La artrosis requiere una escala progresiva para su diagnóstico

La artrosis requiere una escala progresiva para su diagnóstico

La artrosis, que debe ser sospechada por el médico de atención primaria, se diagnostica mediante los datos clínicos, de laboratorio y radiológicos. No obstante, existen síntomas que obligan a plantear un diagnóstico diferencial por parte de otros especial

ESTER CRESPO

El diagnóstico de la artrosis en atención primaria se basa en la observación directa de los pacientes por medio de la anamnesis, la exploración física y los reconocimientos complementarios. En este contexto, Diario Médico, junto con Bioibérica Farma, impulsa el programa Artrosis Integral para centrar la atención sobre el peso de esta enfermedad en la sociedad.

En la anamnesis es importante tener en cuenta la edad de aparición y las características del dolor, ya que la frecuencia de la artrosis aumenta con
la edad, y el síntoma más característico es el dolor de comienzo insidioso, con una intensidad de ligera a moderada en las fases tempranas de la enfermedad, explica Ricardo Ruiz de Adana, médico de atención primaria del centro de salud de Segre, en Madrid, quien apunta que también es esencial que el médico tenga en cuenta la presencia de rigidez y las características que la rodean.

El profesional recoge información sobre el paciente, en la que deben estar presentes los antecedentes familiares, los factores de riesgo y las enfermedades asociadas, como el sobrepeso articular o las artropatías inflamatorias, además de ser importante la articulación implicada. «La artrosis afecta con mayor frecuencia a articulaciones interfalángicas distales, interfalángicas proximales y a la primera articulación metacarpofalángica de la mano, rodilla, cadera y columna vertebral», señala Ruiz de Adana.

Exploración física

El siguiente paso en el diagnóstico es la exploración física general, en la que es importante determinar el peso y el índice de masa corporal del paciente. Los hallazgos físicos que los profesionales esperan encontrar, según el especialista, son un aumento de la sensibilidad dolorosa en la palpación de la línea articular, dolor en la movilización pasiva e incremento del tamaño de la articulación con prominencias óseas.

«En fases avanzadas, la progresiva destrucción del cartílago, el derrame articular y colapso del hueso subcondral contribuyen a una deformidad irreversible y a subluxaciones. Los signos inflamatorios pueden aparecer cuando la destrucción articular está muy evolucionada y también en brotes inflamatorios de la enfermedad», afirma Ruiz de Adana.

Técnicas de diagnóstico

La radiografía simple, continúa el especialista, se debe aplicar en la evaluación inicial para ayudar a confirmar el diagnóstico de la artrosis moderada-avanzada, y puede ayudar a elaborar el diagnóstico diferencial, algo que también se puede conseguir con la gammagrafía ósea. No obstante, la radiografía es poco sensible en la detección temprana de la enfermedad y además existe poca correlación clínica radiológica.

Por su parte, la resonancia magnética o la tomografía axial computarizada sí son más sensibles en la detección de cambios en la artrosis, pero en atención primaria no está indicada su realización de forma habitual. «Se utiliza la resonancia, después de la radiografía, para descartar otras etiologías de dolor en la cadera o en la rodilla, y en la artrosis de columna vertebral con déficit neurológico».

Otra técnica es la ecografía. Sensible, barata, rápida e inocua, pero que cuenta con limitación en la visualización más allá de la cortical ósea, por lo que no es electiva en la evaluación del hueso y no permite sustituir a la radiología simple, apunta Ruiz de Adana, quien añade que la fiabilidad de los resultados depende en gran medida del entrenamiento del profesional que la realiza. Si se practica por médicos adecuadamente preparados, la ecografía permite una evaluación de la afección intraarticular y periarticular.

Derivar a otro especialista

Ruiz de Adana cree que el paciente debe ser atendido por el reumatólogo cuando existen dudas diagnósticas, síntomas que no responden al tratamiento médico, determinados casos de artrosis secundaria, artrosis antes de los 40 años de etiología no filiada, necesidad de realizar artrocentesis, o evaluar la necesidad de cirugía, entre otros aspectos.

También se debe derivar a rehabilitación y fisioterapia para adoptar las medidas rehabilitadoras y ortopédicas necesarias para la mejoría sintomática y funcional del paciente.

Por último, Ruiz de Adana recalca la importancia de hacer un seguimiento adecuado, en concreto una visita anual del paciente, salvo que la evolución plantee un seguimiento mayor. «En las sucesivas visitas hay que estar atentos a la aparición de posibles síntomas que no sean atribuibles a la propia evolución de la artrosis».

AUGE DE LA ARTROSCOPIA

La artroscopia, según explica Ricardo Ruiz de Adana, está jugando un papel cada vez más importante, tanto en el diagnóstico como en el tratamiento de la artrosis, y especialmente en la artrosis de rodilla. En concreto, las posibilidades diagnósticas de la artroscopia en este tipo de artrosis permiten detectar lesiones precoces, que no tienen manifestación evidente en la radiografía simple.
«El sencillo lavado mecánico con solución normal de cloruro de sodio, por probable arrastre de detritus, restos cartilaginosos, enzimas proteolíticas, etc., da un alivio a veces duradero que nos permite postergar un procedimiento quirúrgico mayor», añade el especialista.

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