Cómo sanar las cinco heridas emocionales de una niña para que no condicionen su vida adulta.

Cómo sanar las cinco heridas emocionales de una niña para que no condicionen su vida adulta.

Las heridas emocionales que una niña puede sufrir durante su infancia como el rechazo, abandono o traición vaticinan, la mayoría de las veces, cómo será su vida cuando sea adulta.

S.F

El ego, esa construcción mental de quién eres, es decir una autoimagen, un «yo» que hemos construido a partir de experiencias y creencias, no permite que descubramos nuestra verdadera esencia, todo lo que poseemos en nuestro interior. Según explica Ester López, Terapeuta Qilimbic, esto hace que percibamos ciertas resistencias y reacciones ante las personas al darnos cuenta de que sufren una herida, pero su conducta tiene su origen en experiencias de no aceptación por parte de los padres.

Heridas emocionales

Rechazo es una herida muy profunda, ya que quién la sufre se siente rechazado en su interior y, sobre todo, siente rechazo con respecto a su derecho de existir. De las cinco heridas, esta es la primera que se manifiesta y está presente desde muy temprana edad en la vida de una persona. Vive el rechazo desde el nacimiento, e incluso desde antes de nacer. Un bebé no deseado, el que llega por accidente, o el que nace del sexo contrario al que han deseado sus padres serían algunos ejemplos.

La persona que se siente rechazada no es objetiva, pues interpreta lo que sucede a su alrededor a través del filtro de su herida y se siente rechazada aun cuando no lo es. Es así como se convierte en una persona huidiza para evitar el rechazo.

Abandono. Quienes sufren abandono consideran que no son queridas. Y la forma de protegerse y ocultarlo es siendo dependientes. De los cinco tipos, la persona dependiente es la más propensa a convertirse en víctima. Una víctima es una persona que crea todo tipo de problemas en su vida, pero especialmente problemas de salud para llamar la atención. Esto responde a las necesidades de la persona dependiente, que cree que nunca recibe suficiente atención.

Humillación. Ocurre en el momento en que la niña siente que uno de sus padres se avergüenza de ella. Cuando ha hecho algo que está mal o cuando está sucia, por poner un ejemplo, y esto provoca que la pequeña se sienta rebajada, degradada, comparada o avergonzada. La niña que sufre esta herida se crea una máscara de masoquista encontrando satisfacción e incluso placer sufriendo. Aun haciéndolo inconscientemente, busca el dolor y la humillación la mayor parte de las veces. Se las ingenia para hacerse daño o castigarse antes de que alguien más lo haga.

Traición. Esta herida suele surgir entre los dos y los cuatro años, cuando se desarrolla la energía sexual y aparece el complejo de Edipo. Esta herida se vive con el progenitor del sexo opuesto, el padre.

Se ocupa mucho de los asuntos de los demás. Como es rápida para ver todo lo que sucede a su alrededor y se considera más fuerte que el resto, se hace cargo fácilmente. Cree que debe de ayudar a los demás a organizar sus vidas, sin darse cuenta de que actúa así para controlar. Cuando se hace cargo de los problemas ajenos, siente que los demás son más débiles. Es una forma de «camuflar» su debilidad. Es una persona muy sensible, aunque está demasiado ocupada en demostrar su fuerza.

Injusticia. Esta «laceración» se genera cuando se despierta la individualidad de la niña, entre los tres y los cinco años, cuando la niña toma conciencia de que es un ser individual y una persona aparte. La niña vive la relación con frialdad, percibe autoritarismo, críticas frecuentes, severidad e intolerancia.

La forma de tapar esta herida es con la rigidez. La persona marcada con este tipo de herida es muy sensible, pero desarrolla una capacidad de no sentirla y de no mostrarla. Se engaña creyendo que nada debe tocarla, y por eso parece fría e insensible. «La niña que se siente rechazada por cualquier razón intenta evitarlo siendo lo más perfecta posible, aunque pasados algunos años ya no siente que la quieren pese a sus intentos de imperfección, lo que considera injusto. Entonces decide controlarse y ser tan perfecta que nunca más será rechazada y se desvincula de sus sentimientos para no sentir más el rechazo», añade López.

Cómo sanar las heridas emocionales

Según explica Ester, reconocer estas heridas nos ayuda a poner luz y a comprender nuestro comportamiento. Sirve para tener un hilo del que tirar para poder adentrarte y sanarlas para cambiar la forma en la que te relacionas y percibes el mundo. Y esta es la parte importante: estar preparada para entrar en lo más profundo de tu existencia para encontrarte cara a cara con aquello que te ha estado condicionando todos estos años. «Para hacer este trabajo considero imprescindible, como siempre, adentrarnos en el subconsciente. Necesitamos que el sistema nos transporte al origen, al momento de tu existencia o incluso antes, donde se originó la herida. Y debemos hacerlo de forma independiente, es decir, cada vez vamos a adentrarnos a buscar el origen de cada una de ellas, si fuera el caso de contar con varias», señala Ester.

Y es que estando en ese punto de semiinconsciencia en el que se descubre la iniciación de esa herida, de ese trauma, se puede comenzar a trabajar con tapping y con reprocesamiento cerebral. Se permite al sistema que vaya procesando y liberando la carga emocional y sanando realmente esa herida. Generando nuevas conexiones neuronales que nos permitan vivir desde otro estado de conciencia, desde otro punto en el que esa herida o trauma ya no sea quien condiciona nuestra vida. Donde esa niña interior herida ya no es la que nos hace ser reactiva porque nuestras heridas ya han sanado.

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