«Mi marido estaba mal, nosotros fatal, pero en la UCI me han dejado estar a su lado»

«Mi marido estaba mal, nosotros fatal, pero en la UCI me han dejado estar a su lado»

Varios hospitales apuestan por un plan de humanización en la UCI para que los familiares acompañen durante horas a su ser querido y para reducir su soledad y estrés

LAURA PERAITA

José María Serrano fue operado a vida o muerte en el Hospital de Torrejón de Ardoz. Perdió mucha sangre y lleva desde el pasado 24 de diciembre en la UCI. «Mi marido ha estado muy grave –explica Isabel–. Los primeros 15 días estuvo entubado. Si él estaba mal, nosotros fatal, pero me han dejado estar a su lado. No me puedo imaginar que haya hospitales que no dejen pasar a la familia para estar el paciente».

Explica que ella se siente afortunada por estar con José María. Además, se turna con sus hijos de tal manera que él nunca está solo. «Cuando le quitaron la sedación, seguía con los ojos cerrados pero si le hablabamos la mano nos la apretaba. Saber que estamos ahí y que de alguna forma nos comunicábamos era vital para todos», recalca Isabel.

Hace unas semanas fue el cumpleaños de José María. Les permitieron poner un biombo en la UCI y que entraran unos instantes sus nietos. «También le visitaron unos amigos. Su cara y ánimo cambió por completo».

Cuando se comunica a una familia que su ser querido debe ingresar en la UCI, les invade de inmediato un sentimiento de desazón, miedo e incertidumbre por la posibilidad de perderle. Sin embargo, los profesionales encargados de los cuidados intensivos apuntan que precisamente en estas unidades «lo que más abunda es la vida». El 90% de los enfermos salen de allí con vida, solo un 10% fallece».

El paso inmediato al hacer el comunicado de un ingreso es que la familia quiera tener toda la información sobre el estado del paciente y, sobre todo, estar con él, verle, asegurarse con sus propios ojos de que está bien atendido y poder hablarle o cogerle la mano para apaciguar la ansiedad de la situación. El problema es que hay UCI que tan solo permiten que los familiares accedan unos minutos por la mañana y otros tantos por la tarde, lo que siempre les resulta insuficiente y desmoralizador por ese pensamiento inicial de que el paciente va a morir.

Carga emocional

Hay que tener en cuenta que cuando el enfermo ingresa en la UCI, «para la familia supone una carga emocional muy grande la separación. Siente temor de perderle por la gravedad de su estado –apunta Maricruz Martín Delgado, jefa del servicio de Medicina Intensiva del Hospital Universitario de Torrejón de Ardoz y vicepresidenta de la Sociedad Española de Medicina interna crítica y Unidades Coronarias–. El hecho de que puedan estar más tiempo con el paciente les permite comprobar que está bien atendido. Es fundamental para ellos. Además, si se les da la oportunidad de participar en su aseo, en darle de comer, ayudarle en su rehabilitación… les hará sentirse muy útiles en su proceso de curación y al paciente se le dota de la tranquilidad de estar cuidado por alguien de su plena confianza. Además, –matiza– está comprobado que esta interacción influye muy positivamente en la mejoría del paciente porque reduce su estrés».

Por este motivo, cada vez hay más hospitales que apuestan por un mayor acercamiento entre familia y pacientes. Es el caso del Hospital Universitario de Torrejón de Ardoz, que puso en marcha hace tres años el Proyecto HU-CI conscientes de que el uso intensivo de la tecnología en su UCI había podido relegar a un segundo plano las necesidades de los pacientes, familias y también de los profesionales que les atienden. Este centro hospitalario participó, además, en la elaboración del primer Plan de Humanización de las UCIs de la Comunidad de Madrid.

Según apunta Martín Delgado, el plan se focalizó en ocho líneas: contar con UCI de puertas abiertas, mejorar la comunicación con familiares y pacientes, aumentar su bienestar, fomentar la presencia y participación de los familiares en la UCI, prevenir y hacer un seguimiento del síndrome post-cuidados intensivos, contar con infraestructuras más humanizadas, intensificar los cuidados al final de la vida y mejorar los cuidados al profesional.

Explica que poner en marcha estas medidas que se pueden aplicar en todos los hospitales supone la implicación del equipo médico, de enfermería, celadores, limpieza… y, en definitiva, un cambio cultural. «El objetivo es tener una visión más integral y enfocarnos en las personas», asegura. Por este motivo, en el Hospital de Torrejón de Ardoz han permitido, entre otras cosas, que estén dos familiares cuidadores principales que se pueden turnar durante todo el día, mientras que el resto de la familia puede entrar dos horas por la mañana y tres por la tarde».

En una misma línea comenzó a trabajar el pasado verano el Hospital Universitario de Móstoles. «Antes los médicos trabajaban por un lado, los familiares estaban apartados en otro lado y los pacientes en medio –explica Teresa Honrubia, jefe de servicio de Medicina Intensiva de la Unidad de Cuidados Intensivos del Hospital de Móstoles–. Se consideraba que cuando llegaba un familiar, lo que hacía era visitar al enfermo. Estamos intentando cambiarlo;los que hacemos visitas somos los médicos y enfermeros, personas ajenas al paciente. Queremos derribar las barreras entre el personal sanitario, los enfermos y las familias».

Solo treinta minutos

El primer paso de este hospital fue permitir una mayor presencia de los familiares, ya que antes solo podían entrar en la UCI algo más de media hora por la mañana y una hora por la tarde. En la actualidad pueden estar de doce de la mañana a once de la noche, con intervalos en los que se permiten dos personas a la vez. «Que se intercambien los familiares es muy importante para ellos –asegura Teresa Honrubia– porque hay personas que trabajan o matrimonios que se pueden turnar de tal manera que, mientras la mujer está por la mañana en el hospital, el marido se queda por la tarde para que ella pueda hacer deberes con sus hijos o la cena, por ejemplo».

No obstante, la nueva forma de trabajar del servicio de enfermería conlleva más trabajo, tal y como señala Mónica García, supervisora de la UCI del Hospital de Móstoles. «Pasamos muchas horas con el enfermo porque tenemos con él una carga de actuaciones muy elevada. Es un trabajo silencioso, pero muy técnico. Ahora hacemos lo mismo, pero en presencia de un familiar que pregunta a cada momento lo que estás haciendo y que nos compara con el personal de otro turno, para bien o para mal».

Esfuerzo que compensa

Sin embargo, parece que el esfuerzo compensa, tal y como apunta Mónica García. «Los enfermos están más tranquilos porque, aunque pasan miedo por no saber qué les va a pasar, sentir a su ser querido cerca les supone una gran ayuda para exteriorizar sus temores o dolor, sobre todo cuando no pueden hablar por estar entubados. Con solo miradas o gestos ellos se entienden y comunican».

Honrubia añade que quedan asuntos por zanjar, como la mejora de sueño que ya se ha iniciado con la bajada de persianas cuando es de noche, con cámaras infrarrojas que ya no emiten luz molesta para el enfermo, con un descenso de las alarmas de los aparatos a los que está   conectado…

Otro aspecto que también quiere mejorar este hosp ital es la monitorización del dolor «aunque esté sedado no debemos esperar a que lo sufra. Vamos mejorando poco a poco para que su estancia sea lo más tranquila posible», concluye Honrubia.

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