07 Abr Andrea Carucci: «Conocerte es la única forma de no gritar ‘socorro’ cuando la menopausia asoma».
La autora de ‘SOS Menopausia a la Vista, ¿y ahora qué hago?’ hace especial hincapié en el impacto de los disruptores endocrinos en la salud femenina y cómo mitigarlos.
2026. ABC
Carlota Fominaya
No es un libro sobre menopausia al uso, ni está escrito para leer de una tacada, sino para detenerse en cada capítulo y volver sobre el mismo para ver todo lo que Andrea Carucci propone. Su objetivo, como ella misma resume con simpatía, es que la mujer en esta etapa vital «pueda estar súper bien».
Carrucci habla deprisa, alegre, y está segura de que la mujer «puede llevar esta etapa mejor. Y si tiene determinadas dudas, síntomas o problemas, puede coger este libro, ir al tema específico para ver cómo puede solucionarlo, siempre desde un enfoque holístico, natural. Estamos en un mundo un poco tóxico ahora», apunta.
Ahora, reflexiona la autora de ‘SOS, Menopausia a la vista’, ¿y ahora qué hago?, «por lo menos, se habla abiertamente de ello. Las generaciones anteriores no hablaban de esto, o quizás es que era una situación que tampoco era tan relevante. Les envejecía hablar de la menopausia, porque como que a ninguna mujer le gusta que le encuadren con la frase: ‘eres menopáusica’. No. Soy mujer y tengo una transición más en mi vida, como cualquier otra».
Lo curioso, prosigue Carucci, casi sin parar, «es que muy pocas mujeres de la generación, por ejemplo, de mi madre o de mi abuela, tenían síntomas, o tenían muy pocos. Eso me llevó a preguntarme el por qué. Empecé a comparar costumbres, y vi que, primero, comían de una forma diferente. Por ejemplo, algo tan simple como el azafrán, que ellas utilizaban como colorante en las comidas, hacía que esa transición fuera tranquila y natural. Digamos que hacían esa transición de forma instintiva».
Por otro lado, asegura esta autora, ellas se movían más también. «Y no se ponían tantos tóxicos porque, si pensamos en qué usaban, vemos que se ponían una crema Nivea o parecido, un champú suavizante, puede ser que mucha laca de pelo… Pero más allá de eso… nada, mientras que nosotras ahora nos ponemos un montón de cosas que habría que revisar. La ropa no está hecha de tejidos naturales como antes, y tenemos plástico constantemente en contacto con nuestra piel. El champú, las 400 cremas que nos ponemos, los maquillajes, que contienen un montón de derivados del petróleo, los limpiadores de casa… etc.»
Esto, alerta Carucci, «es tremendo. Estamos rodeadas de tóxicos, que, para más inri, tienen una forma molecular parecida a los estrógenos. O sea, eso significa que afecta a todo nuestro sistema y hace que en la actualidad tengamos tantos síntomas».
o que propone con este libro es, digamos, vivir un poco mejor en esta etapa. En el libro ofreces una solución natural para cada síntoma. ¿Por dónde recomienda empezar a actuar?
Por este tema de los de los tóxicos. Eso es algo que todos podemos hacer: Podemos quitar los tuppers de plástico, usar solo un champú y que sea más saludable, y unos productos de limpieza más naturales. Pero poco a poco, cuando toca ir renovando. ¿Que se me acaba la lejía? Reemplazo por otras fórmulas de limpieza como el vinagre o el bicarbonato.
Nos podemos ayudar de que hoy tenemos la tecnología a nuestro favor para reconocer, dentro de lo que encuentro en el mercado, lo más saludable posible, no lo perfecto. Es decir, que si mi posibilidad es ir al supermercado, ver ahí lo que mejor encuentro. Así, a medida que vaya avanzando, voy perfeccionando.
Y la mujer con síntomas que no se siente bien, ¿por dónde recomienda empezar atacar?
Por su hígado. Debe eliminar al menos los tóxicos que conscientemente ingiere. Pero, en general, debe fijarse en qué síntomas presenta, porque es tu cuerpo diciéndote qué es lo que te está pasando. No es la menopausia en sí como entidad, es que está cambiando nuestra ‘comunicación’ interna.
A usted le gusta explicar por que la menopausia no es ‘una injusticia de la naturaleza’.
Fíjate que esto es muy importante, porque esta sentencia la escuchas en cualquier lado y dices: «ostras, no somos una desgracia, ¡nada que ver!». Vivimos más que los hombres y eso será por algo. La naturaleza no hace las cosas porque sí. Nos ha elegido, no les ha elegido a ellos, sino a nosotras, para dar vida, pero también para transmitir la experiencia a la descendencia. Y aunque no hayas tenido hijos, tienes sobrinos, primos, alumnos…
Entonces, cuando una mujer es consciente de que deja atrás su fertilidad pero que va a prolongar su vida en ese momento, ya no gasta tantos recursos y enlentece su vida, su metabolismo, su renovación celular, todo… Para prolongar la vida, a modo de chicle, y poder llegar a transmitir la cultura. Ese sería, digamos, nuestro propósito social. Hay culturas donde esto lo valoran muchísimo y entonces la mujer casi no tiene síntomas.
Lo bueno es que hay que pensar que si tu mente detecta que tienes un problema, tiene también la capacidad de arreglarlo. En esta transición, una saca figurativamente todos los muebles de su casa, y los vuelve a poner. En ese momento de cambio se arma un caos tremendo. Salen cosas de donde no había.
Hay que darse cuenta que en la etapa fértil, el principal órgano productor de hormonas están en los ovarios. Y en la menopausia pasan a las suprarrenales, que son estas glándulas que están arriba de los riñones. Es como cambiar de un coche de marchas a directo, hay que cambiarle el motor. En esa transformación es cuando pasa todo este caos.
¿Cuál es la buena noticia ante este ‘desorden’, digamos, general?
Lo que cambia es que los síntomas ahora se manifiestan y eres tú la que tienes que ayudar a modificar y arreglar esto.
¿Por qué hay mujeres que lo llevan fatal?
Gran parte del problema es que las mujeres no se conocen. Ahora se empieza a escuchar más sobre estrógenos y progesterona, pero hay que partir de una base: en la etapa fértil y en la perimenopausia, los estrógenos dominan antes de la ovulación. Después, hasta la menstruación, manda la progesterona, que nace principalmente de ese óvulo fecundado o no. Como en la perimenopausia la ovulación baja o falla, la progesterona es la primera que cae.
Recordemos que la progesterona es la hormona de la tranquilidad, del sueño, de la relajación y de los pensamientos a largo plazo. Las hormonas cambian nuestras emociones. Es esa energía de la «mujer sabia», pacífica. Cuando nos falta, en esa adaptación, nos volvemos más irritables, nos inflamamos y los síntomas se agravan: sueños irregulares, sofocos, irritabilidad y una temperatura corporal que ya no se regula igual.
Hay, insisto, mucha desinformación, un efecto «teléfono escacharrado». Se dice por ejemplo que los sofocos son por la bajada de estrógenos, pero no hay una correlación directa en todas las mujeres. Cada una es un mundo. Yo misma empecé con sudores nocturnos y resultó ser la Ashwaganda. Un médico hindú me lo aclaró: esa planta aporta calor. Si ya tienes «dominancia de fuego» en tu cuerpo, puede no sentarte bien.
¿Menopausia o Postmenopausia?
Hay que repetir los términos hasta que calen. La menopausia es solo un día: cuando cumples 12 meses sin regla. Lo anterior (que puede durar de 2 a 10 años) es la perimenopausia. Yo estoy en la postmenopausia, y sigo siendo mujer, no un «hombre pequeñito» (se ríe)…
La clave estaría en…
A nivel emocional, el cambio es fascinante. El estradiol (la hormona de la fertilidad) nos cablea para cuidar de los demás; es la que te hace saltar de la cama si un bebé llora. Pero en la postmenopausia domina la estrona, que nos dice: «primero yo, luego los demás». Es ese momento de decir «que llore el bebé, que ahora me toca comer a mí». Conocerte es la única forma de no gritar «socorro» cuando la menopausia asoma.
