Cuando la discapacidad no está reñida con los empleos en el pujante campo de la tecnología.

Cuando la discapacidad no está reñida con los empleos en el pujante campo de la tecnología.

La Fundación Goodjob forma y ayuda a personas con algún tipo de discapacidad a encontrar trabajos en ciberseguridad o análisis de datos en grandes empresas.

Virginia Gómez

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Judith Castrejón ha sido restauradora de arte, artista fallera, dependiente, empleada en una fábrica… Mantener un trabajo durante un largo periodo después de que la enfermedad de Crohn llegase a su vida le ha sido prácticamente imposible durante años. Hoy es analista de datos en el campo de la ciberseguridad en Telefónica por tiempo indefinido.

Diego Hidalgo ha trabajado dentro de televisión en publicidad, atrezzo y vestuario y también en varias empresas de telecomunicaciones, en facturación, fraude… hasta que le diagnosticaron artritis psoriásica, y entonces todo se complicó. Desde hace algo más de un año trabaja en ciberseguridad en la misma compañía que Judith y con un contrato sin límite, detectando de qué tipo son los ataques que sufren las empresas.

Ellos son un ejemplo claro de la labor que realiza la Fundación Goodjob, que desde que echó a andar en 2015 ha ayudado a más de 300 personas con algún tipo de discapacidad -ya sea física, psíquica, sensorial o enfermedad mental- a conseguir un empleo estable en uno de los sectores más punteros, el de la tecnología, y, lo es más curioso, sin tener experiencia previa.

Esa es la principal misión de esta organización sin ánimo de lucro, que dentro de su programa de empleabilidad Impact, forma a personas de mediana edad en ciberseguridad, analítica de datos o cloud durante ocho semanas de forma online en las que les dotan de herramientas para que puedan trabajar en niveles básicos como profesionales júnior. Telefónica, Athos o Capgemini son algunas de las grandes compañías con las que han trabajado mano a mano para dar una oportunidad a este tipo de personas.

DEL SALTO IMPENSABLE A LA FORMACIÓN

Ninguno de los dos protagonistas de esta historia, como otros tantos, imaginaron nunca trabajar en el campo tecnológico, pero a día de hoy están más que felices. Y hasta piensan en seguir formándose para avanzar en sus puestos.

«He llegado a trabajar seis meses a muerte pese a saber que luego acabaría en un ingreso hospitalario. A veces en condiciones inhumanas, en pañal, sin comer, para que no me despidieran. Ahora no sólo tengo un trabajo que me mantiene sino que puedo ir al médico o puedo pedir una baja sin que nadie de mi alrededor me diga que soy un vaga», relata Judith, de 31 años, de su antes y después. Se siente agradecida con la labor que llevan a cabo en Goodjob.

Lo mismo que Diego, que ahora siente que ha encontrado su lugar después de haber pasado por un montón de trabajos con los que no estaba del todo contento. Su enfermedad le provoca fuertes dolores en las articulaciones y de su último trabajo, durante una crisis, lo despidieron. En Goodjob «han confiado en mí. Me gusta muchísimo lo que hago. Ahora voy a hacer un curso de ciberinteligencia», sostiene este empleado, que se ha reinventado a los 50.

«El sector de la digitalización está cambiando los puestos de trabajo, y nosotros, donde hay un problema creamos una oportunidad«, señala César López, el director general de esta fundación sita en Tres Cantos, quien nos da algunos apuntes sobre cómo funcionan.

UN TRAMPOLÍN HACIA LA EMPRESA PRIVADA

La ONG, tras el periodo de formación, contrata a sus alumnos durante un año para que presten servicios en compañías tecnológicas de la mano de un asesor (a veces voluntarios de las propias empresas), que siempre está con ellos para ayudarles en su integración. Y pasado ese tiempo, normalmente los empleados pasan a depender exclusivamente de la empresa para la que han estado trabajando.

«La tasa de paro de las personas con discapacidad es 10 puntos superior al resto. La mayoría tiene trabajos precarios, en jardinería, limpieza, consejerías, puertos industriales… y siempre con un alto nivel de temporalidad», detalla López en conversación con GRAN MADRID López, quien además subraya que la mayoría de las empresas subcontratan a este tipo de trabajadores a través de centros especiales de empleo pero no les incluyen dentro de sus plantillas como trabajadores de ley. «De cada 100 contratos a personas con discapacidad en Madrid, 75 se producen en centros especiales de empleo», añade.

Por normativa, las empresas con más de 50 empleados están obligadas a contratar a un 2% de personas con discapacidad. O, por tres años, tienen la posibilidad de donar 10.000 euros a una fundación. Pero la tendencia por integrarles del todo en la sociedad «no cambia», destaca el responsable de la fundación.

«Nosotros proponemos que las personas discapacitadas trabajen en empresas ordinarias. La revolución digital es una oportunidad para pasar a empleos cualificados«, sostiene López antes de asegurar que «en el sector tecnológico no están cubriendo los puestos de trabajo».

Hasta ahora, la fundación, en su labor, ha conseguido una ratio de empleabilidad del 70%. Sus alumnos son en su mayoría trabajadores de entre 35 y 55 años con discapacidades sobrevenidas. Y el 30% de los que pasan por su programa son mujeres, un porcentaje bastante alto para el sector.

Esta próxima semana, Goodjob pondrá en marcha la séptima edición de su programa de empleabilidad -cuya rama en ciberseguridad, denominada Include, fue reconocida el pasado año por la fundación «la Caixa» en los Premios a la Innovación Social- para seguir sumando números a sus cifras.