Salud y consumo de azúcar

Salud y consumo de azúcar

La vida dulce es sinónimo de buena vida, pero incluso en eso no nos podemos pasar en nuestra dieta

PERE PUIGDOMENECH

Cada final de año es tiempo de rankings y listas y hay una que trata de clasificar los artículos científicos según cuánta atención han recibido del público en general. La lista la hace una compañía inglesa y su objetivo es medir cuántas veces los artículos científicos son mencionados en los periódicos, grupos de discusión o de pacientes, y clasificarlos en función de este criterio. Según esta lista, el más citado del 2017 es uno que se publicó en noviembre en la revista The Lancet y que estudia el efecto sobre la salud de distintos tipos de alimentos.

El estudio fue diseñado para identificar qué alimentos tienen unos efectos más notables sobre la mortalidad y sobre enfermedades cardiovasculares, evitando otros factores debidos a cómo vivimos en las sociedades occidentales que son las más estudiadas. Por esta razón se emprendió un proyecto, coordinado por grupos canadienses, que duró entre 2003 y 2013 en el que participaron 135.000 personas de entre 35 y 70 años de 18 países de diferentes niveles de desarrollo, desde Suecia hasta Zimbabue. Fueron siguiendo durante una media de siete años y medio sus dietas, niveles de salud, episodios de enfermedades cardiovasculares y los fallecimientos que se produjeron. El resultado es que el factor más importante que da lugar a problemas de salud sería la proporción de azúcares y carbohidratos que incorporan en su dieta. En cambio una dieta basada en grasas, incluso saturadas, no tendría impacto sobre la mortalidad y las enfermedades cardiovasculares. Los autores dicen que algunas recomendaciones dietéticas deberían revisarse.

Componente esencial de nuestra alimentación

La conclusión más importante del estudio es confirmar que en términos globales una alimentación basada en una alta proporción de azúcares puede tener efectos negativos para la salud y esto puede sorprender por varias razones. Los azúcares no son ningún tóxico sino componentes esenciales de nuestra alimentación, porque son una de las principales fuentes de energía. Los podemos comer en frutas y en la miel, purificados como el azúcar, o estar en forma de carbohidratos, como las harinas y féculas. El sabor dulce lo consideramos como una indicación de un buen alimento y esto es el efecto de la evolución de nuestra especie que nos lleva a comer siempre que podemos. Hemos desarrollado también mecanismos muy eficaces para almacenarlos en forma de grasa lo que puede dar lugar a sobrepeso u obesidad.

Es comprensible que artículos como el de The Lancet atraigan el interés del público. Cada vez más tenemos conciencia de la importancia de la forma en que nos alimentamos sobre nuestra salud. En los países que tenemos el privilegio de poder elegir lo que comemos, entre una gran variedad de alimentos, nos interesa saber qué criterios debemos tener cuando decidimos lo que queremos comer. Y una buena salud es la prioridad. Por otra parte hay también decisiones de salud pública que llevan a estimular o desalentar el consumo de algún alimento. Por lo que sabemos en este momento, recomendar reducir una ingesta excesiva de azúcares sobre todo en los niños, impidiendo un consumo compulsivo de golosinas e introducir reglas sociales como impuestos para bebidas o alimentos azucarados parecen decisiones razonables. Y, como hay una industria azucarera importante, quizá también lo puede ser dirigir su producción hacia otros usos como los carburantes.

Un trabajo largo y costoso

No suele ser fácil deducir reglas sencillas y generales para la alimentación a partir de los resultados de la investigación. Comunicarlo a un gran público muy diverso para que pueda sacar informaciones útiles para su día a día aún lo es más. Como se ha visto en esta publicación reciente, hacer estudios con poblaciones humanas es un trabajo largo y costoso y no siempre es fácil sacar conclusiones con significado. A veces solo se pueden hacer estudios con poblaciones reducidas o por poco tiempo y hay datos de estudios de laboratorio o con modelos animales que no son fáciles de generalizar.

Al público que lee con interés estos resultados le puede parecer que le dicen cada día cosas contradictorias. En medio hay, además, todo tipo de intereses, económicos e incluso ideológicos, que mezclan las cosas y complican, sobre todo hoy que estamos tan comunicados, extraer lo que nos sirve. Hay pocas recomendaciones generales que estén bien comprobadas como no fumar, hacer ejercicio, comer de forma variada y sin excesos. La vida dulce es sinónimo de buena vida, pero incluso en eso no nos podemos pasar.

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