La sanidad debe reconvertirse para atender a los enfermos crónicos

La sanidad debe reconvertirse para atender a los enfermos crónicos

El sistema tiene que evolucionar de una medicina destinada a procesos agudos a otra más continuista y multidisciplinar.

PATRICIA MARTÍN

Mucho se ha reflexionado en los últimos años sobre el envejecimiento gradual de la población y como este fenómeno trae consigo nuevos retos para la sociedad en su conjunto y la sanidad, en particular. Se han aprobado estrategias sanitarias y planes de abordaje, celebrado multitud de congresos y simposios e incluso el Comité de Bioética, el organismo asesor del Ministerio de Sanidad, va a estudiar en los próximos meses si es Sistema Nacional de Salud se ha adaptado al gran reto: la cronicidad, en referencia a la tendencia creciente de la ciudadanía a padecer enfermedades de larga duración. La conclusión, según las fuentes consultadas, es que la estructura sanitaria ya ha dado pasos pero todavía le queda un largo camino por recorrer para dar una respuesta a las necesidades de los ‘nuevos pacientes’.

El aumento de la esperanza de vida y el avance clínico unidos, en ocasiones, a incorrectos hábitos de vida, han provocado que enfermedades como la diabetes, la insuficiencia cardiaca o el cáncer se hayan convertido en patologías crónicas, que requieren una continuidad en los cuidados y un enfoque médico integrador y multidisciplinario, puesto que la mayoría de los enfermos no sufren una única patología, sino varias.

Y, sin embargo, la actual estructura sanitaria está más enfocada a los procesos agudos, con una extensa red hospitalaria que se centra más en la curación que en la prevención y una oferta muy especializada, cuando la mayoría de pacientes precisan justamente lo contrario: una respuesta anticipada, polivalente y continuada, no tanto enfocada a una curación imposible como a evitar descompensaciones o recaídas.

“En las antípodas”

Por ello, algunos especialistas consideran que el sistema está “en las antípodas de las necesidades de los pacientes crónicos complejos”, según avisa Ricardo Gómez Huelgas, presidente de la Sociedad Española de Medicina Interna (SEMI). Y lo que es peor, “no está adaptado ni tiene visos de que se vaya a adaptar a lo que viene”, lamenta el presidente de la sociedad de médicos de familia SemFYC, Salvador Tranche. Y es que las predicciones apuntan a que en pocos años se multiplicará por tres el número de personas mayores en comparación con los jóvenes.

En la actualidad, el 59% de la población mayor de 15 años ya padece un problema crónico de salud, si bien la mayoría de carácter leve, según la Encuesta Europea de Salud. Por ello, las consultas motivadas por obesidad, enfermedades cardiovasculares o respiratorias, entre otras patologías de progresión lenta, copan el 80% de los servicios de Atención Primaria y suponen el 60% de los ingresos hospitalarios. Solo el gasto en atender la diabetes, la enfermedad isquémica del corazón y la osteoporosis, tres de las principales dolencias, supone 26.489 millones de euros al año, lo que representa el 3,15% del PIB.

Además, el 75% de los pacientes atendidos en medicina interna presentan pluripatología, con una media de seis dolencias crónicas, y el 94% de ellos están polimedicados, es decir, consumen más de cinco medicamentos al día, con el peligro de los efectos adversos y las interacciones entre fármacos que conlleva.

Los pequeños avances

Ante esta estadística, el Gobierno aprobó en el 2012 una estrategia de abordaje de la cronicidad y todas las Comunidades Autónomas han hecho lo propio. El problema, según el doctor Tranche, es que no han pasado del papel a la realidad, salvo “algunos tímidos avances”. Él representa a la medicina de familia, la más maltratada presupuestariamente durante la crisis, según coinciden varios estudios y han denunciado los profesionales de los centros de salud en diversas protestas. Quizá de ahí que su visión sea más crítica.

Beatriz González, catedrática de la Universidad de Las Palmas especialista en economía sanitaria, considera, por el contrario, que la sanidad ha dado “pasos importantes” hacia su reconversión. También Marco Inzitari, presidente de la Sociedad Catalana de Geriatría, de la Acadèmia de Ciències Mèdiques de Catalunya, “ve el vaso medio lleno” y explica que “un sistema tan preparado como el español es difícil de encontrar, aunque queden cosas por hacer”.

Potenciar la Atención Primaria

Entre los pacientes crónicos, ocho de cada diez opina que hay que introducir cambios, como homogenizar la atención en todas las comunidades, dar continuidad asistencial, mejorar los servicios de urgencias y tener más en cuenta a las organizaciones que representan a los enfermos, según explica Carina Escobar, presidenta de la Plataforma de Organizaciones de Pacientes.

Los especialistas coinciden además en que hay que potenciar la Atención Primaria y que el médico de familia o la enfermera gestora o de enlace -figura creada en algunas autonomías para la atención al paciente crónico- pasen de ser “del portero al coach”, según resume Beatriz González la necesidad de que los centros de salud sean el referente para el paciente, los que coordinen y tenga una actitud proactiva, de forma que los médicos especialistas dejen de “secuestrar” al enfermo. Para ello, según la economista, no basta con aumentar la inversión, sino también es necesaria una “reorganización” y que se “repiensen” muchos programas puestos en marcha para atender al adulto sano y con un “valor añadido mínimo”. Y es que, según lamenta Tranche, “con seis minutos de atención por paciente en primaria es imposible”.

Además de potenciar la figura del médico y la enfermera de cabecera, la SemFYC y la SEMI coinciden que en el hospital el referente para los crónicos debería ser el internista, que también tiene una visión integral y polivalente.

Integrar los servicios sociales

Asimismo, toca mejorar la integración entre los recursos sanitarios y los servicios sociales, porque la cronicidad tiene un fuerte componente social. Por ejemplo, las personas más desfavorecidas tienden a cuidarse menos y, por tanto, a padecer más enfermedades de larga duración. En este capítulo, conviene reforzar la atención domiciliaria, que sigue recayendo demasiado en los familiares, así como robustecer la red de residencias y hospitales de día, para evitar estancias hospitalarias largas de enfermos mayores o pluripatológicos, para los que una infección hospitalaria puede ser mortal.

Más y mejor Atención Primaria, coordinación con los servicios sociales y prevención, las recetas para atender a los crónicos
En este sentido, Catalunya tiene una red de atención intermedia pionera, que hace “adecuadamente de puente entre el hospital y la atención primaria”, según Inzitari. Pero, a su juicio, habría que abrir más residencias para jóvenes con dolencias crónicas y, sobre todo, formar a más geriatras, porque las proyecciones sobre las jubilaciones pronostican un “escenario crítico”.

Por último, según coinciden los especialistas, conviene potenciar la prevención y que la salud forme parte de todas las políticas, porque la contaminación o los hábitos no saludables están detrás de muchas dolencias y su corrección puede, mejor que otras acciones, reducir las frecuentes visitas al doctor.

Las nuevas tecnologías evitan la mitad de las visitas a urgencias

Las nuevas tecnologías pueden resultar claves para trasladar los servicios asistenciales al domicilio y promover hábitos saludables. De hecho, el mayor estudio en telemedicina realizado en España, en concreto en la Comunitat Valenciana, ha dado buenos resultados: la motorización de pacientes a distancia ha reducido más de un 50% las urgencias en Atención Primaria y un 32% las hospitalarias, así como un 33% la posibilidad de ingreso no programado en el hospital y un 23% la probabilidad de ingreso hospitalario por descompensación.

La iniciativa se puso en marcha en el 2011 en cuatro centros de salud, a los que después se unieron dos más. En total participaron 500 pacientes, con una media de edad de 73 años y enfermedades crónicas como la diabetes o la insuficiencia cardiaca, a los que se dispensó aparatos para que desde sus casas midieran la tensión arterial, la glucosa o el peso, entre otros parámetros. Una tablet registraba los valores y los trasmitía al médico y la enfermera, con un sistema de alertas individualizado tanto ante determinados resultados como si el afectado no tomaba las medidas. “Lo que se ha buscado es detectar la descompensación de forma precoz y motivar al paciente en los cuidados”, explica el coordinador del proyecto Valcrònic, Domingo Orozco.

El programa ha demostrado además que también las personas mayores pueden adaptarse a usar las nuevas tecnologías, ya que sólo un 15% de los enfermos abandonaron el programa. El resto mostraron un alto grado de satisfacción y de tranquilidad al sentirse más y mejor controlados.

Los centros de día evitan hospitalizaciones peligrosas

Si para cualquier enfermo conviene reducir el tiempo de estancia hospitalaria al máximo, esta premisa es primordial en el caso de enfermos con múltiples patologías o edad avanzada para los cuales una infección hospitalaria puede ser mortal. Por ello, los especialistas en cronicidad demandan centros de atención intermedia, como pueden ser los hospitales de día. Hay muchos repartidos por España, como el hospital de día del corazón de Salamanca, que en su primer año de funcionamiento, atendió a más de 1.600 pacientes.

Según el reciente estudio publicado en la Revista Española de Cardiología, este centro sanitario permitió que el 67% de los procedimientos invasivos no requirieran hospitalización al uso, “con el consecuente ahorro económico y sin que suponga un deterioro de la calidad asistencial”, según destaca la doctora María Gallego Delgado, autora de la investigación y miembro de la Sociedad Española de Cardiología. El ahorro en hospitalizaciones se ha estimado en más de 70.000 euros.

El motivo más frecuente de visita al hospital de día fueron las revisiones clínicas y el diagnóstico más común la insuficiencia cardiaca, una de las enfermedades cardiovasculares más prevalentes: afecta al 2,7% de la población mayor de 45 años y representa entre el 2 y 3% del gasto sanitario.

El éxito de esta instalación también se mide en la satisfacción del paciente. La valoración de esta unidad fue buena o muy buena para el 95% de los encuestados y el 80% la recomendarían a otros pacientes.

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