Crece el abuso de las urgencias ante un sistema sanitario saturado.

Crece el abuso de las urgencias ante un sistema sanitario saturado.

En los últimos cinco años la atención urgente en los hospitales españoles ha aumentado un 9% sin que haya motivos de salud ni un incremento poblacional que lo justifiquen.

Pablo Linde – Madrid

Las urgencias de los hospitales españoles están hasta arriba. Lo constatan los médicos que trabajan en ellas, que se quejan de saturación, de falta de personal y de una dudosa educación sanitaria de algunos ciudadanos, que a menudo acuden a este servicio sin una necesidad real. También lo muestran los datos. En los cinco últimos años con estadísticas disponibles, el número de urgencias atendidas en hospitales ha aumentado un 9%, según datos de las comunidades autónomas recopilados por este periódico (ver gráfico). Mientras, la población española está prácticamente estancada.

¿Qué lleva a los ciudadanos a recurrir cada vez más a este servicio? Los expertos consultados apuntan a razones que tienen que ver con los pacientes, que exigen cada vez más inmediatez para achaques que no siempre son graves ni urgentes; pero también con el sistema, que no es capaz de resolver los problemas lo suficientemente rápido en otras instancias y lleva a los usuarios a acudir a un servicio donde saben que serán atendidos en el momento.

Las consecuencias son negativas para todo el sistema. Y también para los ciudadanos. Aunque los hospitales aplican triajes para priorizar los casos más urgentes, el tiempo empleado en otros que no lo son resta personal e infraestructuras para quiénes más lo necesitan. Y el gasto se paga con el dinero de todos: mientras una consulta de atención primaria tiene un coste alrededor de 70 euros (varía en función de las comunidad autónomas) una atención de urgencias sin hospitalización llega a los 300.

Una encuesta del pasado diciembre de la asociación de consumidores Facua mostraba que el 35% de los usuarios tiene que esperar una semana o más para lograr cita con su médico de familia. Aquí reside parte del problema. “Cuando una persona está enferma, pide cita y se la dan dentro de 10 días, o acude a su médico de cabecera sin cita y lo sobrecarga todavía más o va a urgencias, lo que provoca que estén desbordadas”, asegura Vicente Matas, vocal de Atención Primaria de la Organización Médica Colegial.

“Cuando tienes un problema que crees urgente quieres que te lo solucionen y, por suerte, tenemos un sistema de salud en el que casi todo el mundo cuenta con un hospital cerca, lo que facilita el acceso”, apostilla Rafael Reig, responsable de Acción Sindical del sindicato de enfermería Satse. “Pero muchas veces —continúa— no hay urgencia real; más del 80% van por iniciativa propia y no requieren ni ingreso ni derivación al médico”.

Los profesionales que trabajan en urgencias de los hospitales relatan desde casos que acuden a pedir una baja (que corresponde a primaria), o a adelantar una prueba diagnóstica, o por cualquier rasguño.

Aunque algunas comunidades autónomas empiezan a publicar datos sobre los triajes, es decir, qué cantidad de población acude por dolencias leves, graves o muy graves, todavía son pocas. En las memorias de algunas también figura el porcentaje de ingresos hospitalarios de todas las atenciones de urgencias. En la mayoría, mientras sube el número de casos, baja el porcentaje de ellos que tiene que permanecer en el hospital. En Madrid, por ejemplo, ascendía a un 11,5% en 2012 y ha ido bajando hasta un 9,8% en 2018. “Esto es uno de los datos que indican que no existe gravedad suficiente, aunque no todos los casos urgentes requieran internamiento”, reflexiona Ignacio González Lillo, máster en Gestión Sanitaria, médico de urgencias y de primaria.

“Estamos en una sociedad que se está acostumbrando a la inmediatez en todo, y la confunde con urgencia”, relata Lillo, quien cree que los pacientes con poco criterio o que se aprovechan del sistema son parte del problema, pero no el único ni el principal: “Existe un fallo en la estructura: la atención primaria, que es la que debe resolver la mayoría de los problemas, está abandonada”.

El estudio Estimación de la oferta y demanda de médicos especialistas. España 2018-2030, mostraba que existen nueve especialidades en las que hay dificultades para cubrir las necesidades de las comunidades autónomas. Están encabezadas por las de atención primaria: pediatría y medicina familiar y comunitaria. Mientras en los hospitales el número de doctores ha crecido un 7%, desde 2014 a 2017, en primaria permanece estancado.

“Hemos pasado una crisis económica que redundó en la sanidad. Hubo recortes de personal que se han ido corrigiendo con el tiempo, pero no llegamos a las cifras necesarias”, asegura Gabriel del Pozo, secretario general de la Confederación Estatal de Sindicatos Médicos (CESM). Y esto se ha cebado con la primaria. Mientras la inversión en especializada está ya por encima de los niveles previos a la crisis, en los centros de salud en 2017 era todavía 1.000 millones de euros (un 9,5%) inferior que en 2009.

En un sistema de salud como el español, la repercusión de todo esto varía mucho en función de las comunidades autónomas. Aunque la carga de las urgencias ha crecido en todas, hay grandes diferencias entre las 459 atenciones por cada 1.000 habitantes de Navarra y las más de 700 de Andalucía, Madrid, Baleares, Ceuta y Melilla.

Más allá de los recursos de cada autonomía, esto también se explica, según Pozo, por la población flotante. “Los turistas que no tienen asignación específica de médico acuden a urgencias. Este puede ser el caso de Madrid, Baleares y Andalucía. En el de Ceuta y Melilla, tiene más que ver con que se atienden muchas urgencias de los países de alrededor. Hay muchos ciudadanos originarios Marruecos con ciudadanía (y tarjeta sanitaria) europea que se han jubilado o están de vacaciones en su país, pero cuando tiene una enfermedad acude a un sistema que le da más confianza y seguridad”, relata el dirigente sindical.

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