¿Por qué prestamos tan poca importancia a los pies? Los problemas más frecuentes a cada edad.

¿Por qué prestamos tan poca importancia a los pies? Los problemas más frecuentes a cada edad.

Entre el 15 y el 30% de la población adulta tiene problemas en los pies.

Ramón Sánchez-Ocaña

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Aunque los problemas en los pies aumentan con la edad se puede decir que entre un 15 y un 30% de la población adulta tiene algún tipo de trastorno en esta zona de su cuerpo. Los más frecuentes, los relacionados con las uñas, los juanetes y las deformidades en los dedos.

Los problemas más frecuentes aparecen en la edad madura y la genética juega un papel determinante en su desarrollo; sin embargo, esos problemas se pueden acelerar por el uso de un calzado inadecuado. Y en este punto, como es habitual, se lleva la culpa el zapato de tacón. Hasta el punto que una mujer puede tener juanetes y los dedos deformados a los 20 años en lugar de a los 40, como ocurría años atrás.

El dolor como síntoma

Descuidamos excesivamente los pies. Quizá, como decían los expertos, porque andan por los suelos. Lo cierto es que de todo el organismo, de todos los aparatos, de todos los sentidos, de todos los órganos, a los que hacemos menos caso es a los pies.

La gran mayoría de españoles desconoce, por ejemplo, que gran parte de los trastornos más comunes del pie (pie plano, durezas, callos) se pueden corregir fácilmente para evitar patologías más graves como son las enfermedades de articulaciones y huesos.

Estos problemas afectan al 70% de la población que solo acude a la consulta del especialista cuando el dolor es lo suficientemente grande como para impedirle una marcha normal y correcta.

En un estudio realizado en el servicio de Reumatología del Hospital del Mar, de Barcelona, se comprobó que el 50% de los pacientes allí tratados calzaba un número menos del que le correspondía; como consecuencia aparecían durezas y callos en las partes blandas del pie y trastornos en la marcha. Eso demuestra el grado de desconocimiento de la población general en lo que se refiere al cuidado del pie. Los especialistas coinciden en que la mayoría de ciudadanos no sabe qué tipo de calzado debe usar.

Más mujeres que hombres

El 40% de la patología del pie es similar entre hombres y mujeres. Y debe destacarse que el calzado es uno de los factores que más influye en los trastornos del pie, sobre todo, en las mujeres. De cada cien pacientes afectados del antepié, 80 son mujeres y 20 son hombres.

El problema es que la mayoría de la gente no compra el zapato para los pies, sino para los ojos. Los compra con la vista. Aunque después el pie se queje. De todos modos, eso va cambiando. Y no hay más que ver cómo la moda impone ya otro tipode calzado. El uso (e incluso abuso) de las zapatillas deportivas, o los zapatos que las jovencitas de hoy utilizan son buena muestra de ello. Son zapatos anchos, gruesos en los que el pie no va apretado, sino en su sitio.

Ser conscientes de la importancia del pie

Seguramente, si se mirara ahora uno de sus pies, no caería en la cuenta de que ahí dentro del zapato, dispone de una perfecta pieza anatómica que tiene, para dar algún dato, nada menos que 26 huesos fundamentales; 19 músculos propios del pie, más de 120 ligamentos y la inserción de 12 músculos que proceden de la pierna. Todo eso ahí, formando una pieza precisa de compensación de fuerzas, de músculos, de tendones, que nos permiten eso aparentemente tan sencillo de andar, dar un paso, correr, saltar…

Pues bien, todo este conjunto de huesos, músculos, tendones, forman una perfecta bóveda que nunca ha sido capaz de imitar la arquitectura del hombre. Es un conjunto de bóvedas de precisión cuya labor consiste en distribuir las fuerzas.

Pie plano

Quizá la más conocida de las deformaciones sea el pie plano. Puede surgir en cualquiera etapa de la vida. Y para cada etapa hay una prevención específica.

En la infancia es cuando reviste más importancia, porque puede representar una rémora para siempre. Un principio debe quedar claro: el pie del niño no está preparado para andar hasta los dos años. De todos modos, podemos dejarle andar si surge por iniciativa propia. Pero nunca se le debe forzar a ello. De aquí se deduce la ineficacia –e incluso a veces, el perjuicio– que puede producir el tradicional andador o «taca-taca» que anticipa artificialmente, el momento en el que el niño debe andar y le priva, además, de buena parte del gateo que resulta sumamente beneficioso para su desarrollo muscular.

Un pie infantil se puede deformar por obligarlo a estar de pie o caminar antes de tiempo, porque de los 26 huesos de que consta el pie, tan solo 21 –a lo sumo 22– están osificados. El resto, permanecen aún en situación de cartílago, esperando el tiempo para que tomen la consistencia y la fortaleza del hueso. Y precisamente, esos huesos que no lo son propiamente todavía –escafoides, cuboides y cuña– forman parte de la bóveda del pie.

En una segunda etapa, en la que el niño ya anda, se pueden tomar también una serie de medidas de prevención que habitualmente son vulneradas por los padres. Por ejemplo, la colocación de gruesos pañales obligan al niño a adoptar una postura forzada en la que se ve implicada la cadera, la rodilla y el  propio pie. Para dar una idea del volumen que ponemos al niño entre las piernas, baste decir que es como si nosotros nos pusiéramos una abultada almohada.

Otra de las medidas preventivas en la infancia es la de adoptar el calzado adecuado para cada edad. El primer calzado debe ser el de gateo, de piel flexible y reforzado en la puntera. Cuando el niño comienza a caminar, es aconsejable utilizar preferentemente botas que le sujeten bien, con el contrafuerte más bien duro y la punta redondeada para que no le oprima los dedos. La atadura mejor de cordones que de hebilla.

El niño debe calzar zapatos de su medida. Otro comportamiento totalmente erróneo es el de calzar a los niños con zapatos ortopédicos si no los necesita. En el caso de que se sospeche que el niño puede tener los pies planos, nunca le ponga por su cuenta unos zapatos más o menos ortopédicos. Acuda a un especialista que tras el diagnóstico aconsejará el zapato más adecuado.

Una práctica beneficiosa para el niño y la conformación futura de su pie, es la de dejarle andar descalzo (con las medidas oportunas para que no se haga daño, ni se enfríe). Andar sobre arena es aconsejable.

En el adulto, el calzado adquiere mayor importancia. Hay determinadas profesiones que por sus especiales características obligan a estar muchas horas de pie. Y eso es un riesgo de deformación si no se lleva el calzado correcto. Como regla general puede decirse que no es conveniente el tacón elevado, porque sitúa al pie en posición de permanente extensión de la planta, sobrecargando la bóveda anterior y acortando el arco plantar. Durante el embarazo, dos factores pueden incidir negativamente sobre los pies. El aumento de peso, con la consiguiente sobrecarga para ellos, y el desplazamiento del eje del cuerpo. El ama de casa no deberá abusar de un calzado en el cual el pie esté totalmente relajado en el ir y venir durante sus labores. Es mejor un calzado que sujete el pie.

En las personas mayores y debido a la atonía muscular y el relajamiento de los ligamentos, el pie debe ir siempre bien sujeto, sin oprimir. Y se puede compensar la dureza del piso del calzado utilizando una plantilla blanda.

Juanetes

Se define como la “afección del antepié caracterizada por un abultamiento en la cara interna de la articulación metatarsofalángica del primer dedo que hace prominencia bajo la piel y que debido al roce del calzado origina un higroma subcutáneo que puede llegar a infectarse y ulcerarse”.

En la mayoría de las ocasiones origina un problema muy doloroso aunque también es cierto que muchas veces es perfectamente tolerado y quien acude a una consulta lo hace solo por un problema estético.

Es muchísimo más frecuente entre mujeres que entre varones y aparece sobre todo  en los años previos a la menopausia. Y aunque se atribuya siempre al tacón, hay que buscar también factores genéticos (hay muchachas jóvenes que no han tenido tiempo de deformar el pie, y en tribus africanas que no usan calzado también hay juanetes).

No es raro que el juanete vaya unido a otras alteraciones en la forma de los pies, como el segundo dedo en martillo.

Cuando no es muy pronunciado y sobre todo cuando aún se es joven y cabe posibilidad de corrección suelen proponerse unas férulas que se colocan durante la noche. Son férulas de corrección que se colocan en la parte interna del pie, enderezando el dedo. Tiene utilidad muy relativa. Normalmente la solución es quirúrgica.