Años de diferencia para combatir la soledad

Años de diferencia para combatir la soledad

Las Jornadas Intergeneracionales de Cruz Roja llevan seis ediciones combatiendo las consecuencias de envejecer sin compañía y acabar con un círculo social muy cerrado.

JAVIER S. GARCÍA

El objetivo es claro: combatir la soledad. Cuando los años van pasando, muchas personas mayores se encuentran solas, con un entorno social que cada vez más cerrado y con problemas de movilidad añadidos. Este jueves, en la sede del centro de Cruz Roja, se quiso atajar estos problemas con las Jornadas Intergeneracionales ‘Jugando Juntos’.

No había límite de edad. Literalmente. La intención era que generaciones separadas por décadas, especialmente las más jóvenes y las jubiladas, se juntasen en un mismo espacio cultural y educativo para impulsar así la convivencia entre ellas.

Manuel y Elena son dos de las personas mayores que participan. Él cumple 84 años, aunque parece que al revés. , dice. «Si no fuese porque mi nieto ya tiene veinticinco años le traía aquí», cuenta Elena. Lleva seis años viniendo, mientras que su compañero de juegos de mesa de momento tres.

Ambos señalan orgullosos el cartel del evento en el que aparecen junto a otros niños y niñas. «Vamos a jugar ya», interrumpe uno de los muchos chavales que están en el aula, mientras coloca el juego del tragabolas. El contraste de años es importante.

Envejecer en compañía

«Solamente un 20% de las personas mayores necesita ayuda para poder moverse. Sin embargo, las percibimos como si viviesen de una forma limitada», afirma Óscar Esteban, técnico del programa de Personas Mayores de Cruz roja, que además es tajante: .

Inexorablemente, existen los casos donde más edad implica menos movilidad. La esperanza de una persona que puede valerse por sí misma para realizar sus quehaceres son 79 años. «Queremos ampliar eso. Los médicos ya se encargarán de aumentar la esperanza de vida», explica.

Para el envejecimiento activo y, por ende, más sano. El programa Enrédate, del que forman parte estas jornadas, ensalza esos dos elementos con juegos de mesa de todo tipo, lecturas, videojuegos, un taller de arcilla y demás actividades. También estuvo disponible un mercadillo de libros, en el que el dinero recaudado irá a parar a becas escolares, tal y como cuenta Dani, otro pequeño al que le han encargado la tarea de dirigir el puesto.

Alrededor de 300 personas han tomado parte en este acto que se celebra una vez al año y que ya va por su sexta edición. Normalmente son mujeres viudas.

Algunos vienen por iniciativa propia y otros lo hacen obligados. No obstante, el resultado es común: «yo he visto cambios espectaculares. Gente que no decía ni una palabra, casi deprimida, y que con nosotros ha vuelto a hablar. Luego los hay que toman la iniciativa, que se van de viaje o están en alguna organización», explica el miembro de Cruz Roja.

Vivir, no sobrevivir

Esa es la frase que podría resumir toda la labor de esta organización. Muchas veces los mayores tienen roles asignados por los medios, pero Óscar cree que se pueden romper. en el que será el segundo país del mundo con más población anciana para el año 2050, según las previsiones demográficas del INE.

Eso significa que para el año 2064, casi un 39% de la población española tendrá más de 65 años. , insiste, que añade que a los ancianos se les trata como niños y es casi «una falta de respeto». Tal vez se confunda respeto con condescendencia.

Este tipo de eventos que están algo más aislados que el resto de miembros de Cruz Roja, ya que cuidan a ancianos y pasan más tiempo solo con ellos. El trabajo realizado por la entidad surgida en Suiza hace 154 años se encuentra a mitad de camino entre los centros especializados y los profesionales que tratan enfermedades propias de una edad elevada.

Las personas van cambiando. Hay que ir adaptándose a cada etapa y determinar el por qué del anquilosamiento de una persona: «muchas veces no hay un motivo específico, pero también ocurre por problemas mentales», concluye Óscar.

Lo que sí está claro es que , originando situaciones de soledad y depresión. Estas iniciativas, al igual que compartir vivienda con personas jóvenes, ayudan a afrontar el envejecimiento con apoyo físico y moral que, finalmente, repercute en el estado anímico de miembros de un sector que a veces está en riesgo de exclusión social.

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