Dormir ocho horas diarias estimula y ayuda al envejecimiento exitoso

Dormir ocho horas diarias estimula y ayuda al envejecimiento exitoso

El sueño es una función fisiológica clave para el cuerpo humano, ya que genera un conjunto de funciones básicas que trabajan sobre el cueropo pero también sobre lo intelectual y la salud mental.

IGNACIO BRUSCO

El envejecimiento exitoso en el adulto es aquel en la que una persona llega a tercera y aún a la cuarta edad (más de ochenta años) con instancias saludables en su vida, siendo óptimas tanto la calidad de vida como la inteligencia, el funcionamiento del cuerpo, el estado de ánimo y la apariencia física.

Además de la base genética con la cual nacemos, y que luego se sigue expresando, existe un conjunto de factores socio-ambientales e individuales que influyen en la expresión de lo que somos o seremos a lo largo de nuestro envejecimiento. Uno de estos factores, hasta hace unos pocos años olvidado, es el sueño: el sueño representa un tercio de nuestra vida. Si viviéramos noventa años, entonces aproximadamente treinta lo habríamos pasado durmiendo, siendo solo durante sesenta años conscientes de nuestra propia existencia. El sueño no es entonces un factor que se deba olvidar, porque es una función fisiológica clave para el cuerpo humano, ya que genera un conjunto de funciones básicas que trabajan sobre el cuerpo pero también sobre lo intelectual y la salud mental.

El sueño tiene etapas muy disímiles en las cuales se suceden distintas funciones. Estas etapas son ciclos que se repiten entre cuatro y seis veces durante cada noche; cada uno de ellos está compuesto a su vez por cinco etapas, denominadas de la primera hasta la cuarta según su número, y la quinta “sueño de movimientos oculares rápidos” (MOR). Aunque parezca que el sueño es una actividad pasiva en la cual el cerebro se desactiva ésto no sucede así puesto que, si bien existen partes del sueño en que el cerebro funciona menos que en la vigilia, tenemos otros períodos en los cuales se produce mayor consumo de glucosa, lo cual muestra que el cerebro se encuentra hiperfuncionante. Se cree que momento del sueño con más actividad es el de movimientos oculares rápidos, durante el cual tenemos sueños vívidos y se produce el borrado de la memoria que no debería acumularse y se conserva lo que debemos recordar.

El aumento del metabolismo muestra que el cerebro está trabajando y desarrollando muchas funciones. Sin embargo, durante el sueño hipometabólico podría pensarse que son pocas las funciones activas, pero es en ese momento (denominado “sueño lento”) es cuando se producen algunas actividades hormonales claves, entre ellas el aumento de la secreción de somatotrofina u hormona de crecimiento, que ayuda a crecer a niños y jóvenes, pero además genera trofismo sobre los tejidos corporales, tales como el cerebro, el músculo y los huesos: tres de los elementos más sensibles al envejecimiento.

Ahora ¿por qué no dar esta hormona a las personas mayores? Aunque se ha pensado e intentado, se sabe que tiene muchos efectos secundarios, entre ellos el aumento del tamaño del músculo cardíaco. No es para nada aconsejable darlo como tratamiento.

Aun así, el sueño lento está muy presente en las personas jóvenes y hace dormir mucho y profundo a los adolescentes (duermen mucho y les cuesta despertarse), al mismo tiempo que crecen. Pero en la vejez esta hormona disminuye su secreción al mismo tiempo que disminuye el porcentaje de nuestro sueño lento hasta casi desaparecer. También en ese momento decrece otra hormona que induce al sueño y que aumenta el sueño lento, que es la melatonina (en la tercera edad se suele dormir poco y mal), pues cuando tenemos una buena secreción de melatonina se incrementa el sueño y fundamentalmente el porcentaje de sueño lento. Esto puede ser una gran explicación de parte del proceso de envejecimiento: allí el sueño lento tiene poca presencia. Es en este momento en el cual además las funciones tróficas se ven afectadas progresivamente.

La melatonina aumenta la cantidad de sueño lento asemejándolo al sueño joven, mejorando la calidad tanto del sueño como de la vigilia. El sueño es un proceso que debe pensarse como parte de un ritmo, que es el de sueño y vigilia. Podría sugerir además que el aumento del sueño lento pueda llegar a dejar mayor espacio para que se genere la hormona de crecimiento pero lo que sí es seguro es que la buena calidad de sueño va acorde a una vida sana y en contra de los procesos de envejecimiento. Se debe buscar y restablecer en lo posible nuestro sueño juvenil y dormir las ocho horas necesarias para que esos ciclos del sueño sean los suficientes para estimular nuestro cuerpo y nuestro cerebro permanezcan jóvenes.

*Doctor en Medicina. Presidente Fundación Humanas. Investigador del Conicet.

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