El dominó y la Nintendo

El dominó y la Nintendo

La moda de los juegos para ejercitar la mente introdujo hace unos años a muchas personas de edad avanzada en el mundo de la tecnología. Desde entonces, la oferta no ha hecho más que aumentar y diversificarse. Esta estimulación mental se considera positiva

Texto de Carmen Giró

Fernando, Paco y Manuel están en el centro de jubilados. Acaban la partida de dominó y desenfundan la Nintendo para jugar a un programa de brain training (entrenamiento intelectual). Luego, Paco, en la residencia, jugará al ajedrez on line con un nieto que vive a 500 kilómetros.

La estimulación mental y física que facilitan las actividades tecnológicas y los juegos virtuales ayuda a las personas de más edad a mantenerse activas y a disfrutar. La psicóloga Sara Doménech, investigadora del Instituto del Envejecimiento de la Universitat Autònoma de Barcelona, explica que los juegos para estimular la mente, como las consolas virtuales, programas de brain training o juegos de la Wii, conviven perfectamente con los entretenimientos más clásicos, como el dominó o los crucigramas. “Ambos son complementarios. Lo importante es estar activos mentalmente. Pero teniendo en cuenta que las tecnologías están cada vez más presentes en nuestra vida, es otra manera de estimular nuestra mente. Además, suele ser un desafío para las personas mayores, ya que no están familiarizadas con las nuevas tecnologías”, señala.

Hace unos años se pusieron de moda los juegos para estimular la mente. Y se han sumado otros para aprender idiomas, experimentar con el 3D, hacer dibujos… Se usan tanto en el ámbito privado como por instituciones y cuidadores profesionales, porque se consideran efectivos como juegos cognitivos y para ayudar a hacer ejercicio en casa (como algunos tipo Wii).

Rocío Zaragoza, pedagoga del Instituto Tecnológico del Juguete (AIJU), con sede en Ibi (Alicante), asegura: “Los programas de ordenador como Smart Brain o Gradior han sido aplicados y continúan aplicándose al cuidado y el entrenamiento de funciones cognitivas o al entrenamiento y el apoyo de sus cuidadores. Estos programas contienen ejercicios terapéuticos para la estimulación cognitiva y se emplean en muchos centros especializados”. En AIJU se investiga y se crea juegos y programas socioeducativos que sirvan para las personas de más edad.

Un factor que ha contribuido a la propagación de estos estimuladores mentales es que no se viven como una terapia sino como un juego. Rocío Zaragoza explica que los beneficios aportados por la actividad lúdica a través de la tecnología mejoran la calidad de vida. “Se promueve la salud, la autonomía a través de la mejora de las condiciones físicas y psicológicas, y se crean nuevas oportunidades para el aprendizaje. El juego favorece la consolidación de redes sociales, la comunicación y el contacto intergeneracional”.

Este último punto es importante, porque a menudo se cree que favorecer el contacto de las personas de más edad con las tecnologías es la panacea, olvidando que todas las personas necesitan tener relaciones sociales satisfactorias y que, con los años, es posible que estas sean más escasas. Doménech explica: “Es importante poder alternar estas actividades tecnológicas con otras más sociales, pues algunos estudios demuestran que la ausencia de compromisos sociales anticipa un deterioro cognitivo”.

La demógrafa Rosa Gómez-Redondo, profesora de la facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad a Distancia (UNED) en Madrid, reconoce que la tecnología puede tener efectos beneficiosos, pero es crítica. “Muchos estudios –apunta– han demostrado la relación entre la implicación social y la salud en la vejez. ¿Podemos considerar los juegos de consola como un novedoso instrumento de bienestar para el anciano? Es posible que sean un instrumento estimulante que ejercite su mente, pero no aumentará su calidad de vida en idéntica medida que lo lograrían las tradicionales partidas de dominó o de cartas con vecinos, familiares o amigos, que le mantienen integrado en la red social, salvándole de la soledad y la exclusión, detonantes de la desmotivación y la depresión que, estos sí, son el mejor caldo de cultivo del deterioro cognitivo”.

“Las consolas –subraya– pueden ser positivas, pero no dejan de ser un sustitutivo de los vecinos, amigos o familiares”. Coincide con esta demógrafa la gerontóloga santanderina Lourdes Bermejo, que trabaja desde hace años en España y América Latina en la intervención con jubilados, con actividades socioeducativas y estimulación. “Frecuentemente se ha utilizado el término estimulación con un significado muy centrado en lo cognitivo, en mantener las capacidades intelectuales –asegura–. Yo creo que debe ser más integral, que abarque todas las dimensiones de la persona, ayudándole a que mantenga toda su activación personal, en relaciones, actividades, afectos, tareas… Uno está estimulado cuando tiene un proyecto de vida: personas a quienes querer y por quienes ser querida, ilusiones, deseos, gustos, cosas que hacer”.

No todas las personas son iguales ni les interesa lo mismo. “Se puede ser activo de muy diferentes maneras. No deben imponerse modelos. Cada cual debe envejecer como ha vivido, de acuerdo con sus criterios, preferencias, valores y expectativas”, dice Bermejo. Un ejemplo muy estudiado es lo que ocurre con las personas que han vivido en un medio rural y que, al ser dependientes, han tenido que trasladarse con familiares a una ciudad o a un geriátrico. Sus intereses, su manera de ver la vida y de concebir las relaciones son diferentes de quien ha vivido siempre en una ciudad.

Tere Vida, de la consultoría de juegos Marinva, recuerda unos talleres en bibliotecas de Barcelona para que gente de más edad trabajara la memoria con recursos on line. “El juego, en cualquier formato, es útil para entrenar nuestro cerebro, pero en el juego tecnológico las posibilidades de acceso, adecuación y personalización son inmensas. El ordenador, el teléfono móvil o la videoconsola se pueden convertir en nuestro entrenador personal”, señala. Según ella, es recomendable detectar el tipo de olvido, por ejemplo, que se tiene porque, según cada caso, “hay unas habilidades que convendría ejercitar más”.

Actividades de ocio y cotidianas

Cualquier actividad que implique un esfuerzo o actividad mental es útil para mantener una buena salud cognitiva, explica Sara Doménech. “Puede ser participar en actividades de ocio (juegos de cartas, dominó…) o realizar actividades cotidianas como preparar una comida para varias personas (ejercita la planificación, la atención, la memoria, el cálculo…)”. Lourdes Bermejo explica: “Estar estimulado es hacer actividades, pero no cualquiera, sino aquellas con un valor o un significado. La estimulación, sea leer un periódico, aprender en el ordenador, clases de idiomas o reunirse con los amigos, debe ayudar a vivir, disfrutar y sentirse capaz. Cualquier actividad que suponga un esfuerzo intelectual puede ser estimulante, y si ayuda a enriquecer la forma de pensar o establecer nuevas relaciones, mejor”. Muchas cosas pueden estimular la mente: juegos tecnológicos, sopas de letras, crucigramas, listas de palabras; las fotografías personales favorecen el recuerdo; usar estrategias de memorización y agendas, libros de notas… ayuda a la memoria; bailar, ver exposiciones, viajes… todo es estimulante y placentero.

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