40 planteamientos que debes hacerte en tu vida para que no quiebre tu salud mental. – Solidaridad Intergeneracional
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40 planteamientos que debes hacerte en tu vida para que no quiebre tu salud mental.

40 planteamientos que debes hacerte en tu vida para que no quiebre tu salud mental.

Principales razones por las que la mayoría de las personas busca excusas para no ir a un psicólogo.

L. Peraita

Parece que la sociedad, aunque aún poco a poco, pierde el miedo a hablar de salud mental como un efecto secundario del Covid 19. Se trata de uno de los pilares para el buen desarrollo de la persona pero, como aseguran los expertos, no siempre depende de uno mismo puesto que existen factores genéticos y otros sobrevenidos, que pueden jugarnos malas pasadas.

Partiendo de que la vida no es sencilla para nadie y que toda persona tendrá deslealtades, traumas, pérdidas, desengaños, etc., etc., Javier Urra, Doctor en psicología y director clínico de RecUrra, apunta desde su experiencia clínica la importancia de tener en cuenta una serie de planteamientos para favorecer la resiliencia y un posicionamiento vital lejano a la quiebra de la salud mental. Son estos:

1) Disponer de un hogar donde reine el amor.

2) Transmitir seguridad.

3) Un correcto vínculo y apego.

4) Un sentido del humor que se convierta en hábito.

5) Socialización con otros niños adolescentes y jóvenes (emocionalmente

sanos).

6) Practicar deporte.

7) Tener contacto con la naturaleza.

8) Fortalecer el carácter.

9) Manejo de la incertidumbre y de la duda.

10) No pedirle a la vida más de lo que la vida puede dar.

11) Perdonar, perdonarse y dejarse perdonar.

12) Erradicar los atajos existenciales como el alcohol y otras drogas.

13) Valorar lo humilde, lo sencillo, lo bien hecho.

14) Motivar y desarrollar la vocación.

15) Tener confianza para expresar el sufrimiento.

16) Anteponer el tú.

17) Alcanzar la flexibilidad cognitiva.

18) Enriquecer el lenguaje. El diálogo.

19) Cuidar el autodiálogo.

20) Posicionarse desde una valoración positiva de las intenciones ajenas.

21) Tener capacidad para priorizar.

22) Valorar lo esencial.

23) Relativizar.

24) Alcanzar el autodominio aceptando la frustración y el diferir gratificaciones.

25) Realizarse preguntas pertinentes aunque no siempre tengan respuesta.

26) Entender que somos seres también espirituales.

27) Conocer la realidad tan diversa como compleja.

28) Aceptar que a veces se precisa ayuda de profesionales.

29) No adoptar el papel crónico de víctima o perjudicado.

30) Esforzarse en favor del optimismo y de la esperanza.

31) Entender que somos el niño que fuimos.

32) Valorar la compasión.

33) Comprometerse.

34) Dar lo mejor de uno mismo.

35) Asumir las limitaciones (también la edad).

36) Proyectarse al futuro, aun cuando quede poco para vivir.

37) Plantearse para quién se ha vivido.

38) Dilucidar si es mejor ser querido, o tener capacidad para amar.

39) Ante situaciones de la vida que es injusta, como nacer con discapacidad

o sufrir un accidente, no quedarse en el por qué, sino en el para qué.

40) Saberse único pero absolutamente unido a los demás y para los demás.

No obstante, los expertos en psicología señalan la importancia de solicitar ayuda cuando uno perciben que en el interior de su cabeza las cosas no van bien y afectan a una, varias o todas las facetas de la vida: la personal, la familiar, la laboral, social… Coinciden al apuntar que cuando se es pequeño es fácil pedir apoyo ante un problema sea del calibre que sea. Sin embargo, según avanzamos en edad la petición de este auxilio se vuelve progresivamente más complicada.

Esto sucede, tal y como advierten desde TherapyChat, en gran parte determinado por la sociedad. «Nos han enseñado que ser adulto implica ser independiente y resolver los problemas por nuestra cuenta y sin ayuda de nadie. Es decir, buscar ayuda resulta casi vergonzoso porque significa que no hemos sido capaces de enfrentar por nosotros mismos una determinada circunstancia o que no somos lo suficientemente inteligentes, competentes o fuertes para ello».

También apuntan que hay muchas personas que evitan ir al psicólogo por asegurar que no disponen de medios económicos suficientes o del tiempo necesario para asistir a una terapia. «Sin embargo, incluso en estos casos, la falta de recursos puede ser sólo la punta del iceberg bajo la que se esconde un gran miedo a mostrarse débil o una profunda vergüenza a exponer su vida íntima a un desconocido. Esto les sucede a menudo a personas que tienen una adicción, sufren depresión o poseen una baja autoestima. Les cuesta hablar sobre sus problemas y mostrar su ‘yo’ más íntimo porque, además de sentir vergüenza, creen que nadie será capaz de comprender toda la carga que llevan sobre sus hombros», reconocen.

Cómo reconocer si se necesita apoyo psicológico

Este equipo profesional matiza que tener un problema psicológico y ser conscientes de que necesitamos ayuda para solucionarlo es en muchas ocasiones mucho más difícil de lo que imaginamos. Por este motivo, señalan algunas de las claves para reconocer si estamos faltos de esta ayuda profesional:

Presta atención a los señales psicológicas

La mayoría de las personas reconocen con facilidad los signos de la depresión severa o el estrés postraumático, ya que en estos casos la angustia y el sufrimiento son obvios. Sin embargo, antes de llegar a ese punto, existen algunas señales que también pueden alertarnos del inicio de un trastorno emocional pero, al ser estas más sutiles y difíciles de identificar, nos llevan a creer que se trata de un estado pasajero y, por ello, no le concedemos demasiada importancia. Es fundamental que prestes atención a lo que sucede en tu mundo interior y te centres en cómo te sientes, la manera en la que te relacionas con los demás y tu forma de ver el mundo.

Atención a los signos de alarma físicos

A veces, el dolor de cabeza, los problemas gastrointestinales o las lesiones en la piel pueden estar ocasionados por una alteración psicológica. Y muchas personas lo desconocen. La sobrecarga emocional o trastornos como la ansiedad o la depresión pueden reflejarse en tu cuerpo. Es lo que se conoce como enfermedades psicosomáticas y no son más que una señal de alarma de que algo no va bien en tu interior.

Valora tu capacidad para resolver tus problemas

Valorar tu propia capacidad para resolver los problemas de la vida cotidiana te ayudará a reconocer si necesitas ayuda o no. Tú eres el que mejor conoce tus propias capacidades y puntos fuertes, así como tus limitaciones. Si notas que ciertas tareas o actividades a las que sueles enfrentarte comienzan a volverse cada vez más complicadas para ti, hasta el punto de no sentirte capaz de resolverlas o de llevarlas a cabo, podría ser el momento de plantearte acudir a un profesional de la Psicología que te guíe y pueda brindarte los recursos que necesitas.

Analiza la evolución de los síntomas

Todos hemos estado tristes en alguna ocasión, hemos tenido que hacer frente al estrés o lidiar con la ansiedad mientras esperamos una noticia importante. En estos casos, lo más habitual es que el malestar y la angustia que experimentamos vayan cediendo con el paso de las horas o los días. Sin embargo, hay ocasiones en las que los síntomas, en lugar de disminuir con el paso del tiempo, se acrecientan. Si es tu caso, es probable que el problema que se oculta tras esos signos esté cobrando fuerza, por lo que sería conveniente valorar ir a consulta.

Evalúa el impacto de los problemas emocionales en todas las esferas de tu vida

Hay quienes creen que los síntomas psicológicos que experimentan no son para tanto y que, antes o después, terminarán desapareciendo igual que llegaron. Sin embargo, esto no siempre es así. En muchos casos, los síntomas crecen y, además de generar un profundo malestar, pueden comenzar a afectar el desempeño en las diferentes áreas de la vida. Por tanto, si notas que los problemas que llevas sobre tus hombros están afectando tu productividad en el trabajo, tu relación de pareja, la manera en la que educas a tus hijos o en cómo te sientes para afrontar el día, quizá deberías buscar los servicios de un especialista.

Cuidar la infancia

No obstante, y para tener una buena salud mental, María Delgado, coordinadora de Bienestar del Colegio Europeo de Madrid, añade la importancia de prestar especial atención a la salud mental en una de las etapas más significativas de nuestra vida y que marcará el resto de esta: la infancia.

Explica que la mayor parte de los padres se preocupan por la salud física de los niños, que tengan buena actividad física, que practiquen deporte, que no caigan enfermos, coman bien… «Pero, ¿somos realmente conscientes de la importancia de la salud mental en la infancia?», se cuestiona.

Advierte que no podemos olvidar que en los últimos años hemos vivido algo muy poco común como ha sido la crisis sanitaria provocada por el Covid-19 y que ha provocado que en la actualidad hay más niños y adolescentes con más ansiedad, síntomas depresivos, autolesiones y conductas suicidas, según un estudio de la Asociación Española de Pediatría, la Sociedad Española de Urgencias Pediátricas y la Sociedad Española de Pediatría Social.

Por este motivo, para que un niño crezca sano y feliz, asegura que desde pequeños deben saber identificar sus emociones, tanto la alegría como la tristeza, para que mostrarlas y hablar de ellas no suponga ningún problema. «También se debe fomentar en ellos valores como la empatía, que les ayudará a fortalecer su personalidad y mejorar su autoestima, además de hacer que, siendo capaces de ponerse en el lugar de los demás y entender las preocupaciones de otros, mantengan unas relaciones sociales mucho más sanas y sólidas».

Para lograrlo propone que los adultos sepamos escucharles, que hablemos con ellos sobre aquellas cosas que les preocupan, les expliquemos cualquier situación desde un punto de vista positivo y que nos mostremos cariñosos y afectivos. «Debemos ofrecerles confianza en nosotros para que, al mismo tiempo, consigan confiar también con ellos mismos. Todo esto siempre desde la calma, sin perder la paciencia y dándole la importancia que merecen sus preocupaciones, miedos e ilusiones. Pero eso sí —matiza— sin olvidarnos de poner límites y de explicarles cuándo las cosas no están bien y por qué no deben ser así».

Pero, ¿qué ocurre si un hijo manifiesta alguna conducta fuera de lo común o sospechamos que pueda estar padeciendo algún problema de salud mental? En su opinión, lo más importante es que los padres sean capaces de detectarlo y, sobre todo, asumirlo sin miedo. «Muchas veces, los adultos cometemos el error de pensar que algo así no les está pasando a nuestros hijos y eso nos lleva a dejar que pase demasiado tiempo y no actuar cuando es necesario».

El primer paso consiste en analizar los posibles motivos: desde haber vivido una situación traumática como la separación de los padres, una pérdida significativa o, incluso, ser víctima de acoso escolar. «Normalmente, las consecuencias de estos traumas se manifiestan visiblemente, aunque pueden darse de muchas formas: pérdida de apetito, cambios bruscos de humor, pérdida de sueño, llamadas de atención constantes, tristeza, dejar de relacionarse socialmente en el círculo familiar o de amistades… Cuando esto ocurra —prosigue María Delgado— deberemos hablar con nuestros hijos para intentar saber qué es realmente lo que les pasa y qué es lo que causa esto. Si vemos que hay una solución a nuestro alcance, podremos intentar solventarla y, por supuesto, deberemos trasladar esto al equipo docente con el que nuestros hijos están cada día para que puedan ayudarnos a mejorar la situación. En muchos casos, será necesario acudir a un especialista y aquí será igual de importante que padres, psicólogos y profesores trabajen juntos y de la mano para conseguir una solución eficaz cuanto antes. Lo que está claro es que la salud mental es esencial y debemos cuidarla desde el inicio de nuestras vidas».



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