No seas cínico; el cinismo es causa y al mismo tiempo efecto de la mala salud

No seas cínico; el cinismo es causa y al mismo tiempo efecto de la mala salud

No te hace ser más intelectual, ni irónico ni satírico, y sí puede quitarte años de vida.

VERÓNICA PALOMO

Eres de los que piensa que tu mascota solo te quiere porque le das de comer y tus hijos porque subvencionas sus caprichos. No te fías de las ONG, opinas que todo el que pide limosna es para gastarlo en drogas y cuando tu compañero de trabajo se desahoga contigo hablando de la enfermedad de su padre, simplemente ves a un hombre que quiere dar pena para que le cambies el turno. Además, no te tragas eso de que la verdura y la fruta son fuente de salud porque te imaginas que detrás existe un poderoso grupo de presión que paga para que salgan a la luz estas informaciones, y, por supuesto, el vecino tiene tantos detalles con su mujer porque en realidad le debe estar poniendo los cuernos.

Para ti, todos los ricos lo son por haber robado, los guapos son tontos y ya ni siquiera quieres seguir leyendo esto porque seguro que detrás de este artículo se esconde una conspiración para forzarte a pensar como los demás. Si te has sentido identificado en la mayoría de estas afirmaciones, ¡enhorabuena!, eres un auténtico cínico. Pero no te vengas arriba porque no hay nada que celebrar. Ser un cínico puede perjudicar seriamente la salud. Si eres uno de ellos, probablemente no te creerás nada de lo que leas aquí, pero, aún así, hay que advertirlo: que uno piense con toda naturalidad que el egoísmo es el verdadero motor que guía el comportamiento humano, puede generar en enfermedades tanto físicas como mentales (a las que no siempre sabemos cómo referirnos).

Mayor riesgo de mortalidad y menor poder adquisitivo

A lo largo de los años, varias investigaciones han dibujado un futuro un tanto pesimista en términos de salud para los cínicos, pues han asociado esa visión negativa de la naturaleza humana con un mayor riesgo de mortalidad, menor bienestar psicológico, disminución de la autoestima e incluso menor poder adquisitivo. Todo ello confirma que la manera que vemos el mundo definitivamente tiene efecto en nosotros mismos, y si lo miramos siempre con hostilidad, eso al final se vuelve en nuestra contra.

Ahora una reciente investigación nos aporta nuevos datos. Se trata de un estudio llevado a cabo por dos psicólogos sociales, Daniel Ehlebracht, de la Universidad de Colonia, y Olga Stavrova, de la de Tilburg. Tras analizar datos de 40.000 personas, los investigadores han concluido que el cinismo no solo es la causa de la mala salud, sino que también puede ser la consecuencia. Este trabajo muestra cómo el deterioro de la salud conduce a limitaciones en la vida cotidiana, a una mayor dependencia de los demás y a una sensación de no tener control sobre la vida de uno. Todo ello hace que las personas que lo sufren aprendan a crear estrategias de autoprotección, entre las que se encuentran la desconfianza y la hostilidad, dando lugar a una visión cínica del mundo.

La psicóloga Mercedes Bermejo lo explica así: «La mala salud física genera un malestar en la persona que le afecta en su percepción de la vida, siendo esta menos optimista, adquiriendo una actitud de desprecio hacia las convicciones sociales, las normas y los valores morales. Aunque hay que matizar. No es lo mismo un episodio depresivo transitorio, que una enfermedad crónica o grave. Esta última genera una sensación de indefensión, desesperación y falta de esperanza, que se traslada a otras situaciones de la vida que no tienen que ver con la enfermedad. Por ejemplo, pensar que, si he tenido esta enfermedad irreversible seguro que también me pueden pasar otras cosas malas, y para defenderme de esa sensación lo mejor es protegerme o pensar que nada bueno me puede pasar. Es un mecanismo de defensa o, mejor dicho, de supervivencia».

Llama la atención como, en la introducción del mencionado estudio, los psicólogos recuerdan los grandes cambios de carácter que sufrió Enrique VIII tras el grave accidente durante un torneo de justas. Algunos neurólogos a lo largo de la historia han adjudicado su tirano y paranoico comportamiento al profundo traumatismo craneoencefálico que sufrió, sin embargo, estos dos especialistas apuntan a la posibilidad de que su cruel y sádico cinismo fue consecuencia de vivir en estado perpetuo de dolor, tras las secuelas físicas y los dolores tan graves que sufrió tras el accidente. Es posible, al fin y al cabo tenía su lado romántico. No es la primera vez que se asocia el cinismo a personajes históricos, y a veces el cinismo aparece envuelto en un halo de cierta intelectualidad, ya que se asocia con personas con mucho arte para la sátira y con una irónica acidez en su discurso, algo que termina por resultar atractivo. Por lo menos son personajes que, aunque es evidente que desprecian a la gente, terminan cayéndonos bien. Pero es un espejismo.

¿Intelectuales? Es lo que algunos de ellos se creen

Por mucho que personajes como Bernard Shaw definieran el cinismo como «un poder de observación precisa», que el filósofo y economista Stuart Mill considerara que «era esencial para un hombre que tiene algún conocimiento del mundo tener una opinión extremadamente mala de él» y que un buen guion nos haya hecho empatizar con Frank Underwood, de House of Cards. Lo dice un estudio que mostró cómo los individuos menos competentes a nivel académico eran los que mostraban una visión más cínica del mundo.

A lo mejor ahora mismo te encuentras un tanto confuso, porque no es la primera vez que alguien te dice «eres un cínico», pero sin embargo no te idénticas con todas estas características. El motivo es que hoy en día muchas veces se confunde el término cínico con hipócrita, pero no es lo mismo. Un hipócrita en realidad no se cree lo que está diciendo y cuando le pillan en la mentira (uno no debería decir más de dos al día), se avergüenza. Además, normalmente acepta los convencionalismos sociales. El cínico no se siente esa vergüenza y en su discurso siempre intenta destruir todo convencionalismo, para él basado en mentiras. En este sentido, se acerca más a la definición original del cínico, que eran aquellos griegos, en su mayoría filósofos, que optaron por llevar una vida demostrando en lo que creían, que las cosas materiales no eran importantes. Y lo llevaban a rajatabla, como Diógenes, el máximo exponente de esta filosofía, que vivía en la calle y se alimentaba de lo que le daban, eso sí con la soberbia de saber que lleva una vida que para él era superior a las de los demás, despreciando al resto de individuos.

¿Y qué le hace a una persona comportarse así? ¿Acaso se hereda esta actitud? «Este tipo de actitud se aprende, se crea a través de los aprendizajes de la vida. Bien por la falta de confianza y seguridad, o bien como mecanismo de defensa frente a situaciones que pueden ser vividas como hostiles cuando en realidad no lo son. Crecer en un entorno hostil, de violencia, falta de contención y seguridad altera y distorsiona las creencias sobre la vida. No tener un pensamiento positivo sobre lo que va a ocurrir, ni confianza hacia otras personas, puede efectivamente aprenderse a través de los padres, porque son los referentes primarios en la infancia, pero también lo puede generar un trauma o un accidente o enfermedad sobrevenida, vivir en países en guerra o en plena supervivencia, y a un nivel menor haber vivido situaciones de crisis no resueltas o duelos no elaborados adecuadamente», explica Bermejo. Y esto no es del todo malo; significa que uno siempre está a tiempo de cambiar esta actitud.

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