Personas con discapacidad comprometidas con el mundo

Personas con discapacidad comprometidas con el mundo

El colegio El Molino, premio Nacional de Educación para el Desarrollo Vicente Ferrer gracias a su proyecto para educar ciudadanos comprometidos.

MIKEL BERNUÉS / IÑAKI PORTO – PAMPLONA

Cuando levantaron un muro en el salón de actos y separaron a un lado y a otro al alumnado, Vladut Stoican y Félix Gonzalo descubrieron que no era buena idea. “Es mejor solucionarlo abrazándonos y dándonos la mano”. Maure Mendieta se acuerda del huracán que asoló Puerto Rico el año pasado: “Destrozó las casas. Los árboles. No había luz. Todo inundado”. Y Lino Valero y Alberto Fernández hicieron “un mapa negro con fotos de las guerras. De Siria… de cualquier sitio”, dice Lino. “Dibujamos unas bombas y unas granadas y las pegamos en los sitios que están en guerra”, añade Alberto. Un trabajo que “en el momento es entretenido. Luego, cuando ya lo has hecho, pues ya está”, confiesa.

Estos son algunos de los ejemplos por los que el centro de Educación Especial El Molino ha recibido el Premio Nacional de Educación para el Desarrollo Vicente Ferrer, galardón que otorga la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo, que ha puesto en valor esta edición 15 experiencias educativas repartidas en los distintos niveles.

El premio “reconoce el esfuerzo de alumnado y profesionales, dispuestos siempre a participar en el conjunto de la sociedad, realizando una labor educativa y solidaria que nos enriquece y permite darnos a conocer y dejar constancia de las posibilidades que tenemos como personas”, explica el equipo directivo del centro, al que solo le falta dar botes de puro contento con el galardón.

Íñigo Ayerra y Patricia Bueno son los responsables de este proyecto de innovación educativa titulado Personas con discapacidad comprometidas con el mundo. “Estamos muy satisfechos. Somos un colegio de educación especial que ha ganado un premio a nivel nacional con colegios ordinarios. Eso da prestigio al centro y refuerza nuestra labor profesional”, expone Ayerra.

El proyecto comenzó a fraguarse en 2015 a raíz de la adhesión de El Molino a la Red de Escuelas Solidarias de Navarra, pero el germen viene de lejos “porque desde el colegio se hacían muchísimas actividades encaminadas a la educación para el desarrollo, cooperación, convivencia…”, concreta Ayerra. “En 2015 se empezó a trabajar con una ONG y a darle forma a este proyecto, y el año pasado se incorporó dentro del currículo y se crearon objetivos y contenidos según cada etapa educativa. Y el proyecto se potenció con muchas actividades”, detalla.

“Dentro de los objetivos de educación para el desarrollo, se ha trabajado el derecho a una vida digna, a la educación y a desplazarse libre y buscar asilo”, comenta por su parte Patricia Bueno. “Con el alumnado se trabajan actividades concretas para reflexionar. Por ejemplo, con la educación como derecho universal trabajamos con la película Camino a la escuela. Ellos conocen su entorno concreto y su contexto, se trata de hacerles ver que es una suerte venir a la escuela con tu autobús y todas las comodidades. Y vimos casos de niños que caminan dos horas a diario para ir al colegio”.

“ofrecer ayuda”El proyecto va más allá de educar ciudadanos comprometidos. “No buscamos solamente sensibilizar a nuestros alumnos, sino también a la sociedad. Todo el mundo piensa que la discapacidad únicamente recibe ayuda, y queremos darle la vuelta a ese argumento. Queremos mostrar que las personas con discapacidad intelectual también pueden ser emisoras de ayuda y trabajar en solidaridad”, reconocen Íñigo y Patricia. Por ejemplo, “con campañas de recogida de alimentos o de juguetes, que se llevan haciendo muchos años y ahora les hemos dado forma dentro del proyecto. También fuimos a la residencia El Vergel para trabajar con la tercera edad”, recuerdan.

A veces trabajan dentro del centro y a veces fuera. A veces en pequeños grupos y otras con todo el centro puesto en danza, como con las actividades en torno al Día de la Paz. De un modo u otro, “el reto es cómo poder trabajarlo con el alumnado más pequeño y el más dependiente. En eso estamos”, dice Ayerra.

REPÚBLICA DOMINICANA

Gracias al galardón, Patricia e Íñigo viajaron a República Dominicana, junto con el resto de docentes premiados, para participar en un seminario de intercambio y formación en buenas prácticas en Educación para el Desarrollo. Una experiencia en la que han podido conocer in situ cómo trabaja la cooperación española con visitas de campo a lugares donde se desarrollan distintas iniciativas. Han regresado con las pilas cargadas, contactos y muchos proyectos en mente. “Sí que hay ideas, veremos cuáles se pueden llevar a cabo” dice Íñigo. Lo que está claro es que “el proyecto continúa”, finaliza Patricia.

www.noticiasdenavarra.com/2018/12/30/vecinos/pamplona/personas-con-discapacidad-comprometidas-con-el