El daño físico de la soledad

El daño físico de la soledad

La soledad se asocia a problemas de corazón.
Causa los mismos problemas de salud que la ansiedad y el estrés en el trabajo

ALICIA BONILLA – MADRID

La soledad es la carencia voluntaria o involuntaria de compañía, así como el sentimiento de pesar y melancolía que se experimenta por la ausencia de alguien. A la palabra soledad le acompañan muchos sentimientos negativos, pero además de ser dañina para la salud mental, también es perjudicial para la salud física, según un reciente estudio publicado por la revista Heart.

Este análisis realizado por investigadores del Instituto para el Envejecimiento de la Universidad de Newcastle y miembros del Departamento de Salud y Ciencias de la Universidad de York (Reino Unido), establece que la soledad y el aislamiento social están relacionados con el incremento del riesgo de sufrir ictus o un ataque al corazón, en concreto, el peligro aumenta un 30%. Incluso, la magnitud de los efectos de estas emociones negativas es equivalente a los síntomas que se experimentan cuando se sufre de ansiedad o estrés laboral.

Para llegar a estas conclusiones, los investigadores han consultado 16 bases de datos científicas, de las cuales seleccionaron 23 análisis relacionados con la investigación. Este estudio observacional ha involucrado a más de 181.000 adultos, incluidos 4.628 con enfermedades cardiacas (ataques al corazón y de angina de pecho) y 3.002 casos de ictus.

Además, la soledad ya ha sido relacionada en otros estudios anteriores con afecciones como un sistema inmune deprimido o hipertensión. «Se ha demostrado que siguen peor los tratamientos los pacientes con riesgo psicosocial, en estos casos, la adherencia a los tratamientos farmacológicos es significativamente peor», asegura José María Lobos, coordinador del grupo de trabajo de Enfermedades Cardiovasculares de la SEMFYC (Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria). «La percepción que tienen estas personas está alterada debido a ese problema de soledad, esto no les permite tener una referencia en cuanto a cómo perciben la salud las demás personas», aclara.

Sin embargo, los hallazgos respaldan las preocupaciones de los servicios sanitarios sobre la importancia de la necesidad del contacto social para la salud y el bienestar. Por ello, se insiste en que los factores sociales deben ser incluidos en la evaluación médica de los individuos (es decir, evaluar la cantidad y la calidad de las relaciones sociales), en la formación que se le da a los profesionales, en los registros médicos electrónicos y en las recomendaciones que se les ofrece a los pacientes. «Es muy importante, pero no es nuevo, las guías de prevención cardiovascular desde hace tiempo tienen en cuenta otros aspectos de la esfera psicosocial como la depresión, la ansiedad, el estrés en el trabajo, o el estrés en la familia-por ejemplo el paro-«, dice.

Podría mejorar la calidad de vida de los afectados si se incorporan estas directrices y políticas a la prestación de los servicios sanitarios. Según señala el estudio, hospitales y clínicas deberían incluir la evaluación de la integración social y la soledad. También, la orientación de estos esfuerzos hacia la prevención primaria podría reducir importantes costes sanitarios. «Si la persona se siente sola porque no tiene alguien de confianza, entonces el objetivo podría ser encontrar un apoyo para esta persona, ya sea un miembro de la familia o un vecino o incluso un cuidador pagado», explica Nicole Valtorta, una de las autoras del estudio y miembro del Departamento de Salud y Ciencias de la Universidad de York (Reino Unido).

Pero uno de los mayores desafíos será el diseño de intervenciones eficaces para impulsar las relaciones sociales, teniendo en cuenta la tecnología. Los investigadores del estudio plantean una cuestión a la sociedad sobre si las redes sociales contribuyen a combatir la soledad, o por el contrario empeoran sus efectos. Este es un punto significativo, que consideran que debe de ser tenido en cuenta en próximas investigaciones. «Las redes sociales pueden abrir el abanico social de los individuos, pero si se abusa de ellas pueden dar lugar al sedentarismo», afirma Lobos.

Incluso, en otros países de Europa, como es el caso de Reino Unido, se han emprendido varias iniciativas públicas destinadas a reducir el aislamiento social. Aunque los esfuerzos actuales se centran principalmente en los mayores. «En Reino Unido, una de las estrategias actuales es adaptar las intervenciones a las personas, centrándose en la vinculación de las personas que se sienten solas o que están aisladas de sus comunidades locales, a través de la intervención de organizaciones benéficas», explica Valtorta.

Sin embargo, el estudio aclara que la atención a las personas con escasas relaciones sociales, no debe centrarse en grupos específicos de individuos. «Si bien esto parece un enfoque prometedor, pensamos que también sería pertinente pensar en las intervenciones para prevenir la erosión de las relaciones sociales. Es probable que esto implicaría intervenir mucho antes en el ciclo de vida, a través de la promoción de la integración social desde una edad temprana», asegura.

En último lugar el análisis confirma que debido al incremento del aislamiento social y la soledad en Europa y Norteamérica, tanto gobiernos como organizaciones de la salud y profesionales sanitarios deberían poner el foco de atención en estos dos factores, como ya han hecho con el tabaco y las dietas con alto contenido en grasas saturadas. Además, insiste en que hay que incrementar los esfuerzos en prevención e intervención.

www.elmundo.es/salud/2016/05/05/572b2809ca47416f2c8b4592.html