Cómo conectar emocionalmente con tu hijo adolescente.

Cómo conectar emocionalmente con tu hijo adolescente.

No es fácil vivir con dos personas en constante ebullición, con poca capacidad para la autocrítica, que caminan entre la euforia y el catastrofismo, el llanto y las risas desbocadas.

Sonia López Iglesias

La adolescencia es la etapa en la que nuestros hijos más necesitan que les acompañemos con serenidad, comprensión y empatía. Que les ayudemos a entender el mundo cambiante que les rodea, a ayudarles a poner freno a su impulsividad, a quererse con avaricia.

– Me cuesta creer que hayáis crecido tanto.

– ¿Te gustaba más cuando éramos pequeños?

– No, me hace muy feliz veros tan mayores.

– ¿Aunque discutamos mucho más que antes?

– Aunque en ocasiones nos cueste entendernos.

Les observas y te das cuenta de que ya no son aquellos niños a los que acurrucabas entre tus brazos cuando tenían miedo o te pedían un cuento antes de irse a dormir. Ahora veo a dos jóvenes con ganas de descubrir el mundo a su manera, a los que en muchas ocasiones les cuesta escuchar mis opiniones y que solicitan permiso para alejarse del nido.

Dos personas en proceso de cambio, de descubrimiento, de construcción de su propia identidad. Con emociones poco moduladas, con sentimientos confusos, con altas dosis de impulsividad.

Tengo la suerte de vivir junto a dos adolescentes, dos jóvenes con ganas de retar el mundo, de descubrir caminos, de perseguir sueños. Que exprimen la vida, llenos de ilusiones, miedos y emociones a la máxima intensidad.

Sin duda, como mamá, la adolescencia es la etapa en la que siento que mis hijos más necesitan de mi ternura, mi paciencia y compresión. Que les escuche y acompañe con serenidad y estemos en sintonía. El momento donde más les hace falta que les repita que les amo sin condición, que estoy ahí pase lo que pase aunque lo haga concierta distancia respetando su intimidad.

Y sí, no es fácil educar en esta etapa educativa tan convulsa que tanto nos desconcierta. Dejar crecer a nuestros hijos sin sobreprotegerles, encontrar el equilibrio entre la exigencia y la libertad, saber preguntar y escuchar. Entender la rebeldía, las contradicciones, la atracción que tienen por el riesgo.

No es fácil vivir con dos personas en constante ebullición, que estallan a menudo sin poder entender muy bien el motivo. Con poca capacidad para la autocrítica, que caminan entre la euforia y el catastrofismo, el llanto y las risas desbocadas.

No es fácil acompañar con serenidad a dos jóvenes a los que le cuesta reconocer sus errores, que están inmersos en un caos de cambios, que les cuesta superar la frustración. Que habitan en una vorágine de sentimientos, de dudas y deseos.

No es fácil entender que en ocasiones se muestren huraños, que tengan comportamientos desmesurados, que no sepan gestionar correctamente sus arrebatos de agresividad o ira.

No es fácil aceptar que nuestros hijos necesiten pasar horas en sus habitaciones enganchados a sus pantallas y auriculares, interactuando a través de las redes con su grupo de iguales.

Que fácil es perder la paciencia con ellos, contagiarse de sus cambios de humor, sentirse herido con sus cuestionamientos. No alzar la voz cuando dan portazos o realizan juicios de valor que llenan de recelos el hogar.

Los adolescentes son rebeldes, egocéntricos, transgresores de normas, impulsivos. Pero también son cariñosos, colaboradores, creativos y divertidos.

Ojalá fuésemos capaces de recordar cómo éramos nosotros durante esta etapa para poder mostrarnos mucho más empáticos. Ser más conscientes de lo difícil que es para ellos madurar en una sociedad consumista, globalizada e individualista como la nuestra.

Aprovechemos esta etapa educativa, compleja pero maravillosa, para estrechar vínculos, para acercar posturas, para demostrarles nuestro amor incondicional. Para conectar con ellos emocionalmente, acompañarles sin dramatismos y con grandes dosis de sentido común y humor.

  1. Confiemos en ellos, aprendamos a dejar la distancia necesaria para que puedan crecer libres, para que tomen decisiones de forma autónoma. Dejémosles dibujar su propio camino y tomar decisiones aunque sepamos que van a equivocarse.
  2. Consensuemos normas, flexibilicemos límites, establezcamos consecuencias cuando no cumplan los pactos. Busquemos un equilibrio entre el vínculo afectivo y las reglas.
  3. Regalemos miradas que acojan, palabras que entiendan, abrazos que protejan, espacios que acerquen sin juzgar. Recordémosles a diario lo mucho que les queremos y valoramos sus esfuerzos. Comprendamos sin justificar, no magnifiquemos o empeoremos los conflictos.
  4. Seamos el mejor de los ejemplos a la hora de gestionar los conflictos, de controlar nuestra ira, de empoderarnos. No olvidemos nunca que el ejemplo arrastra.
  5. Hablemos con ganas de entendernos, sin interrogaciones, ironías, tonos acusativos o comparaciones. Con un lenguaje lleno de respeto y grandes dosis de afectividad. Pactemos fórmulas que satisfagan a ambos lados, interesémonos por aquello que les gusta o les preocupa. Animémosles a construir preguntas que les ayuden a entender.
  6. Respetemos la intimidad que necesitan, sus ritmos vitales, sus silencios que calman. Ayudémosles a asumir sus responsabilidades sin expectativas que ahoguen, a quererse con sus capacidades y defectos.
  7. Aceptemos que las pantallas son el cordón umbilical de sus relaciones, su ventana al mundo. Pactemos los momentos sin conexión, intentemos conocer los contenidos que consumen.
  8. No infravaloremos sus emociones, preguntémosles qué es lo que les preocupa, ayudémosles a encontrar respuestas a sus inquietudes o miedos. Enseñémosles a gestionar los riesgos, los cambios anímicos, la melancolía.
  9. Démosles protagonismo dentro de la familia, valoremos sus opiniones, escuchemos sus demandas. Busquemos actividades que fortalezcan nuestras relaciones.
  10. Acompañemos con toneladas de paciencia, serenidad y empatía. Compartamos con ellos cómo nos sentimos cuando pierden los papeles, eduquemos des del respeto mutuo.

Como nos recuerda el psicólogo y periodista Jaume Funes: “ querámosles cuando menos lo merecen porque es cuando más lo necesitan, cuando más vulnerables son”.

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Arrugas (2011)
Emilio, un antiguo ejecutivo bancario, ingresa en una residencia de mayores tras comenzar a manifestar los primeros síntomas de Alzheimer. Allí conoce a Miguel, un residente ingenioso y de carácter despreocupado, con quien entabla una estrecha amistad. Cuando la enfermedad de Emilio avanza, Miguel y otros residentes intentan ayudarle para evitar que sea trasladado a la planta destinada a las personas con mayor necesidad de cuidados. A través de su convivencia, la película retrata la amistad, los cuidados y la vida cotidiana en una residencia desde una mirada cercana y humana.
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Ignacio Ferreras
🎨
Drama

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España
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89 min
El exótico Hotel Marigold (2011)
El exótico Hotel Marigold cuenta la historia de un grupo de jubilados británicos que viajan a la India para comenzar una nueva etapa de su vida en lo que creen que será un hotel recién renovado. Al llegar a Bangalore, descubren que la realidad no es exactamente la que esperaban y las diferencias culturales pronto les plantean diversas dificultades. Sin embargo, poco a poco, el Hotel Marigold y su entorno acaban transformándose en un lugar que les ofrece nuevas experiencias y formas de entender la vida.
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John Madden
🎨
Comedia dramática

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Reino Unido
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124 min
Elsa y Fred (2005)
Elsa (China Zorrilla) es una mujer mayor, optimista y llena de vitalidad, que disfruta de la vida y persigue sus sueños. Cuando conoce a Fred (Manuel Alexandre), un viudo recién instalado en el mismo edificio, comienza una relación marcada por sus diferencias de carácter y forma de entender la vida. A medida que pasan tiempo juntos, ambos descubren nuevas maneras de afrontar la vejez, superar el pasado y disfrutar del presente. La película aborda temas como el amor en la madurez, la ilusión y la importancia de aprovechar cada etapa de la vida.
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Marcos Carnevale
🎨
Comedia dramática / romance

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Argentina / España
🕐
108 min
Gran Torino (2008)
Walt Kowalski (Clint Eastwood), un veterano de la guerra de Corea y trabajador jubilado de la industria del automóvil, acaba de enviudar y vive solo en un barrio de Detroit en plena transformación. Es un hombre solitario, de carácter duro y con dificultades para aceptar los cambios sociales y culturales de su entorno. Su vida da un giro cuando su joven vecino intenta robar su coche, un Gran Torino de 1972. A partir de este encuentro surge una relación inesperada que cambiará su forma de entender a las personas que lo rodean.
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Clint Eastwood
🎨
Drama

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EE.UU.
🕐
116 min
Paseando a Miss Daisy (1989)
Daisy Werthan (Jessica Tandy), una viuda de 72 años, pierde parte de su independencia tras sufrir un pequeño accidente con el coche. Aunque al principio rechaza la idea de dejar de conducir, su hijo decide contratar a Hoke Colburn (Morgan Freeman) como chófer. La relación entre ambos comienza con cierta desconfianza, pero, con el paso de los años, desarrollan una profunda amistad marcada por el respeto mutuo, el apoyo y los cambios que ambos afrontan a lo largo de sus vidas. La película retrata el envejecimiento, la autonomía y las relaciones humanas en el contexto del sur de Estados Unidos durante varias décadas.
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Bruce Beresford
🎨
Drama / comedia

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EE.UU.
🕐
99 min
UP (2009)

Carl Fredricksen, un hombre de 78 años, decide emprender el viaje que había planeado durante toda su vida junto a su esposa fallecida. Para ello, hace volar su casa gracias a miles de globos de helio y parte hacia América del Sur. Sin embargo, su plan se complica cuando descubre que viaja acompañado por Russell, un joven explorador que aparece inesperadamente en su aventura. Juntos emprenden un viaje que los lleva a atravesar distintos obstáculos y situaciones inesperadas.

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Pete Docter y Bob Peterson
🎨
Animación / aventura

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EE.UU.
🕐
96 min
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