EN EL CENTRO, LAS PERSONAS

EN EL CENTRO, LAS PERSONAS

ANA ISABEL ESTEBAN MARTÍNEZ
Presidenta de Solidaridad Intergeneracional

Llama la atención que haya que hacer hincapié en el Siglo XXI sobre cuál es el lugar que debe ocupar la persona usuaria de servicios socio-sanitarios. Especialmente las personas necesitadas de apoyo continuado para proseguir con el control de su vida, con dignidad y respeto a su manera de ser, sentir y vivir.

En esta sociedad envejecida que nos ha tocado vivir, necesitada por tanto de recursos y servicios que den respuesta a las necesidades de los diferentes grupos de edad, parece mentirá que con los avances tecnológicos tan impresionantes que se han producido en pocos años, estemos aún a años luz de dar respuesta a los deseos de las personas que precisan de apoyos para vivir su etapa final, sea esta más corta o más larga, necesitada de más o menos recursos.

No es de extrañar que existan miles de plazas de atención residencial en España sin ocupar, y son pocas las personas mayores que desean vivir en estos centros de atención. No solo porque sean caros estos servicios, sino porque no desean que los últimos años de su vida transcurran en estos lugares poco humanizados, organizados y dirigidos sin contar con los que allí residen. Estas personas siguen teniendo ilusiones, expectativas, una biografía que recordar y compartir, el deseo de ser útil, de participar y decidir sobre su propia vida, desean un hogar o un espacio que parezca un hogar, donde haya intimidad y seguridad.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) estableció en la Asamblea de 2008, una serie de propuestas para reformar los sistemas de prestación de servicios, indicando la necesidad de conversión hacia modelos de atención centrados en las personas. La persona ha de ser el eje sobre el que giran el resto de las intervenciones, basadas en evidencia científica que humanizan e igualan las relaciones interpersonales enriqueciendo a ambas partes en la relación de ayuda; siendo imprescindible el cambio en la organización de los servicios que se prestan, la capacitación y conformación adecuada del equipo humano que participa, y el lugar donde se habita.

Dice Pilar Rodriguez, que “la atención integral centrada en la persona es la que se dirige a la consecución de mejoras en todos los ámbitos de la calidad de vida y el bienestar de la persona, partiendo del respeto pleno a su dignidad y derechos, de sus intereses y preferencias y contando con su participación efectiva”.

No hay que ser muy adivino para saber que cada persona es un mundo en si misma que está en constante evolución, y por lo tanto sus necesidades y voluntades cambiaran, vivan en un centro residencial o sigan viviendo en su casa, cuidado por familiares y/o servicios externos.

Que el centro sea la persona que precisa apoyos parece de sentido común. Esto no significa que sea el centro del hogar y que la familia gire solo en función de las demandas y deseos de la persona necesitada de apoyo. Lo sensato pasa porque sea una persona más de la familia, que ahora se encuentra con capacidades mermadas, pero mantiene otras, tan importantes como las perdidas que ha de ejercitar. Tiene que seguir participando activa o pasivamente en aquello que hacía antes, hay que conocer sus gustos y preferencias y si no puede decidir, habrá que hacerlo como si esa persona pudiese.

Pensar primero en las personas requiere por tanto una perspectiva global, que considere todos los elementos individuales y los ponga en contexto en su entorno inmediato: familiar y social, local y global. La organización y gestión se han de reorientar para que sean las personas las que ocupen el lugar que le corresponde, el centro.

La atención centrada en las personas supone una oportunidad histórica para definir el tipo de sociedad en la que queremos vivir y para organizar la forma en la que nos ocupamos los unos de los otros, especialmente cuando más lo vamos a necesitar. Su núcleo central gira en Acordar- Crear y Producir. O lo que es lo mismo, ¿Qué se desea? ¿Cómo lo hacemos? y Realizarlo.

Una sociedad moderna ha de tener una visión integral e integradora de las personas y su rol activo en la construcción del bienestar prioritario y ha de ser la base para fortalecerla y desarrollarla. La clave siempre estará en la implicación personal, en la participación, organización, en su uso y disfrute.

Se ha demostrado que tener a alguien con quien poder contar en caso de necesidad, está directamente relacionado con una mejor valoración de la vida, consiguiendo elevar los sentimientos positivos y disminuir los negativos.

Apostemos por los servicios de proximidad, domiciliarios, profesionalizados que sirvan para mejorar la calidad de vida de quien los demanda. Vayamos haciendo camino, que para allá vamos.

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