes ingresos; si trabajas, sacrificas tiempo.

La pregunta, entonces, no es solo cómo apoyar a las madres, sino cuánto vale realmente lo que hacen. Fundación Madrina propone medidas estructurales: reconocer a la familia como unidad productiva, impulsar un salario maternal o garantizar una conciliación real. Porque cada madre que logra estabilidad económica no solo mejora su vida, sino la de sus hijos. Baena lo resume en una frase que atraviesa toda esta realidad: «Conciliar en España hoy es sobrevivir». Y mientras no deje de serlo, la CEO de la empresa más importante del país seguirá trabajando en la sombra



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