La pobreza contada en cuatro familias con niños.

La pobreza contada en cuatro familias con niños.

Las madres solas y los hogares que conviven con abuelos son los más vulnerables, según un informe de Save the Children.

María Sosa Troya

Es una lucha constante. Por pagar el alquiler. Por que no corten la luz. Por una nevera que no esté vacía. Por que sus hijos noten lo menos posible que tienen menos oportunidades que el resto. Es el común denominador de los hogares vulnerables en España. Un informe de Save the Children analiza las más de cinco millones de familias con niños en España y las divide en seis categorías. Solo dos de ellas se escapan de la vulnerabilidad, las clases media alta y la clase media, que es el grupo más numeroso, con cerca de cuatro millones de hogares. Sin embargo, otras 850.000 familias conviven con el riesgo de caer en la exclusión.

Save the Children ha analizado los 5,1 millones de familias que tienen niños en España, según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE). Mediante un algoritmo las ha dividido en seis grupos que ordenados por riesgo de vulnerabilidad son: madres solas en situación de pobreza; abuelos, padres y nietos en situación de pobreza; trabajadores de origen extranjero; trabajadores pobres en grandes ciudades; clase media, y clase media alta. Estas son las características principales de esos hogares, las que los definen. Los grupos no son excluyentes. Así, una madre soltera con un buen sueldo será considerada como clase media o media alta, no como madre sola. La fórmula ha tenido en cuenta variables como la renta, el nivel educativo o la tenencia de vivienda. «Este estudio nos permite comprobar cómo son y cómo viven estas familias», dice Gabriela Jorquera, autora del informe.

«Intento que mis hijos no pasen frío en casa»

MÁS POLÍTICAS DIRIGIDAS A FAMILIA E INFANCIA

Más de dos millones de niños viven en riesgo de pobreza en España. Son el 26,8% de los menores en un país en el que se invierte el 1,3% del PIB en políticas en familias e infancia, frente al 2,4% de media de los países de la OCDE, según destacan en Save the Children.

Por ello esta organización pide al nuevo Gobierno más políticas sociales dirigidas a este sector de la población. «El 80% de los niños y niñas que han nacido en una familia pobre serán adultos pobres. Debemos romper ese círculo de desventaja que se hereda y que lastra a la infancia y a la sociedad», sostiene Andrés Conde, director general de Save the Children.

Por este motivo, piden que se aumente la prestación por hijo a cargo —que reciben familias en situación de pobreza— hasta llegar a los 100 euros mensuales (actualmente son 341 anuales), proteger a las familias monoparentales, impulsar mejoras en los permisos de maternidad y paternidad y para conciliación de la vida laboral y familiar, que se promueva la calidad del empleo, el derecho a la vivienda y que se garantice la igualdad de oportunidades en la educación y la calidad educativa.

«No duermo», afirma Chamsoadoha Saidi. Lo cuenta como si fuera algo normal. «Como mucho una hora o dos algunos días. Un día a la semana libro y entonces sí descanso». Esta mujer de 54 años compagina dos trabajos para poder sacar a sus hijos adelante. Cuida a dos ancianos. A uno por la mañana por 600 euros al mes, a otro por la noche, por 300. Está sola y tiene cuatro bocas que alimentar. Su hija mayor vive ahora en una residencia porque tiene una discapacidad del 88%. Los cuatro chicos tienen de 13 a 20 años. «Ellos estudian, no como yo, que no pude», dice esta mujer que vive en Leganés (Madrid).

Hay 56.019 hogares dentro de esta categoría, la más vulnerable. La mayoría de las madres de este grupo tienen un bajo nivel educativo. Lo cual, sumado a las dificultades para conciliar, hace que se enfrenten a enormes dificultades para encontrar trabajo. El 60% está en paro. Nueve de cada 10 son de origen español.

Saidi no, aunque llegó a España desde Marruecos hace 34 años. Ha experimentado la desesperación de no saber de dónde sacar lo que necesitan sus hijos. Nueve de cada 10 mujeres de este grupo no pueden afrontar gastos imprevistos como una avería en la nevera o unas gafas. Siete de cada 10 están en riesgo de pobreza, lo cual quiere decir que el hogar ingresa menos del 60% de la mediana de renta del país. Para una madre con dos niños pequeños, por ejemplo, esto significa cobrar menos de 14.193 euros anuales.

Saidi lleva años por debajo del umbral de pobreza. Sabe lo que es caer, tocar fondo y volver a ponerse de pie. «Estuve al borde del desahucio. Yo tenía una panadería. En 2009 se juntó mi divorcio con la crisis. Lo perdí todo y acumulé una deuda de 9.000 euros. Ahora estoy limpia», explica. «Tenemos los 385 euros de alquiler. Con la ropa sí tengo que pedir ayuda a ONG. E intento que mis niños no pasen frío en casa. Si no puedo comer, me quito de lo que sea. No tenemos lujos, pero ahora estamos más tranquilos».

Este grupo es el segundo más susceptible de estar en exclusión. «Nosotros tratamos de calentar una habitación y juntarnos todos allí hasta que nos vamos a dormir», cuenta Lisbeth Carolina Sopillo, que llegó de Venezuela hace tres años y vive con su marido, su hija de nueve años y su madre. La mayoría en este grupo son, sin embargo, de origen español. «El esfuerzo que hacemos es inmenso, me las ingenio para llegar a fin de mes con mi sueldo de 871 euros. 550 son para el alquiler, que me van a subir a 700», explica esta mujer de 46 años. En este grupo hay 688.058 hogares y casi la mitad está en riesgo de pobreza. Son familias grandes, con casi cinco miembros de media. Seis de cada 10 no pueden afrontar gastos imprevistos.

El salario de Sopillo es el único que entra en casa. Residen en Getafe (Madrid). «Mi marido tiene 70 y mi madre 63, no pueden trabajar. Yo soy cocinera en la Comisión Española de Ayuda al Refugiado. A veces puedo traer algo de comida a casa, o me ayudo del banco de alimentos». Solo el 25% de los integrantes de este grupo trabaja a jornada completa. «Yo estoy peleando por conseguir las dos horas que faltan hasta lograr hacer ocho al día. Y tendré que buscarme otro empleo porque si no, no sé cómo lo vamos a hacer». En su país estudió Ingeniería Química, aunque no llegó a ejercer. Sin embargo, en este grupo más de la mitad solo llegó a superar primaria. «Allí teníamos una empresa. Aquí he convertido mi hobby, la cocina, en mi modo de poder ganarme la vida»

«El estrés es terrible… Es un sinvivir»

Ana prefiere no dar su verdadero nombre. Vive en Madrid, en un barrio con mucha inmigración, aunque ella es española, como el 100% de este grupo de hogares en lo cuales abundan las familias grandes, de al menos cinco miembros. A sus 31 años, vive con su abuelo, que pronto cumplirá 84, su madre, de 53, y sus tres hijas de siete, ocho y 12 años. Su sueldo y la pensión de su abuelo son los únicos 900 euros que entran en casa. En los hogares de este grupo el 42,1% de los cabeza de familia trabajan a jornada parcial. También Ana: 20 horas en una tienda.

En esta categoría, casi nueve de cada 10 solo tienen hasta tercero de la ESO. «Yo sí estudié», dice Ana, «para ser auxiliar administrativa, pero siempre me han pedido experiencia para contratarme y como no tenía, no he podido ejercer». Así que va tirando como puede. Tras huir del padre de sus hijas, un maltratador, volvió a casa de su madre, que tuvo que cerrar su bar durante la crisis. «Nunca he logrado un contrato de más de un año, siempre me despiden antes de que tengan la obligación de hacerme fija. Menos mal que tengo a mi madre y que me ayudan en la Fundación Balia, donde las crías reciben atención psicológica y asistencia con los deberes», cuenta. «Hago lo que puedo con los gastos, voy priorizando y pago los recibos urgentes… a lo mejor acumulo varios de luz si no me llega y luego los pago de golpe. El estrés es terrible… Es un sinvivir».

«Necesito un contrato para que me renueven los papeles»

Son 85.276 familias y casi cuatro de cada 10 están en riesgo de pobreza —es el cuarto grupo más vulnerable—, pese a que el 97,8% de los responsables del hogar trabajan a jornada completa. Elizabet Alandia tuvo un contrato indefinido. «Pero el anciano al que cuidaba se murió», dice esta mujer de 49 años. Ella y su marido son de Bolivia y ahora viven en Valencia con sus hijos, de siete y 10 años (en Bolivia tiene otros cuatro hijos ya adultos de un matrimonio anterior).

«Yo no pude estudiar, pero mi actual esposo era profesor de secundaria en mi país; aquí no tiene papeles y eso que llegamos hace 13 años», se lamenta. Como él, casi la mitad de los integrantes de este grupo tiene estudios superiores. «Lo único que puede hacer es trabajar en lo que le va saliendo, en la construcción, por ejemplo, a veces lo contratan un par de días. Y yo voy a limpiar casas cuando me llaman. Pero están pagando muy mal, 600 euros a una interna que trabaja de domingo a domingo», se queja. «Ganamos como mínimo unos 450 o 500 euros al mes. Intento que mis hijos no se den cuenta de la situación, aunque la mayor ya va siendo consciente», dice. «A veces no duermo, solo pienso que tengo que salir a buscar trabajo. Necesito un contrato antes de diciembre para que me renueven los papeles».

«Tenemos suerte, a nuestros hijos no les falta nada»

«El informe refleja que somos un país de clase media», cuenta la autora, Gabriela Jorquera. Los hogares de clase media son el grupo más numeroso. Cerca de cuatro millones de personas. El 80% de estos hogares están formados por dos adultos con uno o dos niños; en la mayoría el cabeza de familia trabaja a jornada completa y tiene la secundaria acabada o estudios superiores. Casi todos, nueve de cada 10, son españoles.

Alberto, que prefiere no dar su nombre real, se ajusta al perfil. Vive en una pequeña localidad de Gran Canaria. Solo él tiene un sueldo, como vigilante a jornada completa. Cobra unos 1.300 euros.  «Mi mujer tuvo que dejar el empleo para cuidar a los niños, de cinco y cuatro años. La conciliación, si no, sería imposible. Ella era dependienta en una tienda y habríamos necesitado ayuda porque yo trabajo de tarde», cuenta este hombre, de 44 años.

«Mi mujer acabó la educación secundaria y empezó a trabajar. Yo sí estudié varios módulos y también me formé para ser vigilante», añade. «Los niños fueron muy buscados, estábamos relativamente bien y queríamos que se criaran juntos. Hay que controlar los gastos, no podemos tener todo lo que nos gustaría con solo un sueldo en casa. Pero tenemos suerte y vivimos bien, a nuestros hijos no les falta nada».

«La crisis no nos afectó»

Estas familias grandes, con más de cuatro miembros, son el perfil con mayores ingresos. Todos los hogares de este grupo formado por 300.897 familias son de origen español y casi nueve de cada 10 residen en zonas urbanas. Prácticamente todos tienen estudios superiores y trabajan a jornada completa, lo cual se refleja en unas rentas más elevadas. Es el caso de Marcos y su familia. Tiene 38 años y es policía. Su mujer, de 32, está terminando ahora la carrera de Derecho. Antes tuvo dos niñas, de casi cuatro y tres años. «Fueron muy deseadas. Ingresamos unos 60.000 euros al año, entre mi sueldo, la pensión de mi suegra, que vive con nosotros, y el alquiler de una segunda vivienda que tenemos en propiedad», cuenta. «La crisis generó incertidumbre social y nos animó a evitar riesgos, pero la verdad es que personalmente no nos afectó».

https://elpais.com/sociedad/2020/02/05/actualidad/1580900434_822503.html